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¿Por qué los británicos se avergüenzan de los condones?

¿Por qué los británicos se avergüenzan de los condones? AP

Un nuevo restaurante que promociona el sexo seguro y el uso de preservativos abrió en Reino Unido, pero muchas personas todavía se avergüenzan de comprarlos. ¿Por qué?

Cabbages and Condoms (Repollos y condones) es un restaurante tailandés que ofrece comida y métodos anticonceptivos. El nombre lo dice todo.

Los clientes reciben los condones al final de la cena en lugar de las clásicas mentas y el local está cubierto de ellos. Literalmente. Las luces y las paredes están adornadas con preservativos. Hasta las piezas de arte están hechas con ellos. Las ganancias del restaurante se destinan a programas de educación sexual y prevención del sida en Tailandia.

El primer local abierto fuera del país se encuentra en Bicester, una localidad de la región de Oxfordshire, en el sureste de Inglaterra. De todos los lugares del mundo, no es una opción obvia. Según organizaciones sobre educación sexual, muchas personas en Reino Unido todavía se avergüenzan de comprar condones en público y no pueden hablar de sexo "en una forma normal".

¿Por qué incomodan los condones?
La británica es una sociedad sexualizada. Las tiendas para adultos pueden encontrarse en varias calles principales y en cualquier farmacia se pueden comprar preservativos y lubricantes de cualquier sabor, textura y olor. Pero un sondeo de Fusion Condoms encontró que al 56% de las personas encuestadas le avergonzaba comprar condones (54% de los hombres y 57% de las mujeres).
Las organizaciones sobre salud sexual están de acuerdo con el hecho de que para muchas personas es un problema.  "Todavía somos muy británicos sobre el sexo y los condones, mucha gente encuentra más fácil tener sexo que hablar de sexo", dice Genevieve Edwards, directora ejecutiva sobre salud de la organización Terrence Higgins Trust. "Es un problema en toda la población, no cambia en función del sexo ni la edad. Comprar condones es una declaración pública de que uno quiere sexo y mucha gente no se siente cómoda con eso", agrega.

James, de 48 años, es una exitoso empresario, pero todavía se siente incómodo comprándolos. "Digamos que las máquinas de autoservicio hicieron la vida mucho menos estresante", dice. "Siempre las voy a usar antes que enfrentarme a una persona. Creo que mi inquietud es algo que viene desde la juventud".

Ventaja para internet
El factor vergüenza ha ayudado a los vendedores en internet. En los cuatros años que lleva mycondom.co.uk, sus ventas se han incrementado cada mes.
Pero los clientes todavía demandan discreción. Esto se debe a varias razones, y la vergüenza es una de ellas, dice el director Alex Green.

"Vendemos muchos condones pequeños y es evidente por qué alguien no querría comprarlos en una tienda". "Incluso en internet la gente se preocupa por evitar avergonzarse. Recibimos muchas consultas sobre nuestro empaquetado, algunos clientes incluso piden fotos de cómo será enviado su pedido". "Usamos un empaquetado sencillo porque la gente deja en claro que no quiere algo que haga publicidad a lo que hay dentro. También recibimos consultas sobre si el nombre de la compañía va a aparecer en la cuenta de la tarjeta", explica Green.

Los británicos tienen una "extraña gama" de actitudes con respecto a los preservativos: desde el absoluto descaro hasta la plena vergüenza, dice el psicoterapeuta Philip Hodson, de la Asociación Británica para el Asesoramiento y la Psicoterapia (British Association for Counselling and Psychotherapy). "Comprar condones significa ser absolutamente explícito sobre algo de lo que mucha gente quiere ser implícito. Uno tiene que admitir que planea tener sexo o quiere tenerlo".

Philip Hodson, Asociación Británica para el Asesoramiento y la Psicoterapia
Sin importar la edad, la gente también tiene problemas de hablar sobre su uso, de acuerdo a la Asociación de Planificación Familiar (Family Planning Association, FPA).

Sus cifras muestran que el 61% de la gente encuentra difícil hablar sobre condones con una nueva pareja. De ellos, el 70% lo hallan vergonzoso y 36% asegura que los hace menos probable de usar uno. Profesionales de la salud aseguran que la mejor manera de superar esto es mejorar la educación sexual en las escuelas. Mientras algunas escuelas están haciendo un buen trabajo, otras no, y esto significa que obtienen la información en el patio o en internet.
"Todos conocemos la calidad de esa información", dice Edwards.

Hodson dice que los preservativos sólo son una parte de lo que se les debe enseñar a los jóvenes. "Tienen que estar a gusto al tratar con ellos, pero también se les tiene que enseñar que el sexo es poderoso y puede ser algo abrumador y tienen que pensar qué están haciendo. También debemos enseñarle a los padres cómo hablarle a sus hijos de sexo".
En broma
En otros países, como Holanda, dice, se puede hablar de sexo a los menores en una forma natural. Katherine, de 17 años, dice que los adolescentes hablan de condones pero casi siempre en broma.

"Hay más chances de que me golpeen con un preservativo lleno de agua o que peguen uno en una tarjeta de cumpleaños, que tener una conversación en serio sobre ellos". "Si necesitas uno, le pides a un amiga cercana, no los compras regularmente. Nos dan muchos gratis en charlas sobre sexo. Nos ahorra la vergüenza y el dinero".

Según la encuesta de Fusion, las personas de entre 16 y 19 años son las que más se avergüenzan de comprarlos (65%), algo que también le ocurre al 57% de los de entre 20 y 30 años y a la mitad de los mayores de 31. Esto muestra que la gente de todas las edades necesita apoyo, dice la Dra Audrey Simpson, de la FPA.

"El problema es que estamos preocupados por el comportamiento sexual de los jóvenes y, consiguientemente, los treintañeros son una generación olvidada en salud sexual", dice. "Recibieron poca educación sexual en la escuela pero crecieron en una sociedad cada vez más sexualizada. Tuvieron que encontrar la confianza en sí mismos para hablar sobre preservativos y aprender de la manera dura". "No es sorprendente que la gente pueda encontrar más fácil no usar un condón que torturarse teniendo que hablar sobre algo que los incomoda". Al menos en Bicester, la vergüenza no ha impedido que la gente coma en el nuevo restaurante.                                                              

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