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En Colombia sí se muere de amor

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En Colombia sí se muere de amor Foto: Ingimage

344 personas se quitaron la vida el 2013 por causas relacionadas con el amor y las relaciones de pareja. Hablamos con dos expertos para entender el por qué de estas cifras tan significativas sobre el cómo enfrentamos las decepciones y pérdidas.

El Instituto Nacional de Medicina Legal revela en su informe Forensis que durante 2013, 1.810 personas en Colombia se quitaron la vida. De estos, el estudio establece que cuatro de cada diez lo hicieron por causas amorosas.

Los celos, la desconfianza y la inseguridad con la pareja provocaron 253 suicidios el año pasado. El desamor se saldó con 91. Es decir, en total fueron 344 personas las que pusieron fin a su vida debido a los desequilibrios  y el sufrimiento generados por su forma de gestionar el amor.

Según la Organización Mundial de la Salud, las principales causas detrás del suicidio a nivel mundial se atribuyen a una mala situación económica o al padecimiento de enfermedades terminales y crónicas. Sin embargo, el panorama colombiano contrasta con estos datos. “Estas cifras son el reflejo del inmenso monto de energía emocional que se invierte en este país en la relación de pareja”, considera el siquiatra Daniel Puche.

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Para Puche, el problema parte de una distorsión del amor romántico y exclusivo, con un fuerte sentido de propiedad, una percepción de la que los colombianos no están excentos y que caracteriza a grandes rasgos cómo se conciben en este país las relaciones de pareja. “Es una forma de vivir la experiencia sentimental con niveles de madurez escasos, donde la posesión de la pareja es lo importante para mi felicidad y si no la tengo, pues no vale la pena seguir viviendo”.

“Cuando uno se enamora se altera la conciencia y los pensamientos relacionados con el bienestar y el sufrimiento. Así, aparece por un lado, la obsesión; toda nuestra atención y nuestros pensamientos están dirigidos hacia la persona amada. Por otro, la adicción, es decir,  cada vez necesitamos más del ser que consideramos indispensable para nuestro bienestar. Y, por último, la hipomanía, que provoca que los pensamientos acerca de los obstáculos, inconvenientes que pueda interrumpir la relación rara vez estén presentes. No está en nuestras mentes la idea de que la relación pueda acabarse”, indica el psicólogo clínico Luis Alberto Montejo.

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Si bien nadie está libre de padecer los desequilibrios emocionales que se asocian a las relaciones de pareja o a las rupturas, estos afectan de forma diferente a las personas según la fortaleza de su inteligencia emocional y los condicionantes culturales a las que se está expuesto. Así, resulta necesario “establecer creencias más racionales acerca de lo que es el amor, las variables que pueden hacer que se presenten desengaños, el concepto de fidelidad debe revaluarse”, asegura Montejo.

Para el experto, las creencias como el pensar que la  persona de la cual nos enamoramos es única e irremplazable (lo cual es un signo inequívoco de dependencia), que solo ella puede brindarnos, seguridad y bienestar deben ser replantadas en nuestra educación.  De la misma opinión es Puche, para quien “lo primero es construir una relación con uno mismo sólida y firme, con criterios claros y grados de autonomía y autovaloración elevados. En segundo lugar, tener un propósito y sentido de vida en diversas direcciones donde la relación de pareja sea uno de los pilares, mas no el único, y por último, construir una sólida red de interacciones de alta confianza con quienes contar cuando no funcione la relación de pareja”.

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Para ambos expertos, existen ciertos denominadores comunes que caracterizan a las personas que tienen más propensión a actuar de forma drástica ante las mutabilidades del amor. Los principales indicadores son una alta dependencia en las relaciones de pareja, la idealización excesiva de la persona amada, una inseguridad extrema que se manifiesta en celos enfermizos y una autoestima pobre.

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