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Virginidad, punto G y otras mentiras

Arnoldo Mutis

Virginidad, punto G y otras mentiras

El libro de la vagina, uno de los best sellers del año, descubre que muchas creencias sobre la anatomía femenina que han moldeado a la sociedad y a las mujeres por siglos son un fraude. ¿Qué es verdad y qué es ficción?

Cuando estudiaban medicina, las noruegas Nina Brochmann y Ellen Stokken Dahl prestaron su voluntariado como profesoras de salud sexual en universidades y clínicas. Trajinar con los libros de texto sobre la zona íntima femenina las dejó absortas al constatar que estaban plagados de antiguos errores y omisiones, a pesar de haber sido escritos por médicos. Lo grave era, reflexionaron, que el destino de sus congéneres en todas las culturas había sido influenciado por esos mitos que ellas seguían esparciendo en sus clases. Baste citar la virginidad, por siglos la garantía de honor y pureza para el género femenino, tan poderosa aún como para que exista la himenoplastia, una cirugía muy de moda que supuestamente restaura ese estado.

Las universitarias investigaron y hallaron que no existe la virginidad, al menos bajo las condiciones en que se piensa. Eso se sabe hace rato, anotan las doctoras, pero ha sido borrado o minimizado en los planes de estudio médicos, un trato que también han recibido la verdadera naturaleza del clítoris y, en general, lo potente que es la libido femenina.

Para combatir tanta ignorancia fundaron en 2015 Underlivet, un blog sobre salud sexual femenina para adolescentes que pronto acaparó la atención de mujeres de todas las edades, cuyas preguntas sobre aspectos que debieron aprender en la secundaria evidenciaban, de igual modo, lo poco que las “hijas de Eva” saben de sí mismas. A los dos años, las entradas de Underlivet registraban más de 1,4 millones de lecturas. “Había una necesidad por cubrir”, escriben las médicas en el prólogo de ‘The Wonder Down Under‘, el libro que publicaron en Oslo para continuar con su cometido. “Deseamos que ellas decidan sobre su cuerpo basadas en el conocimiento médico y no en chismes, malentendidos y temores”, puntualizan las expertas.

LA VAGINA Y SUS MITOS

Del impacto del best seller habla el que se haya agotado a los tres días de su aparición en Noruega, a lo que siguió su traducción a 31 idiomas. En español se titula ‘El libro de la vagina‘ y estas son algunas de sus llamativas revelaciones.

Mito: El himen es una membrana que sella la entrada de la vagina y eso determina la virginidad de la mujer.

Falso. Antes que una película tirante, como de plástico transparente que se revienta si la perforan, el himen es “un repliegue membranoso, en forma de anillo, como una corona”, ubicado en la abertura vaginal, de la cual es el punto más estrecho, explica el libro. Es uniforme antes de la adolescencia, cuando adquiere diversas formas. La mayoría de los hímenes son circulares con un agujero en medio, pero los hay, así mismo, con pliegues e irregularidades, lo cual no indica que haya habido relaciones sexuales. También se ven con la forma de una Ø noruega y con varios orificios, en vez de uno en medio. Incluso, el himen puede consistir en una serie de pequeños flecos. Irónicamente, son muy pocos los que cubren del todo la entrada de la vagina, al contrario de lo que se cree comúnmente, y cuando eso sucede la sangre menstrual no puede salir, lo que ocasiona fuertes dolores, remediables solo en el quirófano. Por eso el concepto de la virginidad no tiene asidero físico real, pero cuántas niñas no son intercambiadas en matrimonios arreglados o vendidas de manera infame como mercancía de primera por estar “intactas”.

Mito: El sangrado solo ocurre en la primera relación sexual y comprueba que la mujer era virgen.

Falso. El himen es elástico, pero no tanto como la vagina y eso varía en cada caso. En algunas es tan flexible que no causa ninguna molestia, mientras que otras presentan un desgarro y sangran. Ello también puede suceder en los hímenes con formas determinadas, como la mencionada de Ø, que se rompe para que pueda acceder el pene. Poco menos de la mitad de las mujeres sangran en su coito inicial, pero no es posible establecer si ello es exclusivo del himen, pues la pared vaginal es proclive a pequeñas heridas si sus músculos se tensan mucho por el nerviosismo de las inexpertas, si el sexo es rudo o si no hay la suficiente lubricación, tanto en la primera vez como en muchas otras subsiguientes.

Mito: El clítoris tiene el tamaño de una uva pasa y no es importante.

Falso. Antes que una “pequeña colina”, según su significado en griego, el clítoris es como una montaña de sensaciones placenteras estigmatizadas por la sociedad patriarcal desde tiempos remotos (aún es extirpado en muchas culturas) y subvaloradas por la ciencia médica en el último siglo y medio. Si el clítoris no fuera tan desconocido, quizá las mujeres podrían sentirse orgullosas de él como los hombres de sus genitales. Para empezar, no es tan diminuto, sino que lo que se ve es solo la punta del iceberg de un órgano cuyo tronco se extiende oculto bajo la vulva, donde alcanza de siete a doce centímetros de largo. Este tronco se divide en dos brazos o raíces de tejido eréctil, muy sensible, o sea que cuando hay excitación, la sangre fluye y el clítoris se inflama tanto que puede doblar su tamaño. Eso recuerda el funcionamiento del pene y no es descabellado, ya que tanto este como el clítoris son dos versiones de un mismo órgano. De hecho, y esto también ha pasado inadvertido, las mujeres tienen hasta ocho erecciones mientras duermen, como los hombres.

Mito: El punto G es un misterioso órgano sexual de la mujer, fuente de orgasmos muy intensos y de la eyaculación femenina.

Falso. No se ha hallado evidencia contundente sobre la realidad del punto G. Todo parece indicar que sus supuestos efectos son en realidad obra de la parte escondida del clítoris.

Mito: El orgasmo vaginal es causado por la penetración, es la máxima expresión del desempeño sexual femenino, mientras que el que se logra por estimulación del clítoris es infantil, de segunda categoría.

Falso. La verdad es que no hay tal orgasmo a través de la vagina porque esta carece de sensibilidad. “El placer que la mujer experimenta se debe a que el pene estimula la parte encubierta del clítoris”, explica ‘El libro de la vagina‘. El orgasmo vaginal no es otra cosa que orgasmo por el clítoris, ese poderoso incomprendido que hoy clama justicia.

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