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Malos jefes: ¿Cómo lidiar con ellos sin querer tirar la toalla?

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Malos jefes:  ¿Cómo lidiar con ellos sin querer tirar la toalla?

¡Todo tiene solución! Estos tips te darán una idea más clara de cómo sobrellevar tan incómoda situación.

Si alguien te preguntara cuál es el porcentaje de importancia de las relaciones interpersonales en el trabajo ¿qué responderías? Todas sabemos que llevarnos bien con colegas y otros miembros del espacio en el que pasamos más tiempo que en nuestra propia casa es, por lo menos, un alivio; pues puede ahorrarnos un poco de estrés y energía.

Pero ¿qué pasa cuando la persona con quien no tienes una buena relación es nadie menos que tu jefe? y, sobre todo ¿cómo hacer que la situación mejore cuando intuyes que el problema viene de su parte y no de la tuya?

Si logras identificar y responder correctamente a algunas de sus conductas y, más importante aún, tienes paciencia, habrá armonía en tu vida laboral (o personal, pues si la situación es insostenible puede trasladarse a la vida privada) y renunciar nunca tendrá que ser una opción.

¡Ojo a estos consejos que pueden ser un salvavidas!

Procura no analizarlo (a) demasiado.
¡No insistas! Así como tú eres tú, tu jefe es quien es y nada puedes hacer para cambiarlo. Hay comportamientos tan propios de una persona que son casi imposibles de configurar, y más tiempo vas a perder intentando arreglar lo que está mal. Solo enfócate en las veces en las que se comunican, y asegúrate de que sus charlas sean asertivas.


Aprende a “leerlo” (a).
A veces el núcleo del problema está en que no logras entender completamente sus órdenes o requerimientos en el trabajo. Lo primero que debes hacer, entonces, es descifrar qué es lo que esa persona, que está al mando, espera de ti y cómo le gusta que el trabajo sea hecho. En primera instancia, eso será suficiente para que no necesite darte un jalón de orejas y que las tareas pendientes siempre estén en orden.

 

Respira… No pierdas la calma.
Estar a la defensiva nunca es una opción. Piensa en que todos tenemos un límite, y la oficina no es el mejor lugar para estallar de rabia. Aprovecha para demostrar que eres paciente y que puedes sobrellevar el estrés laboral con madurez.


Fíjate en lo que le hace falta y sé su mano derecha.
Por último, recuerda que tu jefe y tú son un equipo. Si se te facilita cumplir ciertas funciones que a él o a ella no, propón ayudarle para aligerar algunas de sus tareas, todo en pro de sus objetivos laborales. Aunque toma tiempo, también puede ser benéfico para su relación y el ritmo de trabajo será más eficiente.

¡Eso es todo! Nada de estresarte más por la relación con tu jefe que por el trabajo mismo. Disfruta lo que haces y libérate de la rabia y los inconvenientes. Hazte la vida más fácil y brilla por tus virtudes y capacidades.

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