COMENTARIOS

Comida...¿te controla?

Comida...¿te controla? Comida...¿te controla?, foto: Thinkstock

No sufras porque te comiste un pedazo de pizza después de las 9pm. RevistaFucsia.com investigó. Toma nota y prepárate a disfrutar de los placeres de la comida, y más allá, de la vida.

Por RevistaFucsia.com

¿Cómo te sientes hoy?, ¿Qué comiste? Es probable que no puedas dejar de relacionar la respuesta a estas dos preguntas. Muchas de nosotras vivimos con una vaga ansiedad sobre las calorías y otras estamos completamente obsesionadas con la comida, invirtiendo esfuerzos y tiempo innecesarios en este tema. En vez de preocuparte podrías estar leyendo un libro o escribiendo una autobiografía… o simplemente disfrutando la vida. Estás acostumbrada a caminar 40 minutos después de almorzar todos los días, pero sentarte hoy a disfrutar del sol después de haber comido una sopa mexicana no va a hacer que engordes. Sí, las causas de este problema son bastante profundas y personales, pero existen algunas técnicas efectivas que pueden hacer que sintamos que controlamos lo que comemos y no al revés.

Sentimientos guardados
‘Los sentimientos reprimidos son la raíz de una difícil relación con la comida’, afirma Deanne Jade, vocera de la Eating Disorders Foundation. ‘Las mujeres en particular han sido educadas para no tener sentimientos negativos. Desde que somos niñas nos enseñaron que la ira y los celos son poco femeninos y raramente atractivos. Por ello, ¿no es de extrañarse que hayamos dejado salir estos sentimientos al atracarnos con una montaña de galletas, o al contrario, al ‘vaciar’ nuestros cuerpos?’.
Jade sugiere que ponerle nombre a lo que sentimos es el primer paso para reconocer qué es lo que nos pasa, y nos libera de expresarlos a través de la comida. ‘Toma una hoja de papel y a la izquierda pon las horas del día. Cada dos horas haz una pausa en lo que estás haciendo y como te sientes en ese momento. ¿Estás aburrida de tu trabajo?, ¿Celosa de una amiga?, ¿Enojada con tus hijos? La simple acción de nombrar estos sentimientos, especialmente los ‘malos’, puede ser asombrosamente liberador’.

Desafía tu voz interna
Muchas de nosotras tenemos una voz interna que nos castiga y nos lleva a comer de una manera que no corresponde a nuestro apetito o necesidad, pero sí a nuestras emociones. ‘La mayoría de las mujeres oyen varios matices de lo que conocemos como la ‘voz anoréxica’, dice Jade. Puede ser algo tan simple como no comer lácteos ese día para sentirte purificada, o puede ser algo más específico: si comes algo el día de hoy eres un fracaso’.

La clave para controlar tu relación con la comida es desafiar esta voz. La próxima vez que sientas que la ansiedad está fuera de control, enfócate en lo que dice tu voz interna. Tradúcela en palabras. Reconócela. Después silencia esta voz, haciendo uso de argumentos racionales. Por ejemplo, sabes que una porción pequeña de arroz no va a hacerte engordar… unas 120 calorías de carbohidrato al día son más que necesarias. El cuerpo las necesita (las va a gastar, no las va a almacenar). 

Al estar más consciente de tus sentimientos y al entender las razones por las cuales te sientes ansiosa sobre la comida, puedes aprender a ver la comida, no como un enemigo, sino como el combustible vital, y más allá como una fuente de placer y una forma de mimarte (después de haber conseguido ese nuevo cliente, tras una ardua noche de trabajo, te mereces un helado de chocolate, no lo dudes). Además, ese delicioso smoothie de papaya no sólo es bueno para la sed, también para la piel… y ese pedazo de chocolate puede ser un gran antioxidante.

CASOS
-
Carolina, 50 años, casada, con 3 hijos adolescentes. Bastante delgada. ‘En un buen día no como nada’
Perdí peso casi por accidente. Estaba escribiendo un libro y al hacerlo dejé de comer en exceso. La atención que recibí al estar delgada se volvió adictiva y pasé de adelgazar sin poner mucha atención, a literalmente morir de hambre. Un buen día era en el que no comía nada. Si esto no era posible, entonces diluía un jugo de frutas en agua. Mis hijos y amigos me dijeron que me estaba excediendo, pero yo me sentía secretamente complacida cada vez que alguien me decía que estaba muy flaca. Sé que estoy baja de peso y que estoy malnutrida. Mientras que mi esposo come en un plato normal, yo como de un plato de té. Por ahora él es mi apoyo, se asegura que me pese cada 8 días para garantizar que no deje de comer.

Toma el control
Carolina dice que se ha estabilizado pero su realidad con la comida es otra. Al final, su única motivación es su esposo y su fuerza el apoyo que él le da. Esto se traduce en el peligro de que esta relación se vuelva co-dependiente. El día que su esposo no esté, ella recaerá en la misma rutina, y puede ser peor. Un primer paso adecuado puede ser la terapia de grupo.

- Isabel, 40 años, casada con dos hijos pequeños y es una mamá de tiempo completo. Tiene sobrepeso.
Un buen día para mi es cuando la comida parece el menú de un club de dietas: huevo hervido al desayuno, papa al vapor para el almuerzo y atún y ensalada para la comida. En un día como esos voy a la cama por las noches absolutamente tranquila y satisfecha. Esto sucede un día a la semana. El resto del tiempo voy a la cama muy llena y me levanto hinchada. Mi problema es que pienso ‘No hay razón para tratar hoy’, entonces caigo en un círculo vicioso en el que me la paso comiendo tostadas todo el día.

Toma el control
Hay un componente biológico en el desorden alimenticio de Isabel. Este círculo de atracarse/morirse de hambre desordena sus niveles de azúcar en la sangre, lo cual inevitablemente altera sus estados de humor. Ella debe trabajar con un terapeuta para aprender a manejar cómo comer en porciones pequeñas y frecuentemente para no incurrir en exceso al bajar los niveles de azúcar (te sorprendería el poder que esto tiene sobre tu autocontrol). Además, el hecho de comer buenos carbohidratos (por ejemplo un pan de granos enteros) y buenas proteínas (por ejemplo una carne magra, una tajada de jamón de pollo o pavo), en pequeñas porciones varias veces al día puede entrenarla para ver la comida diferente a una experiencia de todo o nada.

- Juana, 29 años, soltera. Trabaja en una firma de Relaciones Públicas.
Mi dieta es baja en carbohidratos y carece de azúcar, carne y lácteos. Si salgo durante el fin de semana, no puedo salir sin mi leche de soya, barras de granola, y pan libre de trigo. No puedo darme el lujo de confiarme en que el hotel o mis amigos me puedan dar lo que necesito para comer. No diría que mi estado emocional depende de lo que como, pero sí mis niveles de estrés. He enloquecido en asados porque no sé si el pollo que me estoy comiendo fue alimentado con maíz orgánico. Así mismo, mis relaciones han sufrido en el pasado porque nunca dejo que mis novios escojan el restaurante al que vamos a cenar. El peso es definitivamente un factor. No puedo pensar en nada peor que estar con sobrepeso. No puedo pensar en la idea de meterme nada a la boca que no sea saludable.

Toma el control
Juana insiste que tiene el control de su dieta pero el estrés crece cuando la situación se le sale de las manos, demostrando que la comida es la que verdaderamente tiene el control sobre ella. Lo ideal es realizar ejercicios que te permitan romper la rutina, puede ser usar el reloj en la otra mano o salir de la casa sin cepillarse el pelo. Lo que esto pretende es enseñarte que de vez en cuando puedes romper reglas y aún así tener el control. Puedes tener rutinas y aún así romperlas sin que sea el final del mundo.

También le puede interesar

COMENTARIOS

Este es un espacio de participación de los usuarios. Las opiniones aquí registradas pertenecen a los internautas y no reflejan la opinión de Publicaciones Semana. Nos reservamos el derecho de eliminar discrecionalmente aquellos que se consideren no pertinentes.
Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.