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Lo bueno, saludable y ecológico atrae la atención del público, marcando la pauta de consumo en muchos paises durante este siglo.

Desde hace unos años, las culturas occidentales se han preocupado por mejorar su calidad de vida, bien sea a través de la alimentación, de la adopción de medicinas alternativas y/o el interés por conocer y aplicar rutinas físicas que les permitan mantenerse en forma.

Todo ello, no es resultado sólo de una “moda verde”, como algunos la han llamado, si no más bien de una preocupación evidente por la salud y el bienestar físico y mental. De allí que como tendencia muchos hayan decidido revisar el pasado y retomar prácticas ancestrales que implican, en el caso de al alimentación y la medicina, dejar de lado la intervención de agentes químicos y tecnológicos.

Hoy, esa visión ha traspasado los ámbitos personales y ha impulsado a las industrias relacionadas con la salud y el bienestar (industria alimenticia, farmacéutica, cosmética), las cuales han decidido dar respuesta a las preguntas actuales. Lo que ha ampliado la oferta alimenticia y ha generado la expansión, en occidente, de prácticas como el yoga, por ejemplo.

La comida orgánica hace parte de ese menú “sano” que hoy invade algunas de las mesas del mundo. Gracias a una dinámica que integra puntos como la conservación del medio ambiente, los sistemas alternativos de producción y unas tendencias culinarias específicas, se disminuye la exposición de los alimentos a agentes químicos y, según los seguidores de este tipo de comida, se evita el impacto que éstos tienen en el desarrollo de enfermedades como el cáncer, la hipoglicemia y el sobrepeso.


A fondo

¿Pero cómo se consigue completar ese ciclo y llevar alimentos sanos a la mesa? De partida, se tiene en cuenta el manejo adecuado de los nutrientes del suelo donde se realizan los cultivos. Si se trabaja con base en el fertilidad de la tierra y así se evita el uso de pesticidas. Ello permite, a su vez conservar los ecosistemas y mantener las aguas y los suelos descontaminados. El utilizar técnicas agrícolas tradicionales, además, incide en que los alimentos cultivados estén libres casi en su totalidad de agentes externos (como los aditivos), los cuales están considerados como los causantes de varios de los desórdenes físicos que afectan a las personas actualmente, según lo indican el Instituto Nacional de la Salud de EEUU.

Hay que aclarar que la alimentación orgánica no es necesariamente vegetariana. Cuando se refiere al consumo de productos animales o sus derivados, lo que indica es que la alimentación de los animales está sustentada en el mismo concepto: alimentos que libres de agentes químicos.

Hay aspectos importantes a tener en cuenta si se desea incursionar en el camino orgánico: Primero, es clave hacer una buena elección de los alimentos, no todos los productos que encontramos en el mercado que dicen ser “orgánicos” realmente lo son. Hay que leer bien en la parte de atrás de los empaques donde aparecen las especificaciones del cultivo. Segundo, es mejor inclinarse por la producción casera y artesanal; pequeñas tiendas especializadas actualmente intentan darle a los consumidores calidad en los artículos orgánicos que necesita. Y por último, si la decisión es inclinarse por la alimentación orgánica, se debe adicionalmente reducir la ingestión de proteína animal, evitar los productos refinados como los postres y el pan, y elegir grasas de alta calidad que no tengan contenido animal.


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