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Por qué no celebrar San Valentín

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Por qué no celebrar San Valentín

No celebrar San Valentín también es una opción para quienes encuentran esta fecha una tradición ajena.

*Contenido editorial

¿Quién fue San Valentín? Probablemente la mayoría de las parejas que celebran el 14 de febrero en su nombre no lo sepan, en parte, por la falta de acuerdos entre los historiadores que han tratado de explicarlo y, en parte, porque, por lo menos en Colombia, es una de esas tantas tradiciones robadas que evidencian un desinterés por nuestra propia idiosincrasia.

La historia más generalizada hace referencia a un valiente sacerdote que vivió durante el siglo III en Roma. Cuenta la leyenda que en aquella época, el emperador Claudius II prohibió el matrimonio de hombres jóvenes aludiendo a una astuta razón: los hombres solteros eran más aptos para la guerra que aquellos que habían creado lazos familiares. El sacerdote, en un acto de osadía, desobedeció al emperador y continuó casando a los jóvenes enamorados en secreto. Se cree que Valentín fue ejecutado en el año 270 D.C. y el 14 de febrero se conmemora el aniversario de su muerte.

Otros intentos por explicar el origen de la fecha afirman que se trató de una forma de cristianizar la fiesta pagana de las Lupercales celebrada en honor de Rómulo y Remo, fundadores de Roma, y considerada como la fiesta de la fertilidad. Verdad o mito, de estás y otras anécdotas se nutren las tradiciones culturales, que a su vez forman la identidad de una sociedad que se mira en el espejo de sus historias.

De ahí lo inapropiado de acoger tradiciones ajenas que no participaron del constructo social de una determinada región y cuyas referencias históricas son tan distantes que terminan por subestimar el verdadero sentido de la celebración.

La fiesta de San Valentín lleva siglos arraigada a culturas como la francesa, la inglesa, la australiana y la estadounidense, mientras que en Colombia es una de las tantas festividades que hemos adoptado únicamente bajo el paraguas comercial que representa, lejos de identificarnos con ella. De fechas como Thanksgiving, en Estados Unidos, St. Patrick's Day, en Irlanda y, Oktoberfest, en Alemania, hemos hecho versiones muy a la colombiana.

Sin embargo, no todo es reciproco. Todavía no nos ha llegado evidencia de que en Estados Unidos y Europa hayan incorporado el día de la raza dentro de su calendario anual, o que hayan hecho caravanas el día de la Virgen del Carmen ni que le hayan prendido velas al divino niño durante su día. Tampoco hemos recibido noticias de que hayan decidido homenajear a nuestros mártires y santos ni a las tradiciones indígenas de América.

Sí, algunos dirán que San Valentín era una fiesta religiosa reconocida por la iglesia desde el siglo V y vigente hasta 1969 en el calendario eclesiástico, lo cual es cierto, pero aun así nunca hizo parte de nuestra tradición. Celebrar San Valentín en Colombia es como hacer de la ‘aguapanela‘ la bebida nacional de Francia, no es más que la expresión de un vacío de identidad. Esto no significa que esté en contra de celebrar el amor, pero para eso tenemos todo el año y, si lo que necesitamos es un día para hacer sentir especial a nuestra pareja, pues en septiembre tenemos eso que se llama amor y amistad y que de paso nos permite también celebrar con los amigos. 

Las costumbres nos sobreviven y cohesionan, el peligro está en reemplazarlas por otras. 

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