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Cómo convertir nuestras emociones en una brújula para el encuentro con nosotros mismos y con nuestros hijos

María del Rosario Concha, 31/3/2023

“Reconocer y entender lo que sentimos y cómo lo sentimos puede ayudarnos a comprender mejor lo que les pasa a nuestros niños, y desde ese lugar, apoyarlos en su desarrollo emocional”

María del Rosario Concha- Rectora colegio Santa Francisca Romana | Foto: Colegio Santa Francisca Romana

Uno de los desafíos más importantes que tenemos los padres y las instituciones educativas hoy en día es el de cuidar y fortalecer la salud mental de nuestros niños, niñas y jóvenes en un escenario pospandemia; este ha hecho visible la necesidad de ayudarlos a desarrollar de manera intencional, consciente y sistemática la inteligencia emocional y las habilidades que les permitan enfrentar con suficientes herramientas, el reto que implica gestionar las emociones de manera positiva para sí mismos y para los otros, así como sortear con éxito las circunstancias adversas, cambiantes e inciertas que se presentan cotidianamente.

Ayudar a nuestros niños, niñas y jóvenes a crecer emocionalmente implica preguntarnos como adultos por nuestra inteligencia emocional, por esa capacidad de entendernos a nosotros mismos y a los demás. ¿Cómo vivimos nuestras emociones y las emociones de otros? ¿Cómo gestionamos y regulamos lo que sentimos? ¿Cómo nos aproximamos a los problemas y a las situaciones de crisis? ¿Qué impacto generamos en los que nos rodean a partir de nuestras reacciones emocionales? ¿Permitimos que nuestras emociones nos invadan o tenemos algún poder de decisión sobre ellas?

Reconocer lo que sentimos, nombrarlo, entender las causas, compartirlo con otros, tomar conciencia de las herramientas que nos ayudan a regular nuestras emociones y a resolver los conflictos, puede ser útil para modelar una buena gestión emocional en nuestros niños y para ayudarlos a entender que podemos tomar acción y decidir sobre lo que sentimos y acerca de cómo nos queremos sentir. A veces podemos hacerlo por nosotros mismos y en ocasiones necesitamos de expertos que nos ayuden a clarificar lo que sentimos. Tomar acción a tiempo va a depender de qué tanta atención le demos a nuestra formación emocional. ¿Cultivamos y cuidamos nuestras emociones de la misma manera como cultivamos y cuidamos nuestro cuerpo, nuestra formación y nuestro desarrollo profesional? Esa es una pregunta que no podemos tomar a la ligera.

María del Rosario Concha- creadora de ambientes de aprendizaje activos | Foto: Santa Francisca Romana

La forma en la que nos sentimos no depende únicamente de lo que sucede a nuestro alrededor, sino de lo que hacemos con lo que nos sucede. Ser felices o sentirnos bien, no está determinado por la ausencia de problemas o adversidades, sino por la manera en que enfrentamos lo que nos sucede. Por eso es tan importante definir lo que sentimos, ponerle un nombre preciso, entender de dónde viene, qué es lo que lo causa, para poder expresarlo adecuadamente y para poder buscar dentro de nosotros mismos las herramientas para generar bienestar o para pedir la ayuda necesaria, a tiempo. Hay que estar alerta a los indicadores de riesgo emocional, en nosotros y en nuestros niños, niñas y jóvenes.

¿Tengo desasosiego o ansiedad? Si bien son similares, tienen matices distintos. El desasosiego es una sensación de intranquilidad. La ansiedad es un sentimiento de miedo, temor e inquietud. Las dos pueden darnos el impulso para enfrentar una situación y recuperar el equilibrio, pero si se instala en el tiempo, la ansiedad puede ser abrumadora y puede limitar nuestro día a día. Ampliar nuestro repertorio emocional, nos ayuda a tomar las medidas necesarias para regular lo que sentimos. Hagamos el ejercicio de repasar nuestro vocabulario emocional. De su riqueza va a depender en gran parte lo que hagamos con nuestro mundo emocional. Revisar las emociones que priman en nosotros cuando nos despertamos, mirar cómo se transforman a lo largo del día y, sobre todo, tomar conciencia de lo que hacemos con ellas, nos puede servir para regularlas mejor y para modificarlas de manera útil, en caso de ser necesario. Entendernos y comprender mejor lo que sentimos y cómo lo sentimos, puede ayudarnos a comprender mejor lo que les pasa a nuestros niños para apoyarlos en su desarrollo emocional.

La construcción de una sociedad emocionalmente saludable implica que los adultos desarrollemos las habilidades y competencias necesarias para crear un clima emocional positivo, desde una ética del cuidado y del sentido, de manera que nuestros niños, niñas y jóvenes puedan tener una vida significativa y con sentido, en la que los problemas, las dificultades y lo displacentero, se vivan como oportunidades para aprender y para crecer emocionalmente.

Tener una vida con propósito es determinante para el fortalecimiento emocional. Cuando tenemos claros nuestros propósitos, sorteamos mejor las dificultades, enfrentamos mejor los desafíos y nos sobreponemos con mayor éxito a las situaciones adversas, cambiantes e inciertas. Ayudemos a nuestros niños a construir una vida con propósito, en la que el esfuerzo, la perseverancia, la constancia y el ejercicio de la voluntad, se conviertan en herramientas determinantes para alcanzar los sueños. Enseñémosles que la frustración, el desasosiego, la incertidumbre, el miedo, la tristeza, la rabia, también son parte del proceso. No hay emociones positivas o negativas. Todas sirven a un propósito. Las emociones incómodas nos ayudan a movilizarnos para buscar soluciones y para tomar decisiones que aporten a nuestro crecimiento emocional.

La resiliencia, esa capacidad de salir fortalecidos de las adversidades, se construye cuando nos sobreponemos a las dificultades, porque estas nos permiten evidenciar que contamos con las herramientas para solucionar los problemas.

No podemos mantener a nuestros niños de espaldas a la realidad. Tienen que construir desde pequeños las competencias que les permitan desplegar sus habilidades para enfrentar el mundo, seguros de sí mismos, con confianza en sus capacidades y en el mundo que los rodea; como seres humanos capaces de enfrentar por sí mismos los retos; con una conciencia de cuidado; de aceptación de las diferencias y con un repertorio emocional amplio que les permita reconocer, gestionar y regular sus emociones, para poder reconocer y valorar las de los demás. De esta manera, estaremos aportando a la construcción de su salud mental y emocional. Cuando entiendan lo que les pasa y vean los problemas como retos o desafíos que se pueden solucionar, podrán encontrar de manera creativa sus caminos, crearán mundos posibles y sabrán que pueden decidir sobre lo que sienten para transformarlo de manera útil y así cumplir con sus propósitos.

Sobre mí

María del Rosario Concha es rectora Colegio Santa Francisca Romana, psicóloga de la Universidad Javeriana con estudios de especialización en educación, en práctica sistémica y terapia familiar sistémica del Kensington Consultation Centre Foundation, London (KCCF) - Sistemas Humanos.

Es entrenadora certificada de profesores de la Fundación HighScope de Michigan, con más de 30 años de experiencia en el campo de la educación y en cargos de dirección y liderazgo, manejo de grupos y personal docente, con un profundo conocimiento del contexto educativo. Además, cuenta con experiencia en el área administrativa y financiera.

Posee una amplia experiencia en manejo de las diferencias, en la creación de ambientes para el aprendizaje activo centrado en el desarrollo y en el aprendizaje basado en proyectos, así como también en la implementación del enfoque apreciativo aplicado a la educación, a la práctica docente, a cursos de capacitación y a cargos directivos.

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