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La verdad detrás de los alimentos “malos”

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La verdad detrás de los alimentos “malos” Todos los alimentos tienen sus pros y sus contras. (Foto: Thinkstock)

Pronunciar la palabra “dieta” trae consigo un hechizo del que crees no saldrás bien librada, una maldición que para tí solo es sinónimo de limitaciones, prohibiciones y comidas que no volverás a ver en tu vida. Error. Reconoce qué es lo perjudicial y lo benéfico de aquellos alimentos denominados como “detestables”.

Cortar por lo sano  o reducir considerablemente su consumo, son las vías  más adecuadas para comenzar una “nueva vida” alimenticia, tener una dieta estable (no llena de sacrificios absurdos) y bajar de peso.  Alrededor de éstos giran cientos de argumentos negativos que los convierten en obsoletos.

Los alimentos a los que nuestro organismo les hace el quite no deben eliminarse por completo. ¿Realmente son tan malos? ¿Qué los hace incluirse en esa categoría de prohibidos? Entérate de sus defectos y bondades e inicia una dieta efectiva sin remordimientos ni exageraciones: el cuerpo necesita de TODOS los grupos de alimentos, pero con balanza en mano.

El café
Por dentro: Comenzar el día con un café los 5 días de la semana, es un error garrafal al que muy pocos nos atrevemos a hacerle frente. Este estimulante (que también se encuentra en el té y las bebidas de cola) aumenta la presión arterial, provoca ansiedad y te pone nervioso. ¿Por qué no puedes dejar de tomarlo? Por estas mismas razones, convirtiéndose en un círculo vicioso: al no beberlo, te sientes con los pelos de punta y estresada.
Por fuera: Envejece la piel y produce celulitis. La ironía del asunto es que  aunque te mantiene despierta y con supuesta energía, hace que las glándulas suprarrenales trabajen de más y te agotes aún más rápido de lo normal.
Lo bueno: Su alta fuente de flavonoides ayuda a disminuir las enfermedades del corazón. Tiene alta cantidad de antioxidantes y es diurético. En varios casos de migraña, reduce los fuertes dolores de cabeza que caracterizan esta enfermedad. Además, evita  el estreñimiento. De acuerdo a expertos científicos, también contribuye a menor riesgo de sufrir depresión.

La leche
Por dentro: La leche posee una proteína que nuestro organismo no puede eliminar tan fácilmente: la caseína. Cuando hay intolerancia a la lactosa, los gases, el dolor abdominal, la irritación del colon, la diarrea o el estreñimiento crónico, no demoran en aparecer con el primer sorbo. Su alto contenido de grasas es otro de los puntos en contra, por lo que muchos optan por la leche de soya o la descremada. Según un estudio conjunto de la Universidad de Harvard y la Universidad Cornell, en Estados Unidos, su consumo en exceso puede ser perjudicial para los huesos: la leche goza de proteínas que crean un ácido que promueve su desgaste a largo plazo.
Por fuera: Para algunas personas, la leche de vaca es alérgica y produce dolor de oído, asma y erupciones en la piel.
Lo bueno: Dientes sanos y fuertes- Ayuda a disminuir el riesgo de caries, limpia los ácidos orales que atacan encías y lengua, y su contenido de minerales fortalece la dentadura. La extensa lista de nutrientes que incluye la leche, comenzando por el calcio, colabora en la formación de tejidos y en la regeneración de los mismos, recomendada en algunos casos de cirugía o después de sufrir enfermedades graves.

Los dulces
Por dentro: El bendito placer de un dulce en la boca puede ser perjudicial si no sabemos medirlo en nuestra dieta alimenticia. Los edulcorantes artificiales, el azúcar refinado y el jarabe de glucosa tienen graves consecuencias en la concentración de la sangre, vulnerabilidad a las infecciones, hiperactividad y afecciones en el l hígado, intestino y páncreas.
Por fuera: Aparición de acné, flacidez y celulitis.
Lo bueno: Una barrita adentro y un masaje afuera, tienen el mismo efecto a la hora de producir endorfinas en el cuerpo gracias a este delicioso alimento. Cuando hablan de que el chocolate nos pone felices, no mienten. La liberación de esta hormona nos relaja la mente y disminuye el estrés. Un masaje con chocolate regenera la piel, haciéndola más tersa y suave. Y aunque contiene una alta fuente de calorías, la vitamina B1 y el ácido fólico son sus nutrientes estrella, además de fósforo y potasio, fundamentales para el cuerpo. En el 2010, un estudio publicado en el European Heart Journal, concluyó que el chocolate reducía la presión arterial y previene las enfermedades del corazón si se ingiere en pequeñas cantidades.

Las pastas

Por dentro: El proceso de refinamiento de la pasta blanca que encuentras en el mercado, destruye como mínimo el 70% de sus vitaminas y hasta el 90% de sus minerales. Carece de fibra y contiene hierro inorgánico.
Por fuera: Como toda harina que no se consume con moderación, la pasta puede llegar a producir depósitos de grasa que se localizan en zonas estratégicas como el abdomen y la cintura. Su bajo contenido de nutrientes no combate los tóxicos de nuestro cuerpo.
Lo bueno: La harina de trigo y de centeno (otra opción al momento de la preparación de las pastas), regulan el flujo de hormonas (ideal para etapas como la menopausia), tiene selenio (mineral antioxidante), promueve el correcto funcionamiento del corazón y del sistema nervioso (uno de los beneficios de la vitamina B que posee). Como si fuera poco, mantiene estables los niveles de azúcar en la sangre, además de colaborar en el precoso digestivo: su fibra hace maravillas con nuestro colon.

¡Hago dieta y no funciona!  Principales causas
Si eres el vivo ejemplo de paciencia, tenacidad y esfuerzo al momento de seguir al pie de la letra una dieta benéfica pero no obtienes resultados positivos, puedes estar atravesando por otro tipo de problemas orgánicos o has dejado en el olvido otros importantes aspectos:

•    Tienes el colon sucio y frecuentes trastornos intestinales. Por más que te esfuerces, tu organismo no digiere la comida como debe ser.
    Ingestión excesiva de alimentos de cualquier tipo, sobre todo las grasas.
•    Desequilibrio en tus cifras de insulina.
    Déficit de enzimas.
•    Mala función suprarrenal.
    Inadecuado funcionamiento metabólico.
    Disfunción hepática.
•    Problemas con las tiroides.
•    Retención de líquidos.
    Ausencia de ejercicio físico o sedentarismo laboral.
    No masticas bien los alimentos.
•    Presencia de parásitos.


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