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Las 9 señales para saber si eres una mujer que está necesitada

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Las 9 señales para saber si eres una mujer que está necesitada ¿Qué tan necesitada estás de afecto? (Foto: Thikstock)

Cómo identificar cuando te has pasado de la raya. Todas las mujeres temen parecer demasiado necesitadas y/o desesperadas cuando se encuentran en pleno cortejo, incluso cuando viven en una relación. ¿Tu lo estás?

¿Eres una necesitada de la que los hombres huyen despavoridos? No te echamos la culpa: una mujer enamorada más que afectiva puede convertirse en un monstruo asfixiante. Y la cosa se pone más fea cuando buscas desesperadamente cualquier muestra de afecto por parte del sexo apuesto. Parece ser que necesitas de todo: atención, cariño, amor y hasta bienestar económico, y esas actitudes son las primeras razones por las que un hombre no te toma en serio ni como una opción sentimental.

Todo es cuestión de comunicación: lo que transmites con tus palabras, actitudes e incluso con tu cuerpo. Como citaría el dicho popular “el que demuestra hambre no come”: terminarás no solo espantando a cuanto hombre se cruza por el camino, sino que en últimas acabarás con tu autoestima.

¿Cómo te comunicas con ellos? ¿Como una necesitada o como una mujer segura de sí misma? ¿Con cuál característica te identificas?

1. Sentimientos a flor de piel las 24 horas del día. No te pedimos que te conviertas en una mujer corazón de piedra, pero demasiada emotividad aburre hasta al hombre más cursi y afectivo. Esto se refleja en lo que coloquialmente conocemos como “la novia pegajosa”, aquella para la que no existe ni tiempo ni lugar para demostrar lo que siente. Y esto no solo implica un apego emocional extremo: a los hombres les cansa que dependan de ellos todo el tiempo. La relación fluye con más suavidad y espontaneidad cuando no hay demostraciones de cariño a todo momento. Incluso, para ellos eres más atractiva cuando no te pones tan “empalagosa”. Todo tiene su momento.

2.  Peligro, mujer monólogo: Está bien charlar, tener ocasiones para el diálogo, contar tus aventuras y desventuras de la semana; eso también le da bases sólidas a una relación donde prima la confianza y la complicidad. Pero cuando eres una de esas chicas que habla hasta con los floreros, agobias y desesperas. Pon a trabajar su mente: a ellos les gusta imaginarse en qué estarás pensando. Antes de convertirte en un parlante, irradia seguridad de ti misma ¿Siempre tienes algo que decir? Piensa antes de hablar, no te dejes llevar por la necesidad de estar comunicándote cada segundo. “Si lo que tienes que decir no es más bello que el silencio, calla”.

3. “Consuélame, por favor”: Ya hemos hablado de dejar fluir los sentimientos espontáneamente. Otra cosa es andar con lloriqueos y esperar que el chico que te gusta sea tu paño de lágrimas. Una mujer que desde el comienzo se muestra como una persona triste y desconsolada, solo proyecta todos los problemas psicológicos y afectivos por los que está atravesando. A un hombre no lo vas a conquistar haciendo que te sienta lástima, tenlo por seguro. Si estás herida, tal vez no es el momento de tener una relación. Ellos no quieren pagar por los errores de otros, y menos ser tu terapeuta de turno.
 
4. Mujer prevenida: Sabemos que tienes quejas de alguna relación anterior, que te sientes inconforme con muchas de las actitudes del sexo masculino, pero si tras del hecho conviertes esto en un escudo y armamento a la hora de tratar con cualquier hombre, más que estar a la defensiva te proyectas insegura de ti misma. Está bien protegerte, dejar las reglas claras y ponerte en tu lugar. Pero una cosa muy diferente es que te transformes en el juez de cualquier hombre que “se atreve” a salir contigo. Premisas como “Ni se te ocurra tratarme así porque yo no me dejo”, “Yo soy así y si no te gusta, ¡¡¡ de malas!!!”, “Donde te atrevas a.....”, “¿Crees que no sé que todos los hombres son iguales?”, no son las frases que un chico quiere escuchar en la primera cita. No lo sentencies desde el inicio de una no-relación. Lo que debes o no debes permitir, tu ya lo sabes tu y punto. Actúa, no lo indispongas.

5. “Dame tu aprobación y seré feliz”:
La necesidad de una reafirmación constante sobre todo lo que haces, es un tedio que ni siquiera tu mejor amiga soportaría. La aprobación no te la dan los hombres, te la das tu misma. Que si estuviste bien en la cama, que si le gusta como te vistes, que si él cree que eres agradable, que si  y que si y que si... ¡Que no!

6. “O cambias o te cambiaré”: Un profundo análisis mental y emocional de tu hombre no es la mejor arma para atraerlo. Sí, ser su amiga y hablar de tú a tú abiertamente es ideal para que una relación funcione desde un principio, pero ni se te ocurra hacerlo cambiar con solo echarle un vistazo. Por el momento, ellos no quieren hablar de eso. Déjalo salir de forma natural. Que tus propósitos de vida sean otros menos él.

7. Gánate su respeto dejándolo libre: Los hombres admiran una mujer tan segura de sí misma que no sienta la necesidad de compartir con él todos los días de toda la semana. Si crees que en esos lapsus de tiempo estan preparando cómo lanzar una canita al aire, la cosa se pone peor: eres una celosa compulsiva. Si no te ha dado motivos para sentir esa inseguridad, no los busques donde no están. Permíteles ser libres y que no se conviertan en tu mancorna ni viceversa. Esos espacios hacen que te echen de menos y que los momentos juntos sean más agradables y afectivos. Unidos pero separados.

8. No forces los momentos de intimidad: Los hombres bien podrían tener un cartel que dice “quiero sexo todo el tiempo” y no estarían bromeando, pero ellos también tienen sus ocasiones en las que piensan con la cabeza y no con el pene. Forzar el sexo es una muestra clara de que quieres amarrarlo a ti bajo cualquier pretexto. No llames la atención con lo que parece ser más obvio.

9. Celos, malditos celos:
Enfermizos y desgastantes, tanto para ti como para tu pareja. ¿Es agradable matarte la cabeza todo el día pensando que no te quiere, que está con otra, que te está engañando o que te está mintiendo? ¿No tienes nada mejor que hacer? De seguro sí: revisar su Facebook, tomar su celular abusivamente, escuchar sus conversaciones telefónicas, inspeccionar su morral e interrogar a sus amigos disimuladamente. Si el descaro te ha llevado a que incluso él sepa de tu malogrado estado mental, vivirás indispuesta y disgustada por cualquier motivo. Más que una relación, estás en una guerra psicológica contigo misma, perseguida por fantasmas que solo tienen como consecuencia  una crisis nerviosa cotidiana. Tal vez aprendes a vivir con eso, pero ¿vale la pena? Eso sí: llegará el momento en el que él no estará a tu lado para sobrellevar esos arranques. Nadie quiere compartir su vida y corazón con alguien que no tiene el suyo propio tranquilo.







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