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Espejito, espejito...¡ya sé que no soy la más hermosa!

Fucsia.co

Espejito, espejito...¡ya sé que no soy la más hermosa! Foto: Ingimage

La captotrofilia es un trastorno que impulsa a mirarse al espejo constantemente en busca de sus defectos y reafirmar su falta de autoestima. La conducta de la madrastra de Blancanieves llevada a la realidad.

Los estereotipos de belleza que impone la publicidad y determinados medios de comunicación provocan que cada vez más personas se sientan insatisfechas con su propia imagen. Las exigencias por verse perfectos fomentan la aparición de trastornos, como son la anorexia y la bulimia, enfermedades que hacen su aparición a edades cada vez más tempranas.

La captrotofilia es un ejemplo de ello. Resulta tentador mirarse a los espejos o a las cristaleras para juzgar si el aspecto que brinda nuestro reflejo nos resulta agradable. Sin embargo, existen personas que no pueden evitar esta conducta, no para reafirmar su belleza en términos positivos y benévolos, si no para  juzgar su propio reflejo. Van en busca de defectos que ellos mismos creen poseer, es decir, con el objetivo de constatar que lo que piensan es cierto. Ambas conductas llevadas al extremo pueden ser perjudiciales para la persona y su concepción de sí misma, el buscar defectos de forma compulsiva conlleva un mayor riesgo, por sus connotaciones negativas.

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La captotrofilia se enmarca dentro de los trastornos relacionados con la obsesión y las patologías dismórficas corporales. Se manifiesta en personas que tienden a sustentar su autoestima y su valor como persona únicamente en el aspecto físico. Afecta tanto a hombres como a mujeres.

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V. R. es una joven de 26 años que arrastra desde hace más de diez años este trastorno. “Padecí cuando tenía 13 años anorexia nerviosa. A partir de entonces fui dando rienda suelta a determinadas conductas que no me ayudaron obviamente a superar la enfermedad. A día de hoy puedo decir que superé lo de la anorexia, pero todavía sigo manteniendo eso de mirarme constantemente a cualquier superficie que me devuelva mi reflejo. Siempre siento la necesidad de mirarme: de ver lo mal que me veo. Es como una forma de confirmar que lo feo que yo veo en mí es real, que tengo razón de verme tan mal porque es cierto. Es una sensación horrible, pero no puedo evitarlo”, comenta.

Como señala la terapeuta María González, lo fundamental en estos casos es ahondar en la causa primaria que ha desembocado en desarrollar este tipo de comportamiento compulsivo-obsesivo. Después, “hay que empezar con una terapia centrada en el trabajo de la autoestima y cambiar los pensamientos disfuncionales sobre la imagen. Sustituirlos entonces por otros que se ajusten más a la realidad, que no se enfoquen solo en los defectos si no también en las virtudes”.

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