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Abuso sexual en niños. Qué es y cómo detectarlo

Arnoldo Mutis García

Abuso sexual en niños. Qué es y cómo detectarlo El entrenador Jerry Sandusky, de 67 años, afronta 40 cargos de violación a ocho niños, pero sus victimas podrían ser más.

El escándalo de un legendario entrenador de fútbol americano que durante años violó a sus alumnos, prende una vez más las alarmas sobre este flagelo que deja graves secuelas en sus víctimas.

Lo llamaban “San Sandusky” porque además de liderar una época de gloria en los deportes de la Universidad de Pennsylvania por casi treinta años, creó Second Mile, una fundación en pro de menores en alto riesgo. Con su irresistible carisma, Jerry Sandusky llegó a ser el epítome de la honorabilidad en una de las universidades públicas más prestigiosas de Estados Unidos.

Pero, según se ha venido a saber ahora, la historia de este excelso ejemplo para las nuevas generaciones escondía la escabrosa verdad de que “San Sandusky” es un violador de niños, si resultan ciertas las acusaciones que hoy lo hacen protagonista del escándalo sexual del momento en Estados Unidos.

Sumida en el desconcierto, la comunidad universitaria que tanto lo admiró hoy ve cómo el célebre entrenador asistente del poderoso equipo de fútbol americano de la universidad, de 67 años, afronta un juicio por 40 cargos de abusos contra ocho niños, y podrían ser más. Porque tan indignante como los crímenes resulta el hecho de que varios directivos y trabajadores de la institución los conocieron y nunca los denunciaron. Su silencio cómplice le ha costado el puesto hasta al presidente del centro educativo, Graham Spanier.

Según los fiscales, Sandusky se aprovechó de su trabajo para cometer sus delitos. Los campamentos que organizaba a menudo para los beneficiarios de su fundación así como los entrenamientos le sirvieron para violar a menores de 8 años en adelante. Esa edad tenía el niño a quien el gran jurado que lo envió a juicio identifica como Víctima 5. Sandusky lo violó en los baños de las duchas de la universidad en 1996. En 1998, la madre de la Víctima 6 denunció ante la policía que el entrenador se había bañado con su hijo de 11 años, pero en ese momento no interpuso cargos. Un año después, Sandusky se retiró de la universidad y en un viaje de su fundación a Texas violó a la Víctima 4. En el 2000, el portero del alma mater lo vio practicándole sexo oral a un adolescente y tampoco se dio aviso a las autoridades. En el 2002, Mike McQueary, un entrenador asistente lo pilló teniendo sexo anal con un niño de 10 años en los baños del campus y aunque se lo notificó a varios directivos, ellos lo único que hicieron fue quitarle las llaves de las duchas, con las cuales se había quedado. Tuvieron que pasar otros seis años para que por fin la llamada de la madre de la Víctima 1 llevara a las autoridades a iniciar el caso, cuyo desenlace podría ser la condena de Sandusky a 20 años de prisión por cada uno de los cargos por los que se le juzga.

El entrenador, quien fue puesto en prisión a comienzos de noviembre, pero liberado bajo fianza de 100 mil dólares, le dijo a la cadena de televisión NBC que es inocente. No obstante, reconoce algunas de las actitudes descritas por el gran jurado: “He jugueteado con los niños, he tomado duchas con algunos de ellos, los he abrazado y les toqué las piernas sin intención sexual”. Al respecto, la abogada de las víctimas, Jennifer Storm, dijo que “esas admisiones son condenatorias. Es inapropiado e incluso ilegal que se duchara con un niño de 10 años”.

El siquiatra infantil Hernán Darío Giraldo Castro, por su parte, explica que el abuso sexual en niños se enmarca dentro del maltrato infantil y sucede cuando una persona utiliza a un menor de edad para obtener algún tipo de gratificación sexual. “No solo contempla las relaciones con penetración y el sexo oral, sino también los tocamientos indebidos, el uso de menores para la pornografía, exponerlos a imágenes o a presenciar comportamientos de contenido sexual”, agrega.

El doctor Giraldo, médico de la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín y siquiatra de la Universidad de Caldas, comenta que casos como el de Sandusky, es decir, abuso por parte de profesores o personas que tienen una relación de tipo formativo con los niños, no son los más frecuentes. “En casi 90 por ciento de los casos el abusador es una persona del entorno cercano al niño y no solo se trata de hombres. Entre 15 y 20 por ciento puede ser realizado por una mujer, pero este tipo de situaciones es poco reportado, posiblemente por una serie de errores en nuestra tradición machista”. Así, la mayor parte de los victimarios se puede encontrar en la misma familia de la víctima, incluyendo a padres, tíos, primos y abuelos. “En este caso el abuso tiende a ser más repetitivo y a dejar más secuelas por la terrible sensación que genera el ser agredido por una persona en la que se confía tanto”, afirma Giraldo, actual director de la Unidad de Siquiatría Infantil del Hospital Mental de Antioquia.

Cuando un menor atraviesa por esta situación, lo primero que se afecta es la confianza en los otros, expone el especialista, y agrega que esto a su vez lo vuelve temeroso y les genera desconfianza en sí mismo. “Esto confunde y altera su desarrollo sicosexual y podría tender a erotizar sus relaciones con los demás, principalmente con los adultos, como una manera de obtener el afecto que necesita”.

Estos niños pueden también sufrir lo que el especialista denomina “síntomas regresivos”, como volver a mojar la cama si ya lo habían superado, a hablar y comportarse como niños más pequeños de lo que son, terrores nocturnos, pesadillas angustiosas. De igual modo, pueden padecer síntomas de Trastorno de Estrés Postraumático, similar al que afecta a algunos soldados que han estado en una batalla y luego “reviven” lo ocurrido. Giraldo recuerda que a ello hay que agregarle los embarazos no deseados y afecciones físicas como lesiones en el área perineal, rupturas de esfínter e infecciones de transmisión sexual, entre otras.

Los padres, maestros y todos aquellos a cargo de la infancia están llamados a mantenerse alerta, pues muchas veces los niños, por su corta edad, no saben que están siendo agredidos sexualmente. También pueden ocultarlo si han sido manipulados por sus ofensores haciéndoles creer que son culpables. Suelen, de igual modo, ser blanco de amenazas contra su integridad física o la de sus seres queridos y retractarse de sus acusaciones ante el revuelo, los difíciles interrogatorios y la posibilidad de que un familiar vaya a la cárcel. Todo ello, seguramente, jugó su papel en la era de silencio que cubrió los horrores de ese supuesto monstruo, otrora conocido como “San Sandusky”. 

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