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Adriana Córdoba Alvarado

Adriana Córdoba Alvarado Adriana Cordoba

La esposa del candidato a la presidencia, Antanas Mockus, habló con FUCSIA de ella, de su marido, de su pasado y de mucho más.

A usted la conocemos como la compañera, esposa y confidente de Antanas Mockus, pero, ¿quién es Adriana Córdoba?
Soy la tercera de cuatro hermanas, de una familia en la que mis padres creyeron que la educación era la mejor vía para la movilidad social y nos enseñaron a pensar mas allá de uno mismo.

Hablemos de sus estudios…
Nosotras estudiamos en una escuela pública, y yo hice mi bachillerato en un colegio público femenino de las hermanas terciarias capuchinas. Fuimos criadas en mi casa con principios comunitarios; todas hacíamos las tareas domésticas. Por ejemplo, un día a mí me tocaba embolar los seis pares de zapatos de mi familia. Mis padres trabajaban para mantener el hogar y nosotras teníamos la responsabilidad individual y colectiva de realizar nuestras tareas y trabajos del colegio, para cuando ellos llegaran por la noche, nos las revisaran y valoraran.

¿Y cómo fue el ingreso a la universidad?
Yo quería estudiar en una universidad privada, pero era consciente de que no podía. Entonces, entré a estudiar en el Colegio Mayor de Cundinamarca, ahorré todo lo que pude durante el primer semestre y, al finalizar éste, me gané una beca por tener el mejor promedio académico, lo cual me permitió terminar Trabajo Social. Después estudié Planeación Urbana y Regional e hice una maestría en Planeación Regional y Políticas Públicas.

¿Cómo comenzó su vida laboral?
Mi primer trabajo fue en Casanare, Guaviare y Putumayo, en una multinacional especialista en sísmica, haciendo parte del grupo que manejaba los temas de Inversión Social, Derechos Humanos y Política Pública de la empresa. Luego me nombraron Coordinadora Técnica del Observatorio de Minas Antipersona, desde donde apoyamos la formulación de una política pública de prevención y atención contra este flagelo que azota esas regiones del país. Posteriormente, trabajé en el Ministerio de Educación, fui oficial del programa de Naciones Unidas en Unicef, manejando los programas de adolescencia y participación en temas de población y desarrollo.

Hablemos de su padre…
Mi papá se llama Pedro Córdoba, trabajó como contratista en construcción, y una de las cosas que más admiro y valoro de él, son sus principios de honradez y responsabilidad. Recuerdo que todas las noches nos leía historias y cuentos en voz alta y luego nos hacía un examen sobre comprensión de lectura. En grupo familiar impusimos una costumbre muy linda. Cada semana, los viernes, hacíamos reunión familiar y decíamos qué no nos había gustado del comportamiento entre nosotras y de ahí salía la cartelera que colgábamos en la salita donde poníamos la labor que nos tocaba a cada una la siguiente semana.

¿Y su madre?
Se llama Rossana Alvarado, se casó muy joven con mi padre, comenzó trabajando como costurera en una fábrica, luego en tejidos de punto y en los últimos años se convirtió en profesora de educación primaria y preescolar. Siempre hemos admirado su carácter de sacar a sus hijas adelante, en un ambiente en donde lo que se esperaba era que las hijas reprodujeran el oficio o el rol de la madre por sí mismas.

¿Qué opinan del rol político que terminó jugando usted hoy?
De eso no hablamos, ellos nunca se descrestaron, ni se obnubilaron con Antanas. Yo me fui de la casa a los 19 años cuando conocí a Nietzsche y a Hermann Hesse, pues sentí que necesitaba saber quién era yo, que toda mi historia, tradición y herencia familiar se quedaba conmigo. Debía salir del cascarón, entender mis miedos, angustias, temores, y me fui a vivir sola a una casa entre Sesquilé y Guatavita, debía haber algo que me retara emocional y físicamente.

¿Cómo reaccionaron sus padres cuando se fue a vivir con Antanas?
Siempre han respetado mis decisiones, la identidad, la autonomía, creo que admiran y se descrestan más por cosas de cada una de sus hijas, por sus avances, y no por con quién anden, y no hacen comentarios, rezan para que todo salga bien.

¿Antanas fue su primer novio?
No. Mi primer novio yo creo que fue, y digo creo, porque yo era la que creía que era su novia. Era un profesor de sicopatología que tuve en tercer semestre, fue una historia de amor divina que yo pensé que lo era todo, después conocí a Antanas y me di cuenta de que el verdadero amor existe.

¿Como conoció a Antanas?
Yo lo vi por primera vez en una conferencia ante los estudiantes representantes de Consejos Superiores. En febrero del 94 me invitaron a la casa de Antanas a una reunión sobre política de juventud, que se había cancelado, pero yo no sabía, entonces él nos atendió a un amigo y a mí. Luego nos encontrábamos a conversar de lo que hacíamos. Había energía, ánimo, emoción de verse, de contarse cosas. Luego Antanas se fue para Francia y cuando volvió nos miramos diferente. Hicimos un paseo y después de conversar un par de horas, él me preguntó que si yo creía en la verdad, y le dije que sí, que toda, que hasta siempre, que aunque duela. Entonces Antanas me dijo: “por qué no trae sus cosas”, y yo le dije que bueno… eso fue en julio 17 de 1994, realmente nunca fuimos novios.

¿Cuándo se lo presentó a sus padres?
Una vez que me llevó a mi casa. Realmente lo vieron una vez antes de irme con él.

Sus padres siendo tan católicos y tradicionales, ¿qué pensaron?
Admiro mucho en mi papá y mi mamá, y que ellos han entendido y han cogido de la religión católica y de la tradición cristina, el regalo que Dios nos ha dado a todos más grande, que es el libre albedrío. Él me preguntó que si estaba segura, que si él iba a ser para toda la vida, y yo le dije que no sabía si me devolvería esa misma semana; y ella, que si yo estaba enamorada y le contesté que no desde el punto de vista del enamoramiento, donde uno ve al otro ser humano ideal. Yo veo a Antanas con sus fortalezas y sus debilidades y una complejidad muy fuerte, pero quiero estar cerca de esa complejidad, me retaba su manera de ser: no ser obvio, tener sorpresa, no ser plano, eso me parecía interesante, él me descrestaba, me descolocaba…

¿Cuál es la mayor fortaleza y la mayor debilidad de Antanas?
La consistencia. Le llegue el agua hasta dónde le llegue, no cambia principios y le juega mucho al no todo vale, eso me parece lindísimo. Debilidad, la exagerada sinceridad, pero si él no fuera sincero, no sería él.

¿Qué dicen sus hijas Laima y Dala?
Laima está empezando la adolescencia y está experimentando el tema de la consistencia. Ella a veces ayuda con el Facebook, tiene conciencia política, pero no es fundamentalista y no está cambiando su vida estudiantil por eso, y yo trato de que ella siga con el piano, la música, con sus amigos. Y Dala es de una agudeza impresionante, vuela. Un día estaba almorzando con una amiga y ella le preguntó a Dala, ¿tú que opinas? Y ella te contestó, “nada, el papá puede ganar o perder y no pasa nada”.

Si Antanas es elegido como Presidente, ¿que pasa con usted?
Cada día trae su afán, y ahora estamos concentrados en lograr mucha gente votando por esta idea. Lo que sí tengo claro es que no habría despacho de Primera Dama, ni oficina, ni consejería. Cuando estuve en las dos Alcaldías tampoco tuve despacho. Quiero, no sé si sea posible, continuar con mi trabajo en políticas de población y desarrollo, que es lo que estoy haciendo ahora; quiero seguir con la crianza de las niñas y no sé si va a alcanzar el tiempo, tengo que priorizar.

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