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Ana María Giraldo Gómez, Montañista

Ana María Giraldo Gómez, Montañista Ana María Giraldo Gómez, Montañista

Esta ingeniera industrial que pasa gran parte de su vida escalando los picos más altos de la Tierra, tiene claro que para ella el cielo es el límite.

A sus 29 años ha visto el mundo desde las cimas más altas. Como profesión tiene la de ingeniera industrial dedicada a la de consultora en Desarrollo Organizacional, campo en el que también es una avezada conferencista, pero tiene muy claro que su gran motor es el deporte extremo, que práctica desde hace 11 años, con todo y los sacrificios, renuncias y disciplina que éste conlleva.
Por eso, para ella levantarse a las cinco de la mañana no es ninguna novedad, ni mucho menos lo es subir en bicicleta a diario al alto de Los Patios en la afueras de Bogotá o trotar varios kilómetros por el asfalto capitalino. Cuando muchos apenas salen de sus camas, ya Ana María les lleva mucho tiempo de ventaja, y su premio al volver es lo que ella llama “el tradicional jugo de naranja” que adereza con polen, miel de abejas, avena, kola granulada y una buena charla con su hermano. Su pasión por el deporte nació en Manizales, donde nació y creció rodeada de montañas y viendo todos los días las cumbres más altas de la Cordillera Central. Pero fue su hermano Juan Diego quien con su espíritu de aventura y sus experiencias como montañista, la alentó e inspiró para hacer sus primeras salidas a los nevados y a enfrentarse al reto de pedalear cuesta arriba en su bicicleta de montaña. Corría el año 1998, y sudar, sufrir, esforzarse y querer superarse a sí misma cada día, no era más que un pasatiempo. Pero todo cambió en el 2002, cuando fue invitada a formar parte del proyecto 7 Cumbres, ahí profundizó en la técnica y el entrenamiento necesario para subir montañas, apoyada siempre en la experiencia de su hermano y de los compañeros de este desafío. En ese momento, empezó la verdadera escalada hacia su propia cumbre.
Habla de todos sus logros con gran cariño y emoción, reconoce que “haber subido la montaña más alta del mundo, con mis compañeras colombianas Mónica Bernal y Katty Guzmán, representa algo verdaderamente grande, que ninguna de nosotras imaginaba lograr en tan poco tiempo. Cuando llegamos a la cima del Monte Everest, a 8.848 metros sobre el nivel del mar, nos abrazamos y lloramos de felicidad, sin dimensionar que seríamos inspiración y orgullo para muchos colombianos”. Pero, en definitiva, su mejor trofeo es lograr encontrar en lo simple de una florecita de páramo toda la belleza de existir y respirar.

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