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Anjelica Huston, una historia contada tardíamente

Anjelica Huston, una historia contada tardíamente Anjelica Juston

En sus memorias, publicadas recientemente por la editorial Scribner, la actriz norteamericana de 61 años rememora su vida y reconoce la influencia determinante de John Huston, a pesar de la indiferencia que mostró hacia ella durante su infancia.

Cualquiera pensaría, al ver las fotos de Anjelica Huston junto a su padre, cuando era una adolescente, que esos años estuvieron llenos de momentos y risas compartidos. Pero el afecto filial de John Huston por su hija apenas si pasaba la prueba, pues estaba más ocupado creando y produciendo sus películas que atendiendo las demandas de una jovencita cuyo talento empezaba a asomar. En 1963, cuando Anjelica tenía 12 años, el director filmaba en las playas de Puerto Vallarta La noche de la iguana, y ya eran insolubles los problemas que lo llevarían a divorciarse de la bailarina de origen italiano Enrica Soma, “Ricky”, la mamá de Anjelica y de Tony, su hermano, un año mayor que ella.

Anjelica nació el 8 de julio de 1951 en el Hospital Cedros del Líbano, en Los Ángeles. Muy lejos de allí, en el hirviente corazón de la selva del Congo belga, John enfocaba toda su concentración en las escenas de la cinta La reina de África, cuando un mensajero le entregó el telegrama con la noticia de la llegada al mundo de su hija. La actriz protagonista de la película, Katharine Hepburn, quien compartía escenario con el inolvidable Humphrey Bogart, le preguntó a Huston cuando vio que se metía el telegrama al bolsillo: “Por el amor de Dios, John, ¿qué dice?”. Y el hombre respondió: “Es una niña, su nombre es Anjelica”.

Así de vívidamente cuenta su propia historia la actriz, en las memorias que bajo el nombre de A Story Lately Told lanzó recientemente con la editorial Scribner, y en las que justifica, basada en la gran inteligencia y talento indiscutible de su padre, los desplantes que este le hizo en repetidas ocasiones y la indiferencia que marcó la relación con su hija durante su infancia y adolescencia. Y es que el peso de la sombra de John Huston ha sido algo con lo que Anjelica ha tenido que lidiar siempre. Sin embargo ella, una mujer brillante, original, única, bella a su manera y con una fisonomía nada convencional, reconocida de sobra por su aporte al séptimo arte, ganadora de un Óscar por su papel en El honor de los Prizzi en 1985, supo sacar partido de las lecciones que le dio, aun sin proponérselo, su padre.

A los 61 años, Anjelica ha adquirido una expresión extraña por cuenta de los sucesivos rellenos que ha acumulado su rostro. Su cara hinchada no logra atenuar el rasgo característico de su prominente nariz, y las arrugas alrededor de las mejillas enmarcan lo que los expertos llaman una pillow face, o “cara de almohada”, que se va formando debido al excesivo uso de inyecciones, rellenos estéticos y cirugías para detener los signos del envejecimiento, a los que la actriz reconoce haberse habituado.

En una reciente entrevista para The Sunday Times, admitió que ha estado siempre viviendo al límite, y no es para menos: a la figura omnipresente en su vida de John Huston, se une en cierto momento la de Jack Nicholson, un mujeriego empedernido que parece haber sido sacado del mismo molde. Y aunque los dos fueron definitivos en su vida, las memorias de la famosa actriz, que se lució en diferentes películas durante los años ochenta y noventa, no mencionan a Nicholson, con quien vivió 16 años, sino que se centran en el director de cine. Habla de este con reverencia recordando sus primeros años en St. Clerans, una gran hacienda en el condado de Galway, al oeste de Irlanda, a donde se había trasladado toda la familia por determinación del padre, quien ya en ese momento tenía una amante establecida en París.

Anjelica Huston relata su vida en Irlanda con la distancia que dan los años: “Era una niña solitaria. Mi hermano Tony y yo nunca estuvimos muy cerca, pero estaba muy apegada a él. Nos vimos obligados a permanecer juntos porque estábamos realmente muy solos en medio de la campiña irlandesa, y no veíamos a otros niños. Teníamos un tutor y mi padre casi siempre estaba lejos”.

La actriz relata cómo en 1961 su mamá les dijo que en adelante vivirían con ella en Londres, durante el periodo lectivo, y con su padre, en Irlanda, durante las vacaciones. Anjelica se acostumbró entonces a no mencionar la vida en St. Clerans delante de Enrica: “Me daba cuenta de lo hiriente que resultaba para ella, del dolor que le significaba el saberse víctima del rechazo de mi padre”. Y no era que Ricky careciera de atractivo, es más, John Huston le llevaba 26 años y cuando ella quedó embarazada de Tony, tenía apenas 18 años y estaba en la plenitud de su belleza: “El rostro de mi madre es el más hermoso en mi memoria, con sus pómulos altos y una frente ancha, el arco de las cejas sobre sus ojos azul grisáceo, como una pizarra, la boca en reposo, los labios que se curvaban en una media sonrisa”.

En 1962, John Huston llamó a sus hijos a Roma y les dijo: “Les tengo una gran noticia: tienen un pequeño hermano, Danny”. Anjelica reconoció a la madre del bebé, Zoë Sallis, como una de las mujeres que habían visitado St. Clerans. Cuando regresó a Londres encontró a su madre llorando, quien también le contó que tenía siete meses de embarazo. Enrica tuvo una niña llamada Allegra, fruto de su relación con John Julius Norwich, historiador y escritor de viajes, pero este se rehusó a divorciarse de su esposa y John Huston terminó dándole su apellido a la niña.

Al comienzo de 1969, Enrica decidió irse de viaje a Venecia, con su nuevo novio. Pocos días después, la niñera de Allegra se mostró preocupada por no haber recibido llamadas de la mamá de la niña, como era lo usual. A la mañana siguiente, Leslie Waddington, amiga de la familia, acudió a la casa para decirle a Anjelica que su madre había muerto en un accidente automovilístico. Tenía 39 años. Entonces John Huston llevó a Allegra a vivir a la casa de St. Clerans y Anjelica, de 18 años, partió hacia Nueva York para convertirse en modelo.

Pero, como era predecible, su padre quería que ella fuera actriz y la “enganchó” para que actuara en la película A Walk with Love and Death (Paseo por el amor y la muerte), en 1969. Pero Anjelica no resistió el temperamento del director, que en más de una ocasión la gritó delante de todos durante la filmación, y prefirió seguir en el modelaje hasta bien entrada la siguiente década, cuando participó en El último magnate, bajo la dirección de Elia Kazan. En los ochenta actuó junto a Jessica Lange en películas como El cartero siempre llama dos veces (1981) y Frances (1982). Pero fue en El honor de los Prizzi, en el que caracterizó a Maerose Prizzi, hija de un mafioso italiano, en la que su talento cinematográfico fue reconocido con un Óscar a la mejor actriz secundaria (1986). Es famosa la escena en la que ella le dice a Charley Partanna (Jack Nicholson), un asesino contratado por el clan Prizzi, cuando él se aparece en su casa a la medianoche: “¿Quieres hacer el amor, Charley?”.

Ya en ese entonces Anjelica y Jack llevaban una relación tormentosa que había empezado doce años antes de filmar la película, en 1973, y que duró hasta 1989. Es legendaria la reacción de ella al enterarse de que su amante le había sido infiel con Rebecca Broussard, con la que tuvo dos hijos, y le propinó a Nicholson unas palmadas que este nunca ha podido olvidar. Alguna vez, tras su ruptura, él declaró: “Para ser honesto, estuve aniquilado emocionalmente tras la separación. Fue tal vez el periodo más duro de mi vida, pude haber cometido un error, pero no quiero volver atrás y corregirlo, prefiero vivir con ello”. Por lo pronto, hace apenas un año, el actor de 75 años le regaló a la actriz un collar de diamantes y rubíes con ocasión de sus 60, quizás intentando ganársela para que no revelara en el libro algunas facetas deplorables de su personalidad.

Anjelica se casó en 1992, después de la ruptura con Nicholson, con el escultor mexicano-estadounidense Robert Graham, quien murió hace cinco años. A su deceso, Anjelica reconoció el significado especial de su unión cuando confesó en una entrevista para The Sunday Times que nunca se sintió dominada, que siempre tuvo la sensación de ser una persona en sí misma y de estar, al mismo tiempo, con otra, pues nunca había sabido lo que significaba exactamente ser la mitad de una pareja.

A sus 61 años, Huston está involucrada en nuevos proyectos dirigidos por el veterano actor y director Clint Eastwood y no descarta ser escogida para otros papeles: “Yo sería candidata a trabajar en Downton Abbey. Me encanta, me gustan los modales y el buen comportamiento, para mí es un espectáculo muy satisfactorio. Me involucro emocionalmente cuando veo la serie”.

El don de la celebridad

La publicación Out Entertainment & Movies destacó algunas facetas que el público desconoce acerca de Anjelica Huston:

Antes de ser Morticia Addams en La familia Addams (1991), y la reina del director Wes Anderson en The Royal Tenenbaums (2001), Huston fue modelo. Una historia contada tardíamente, de la editorial Scribner, recrea el espíritu de trotamundos que marcó su juventud.

Cuando el fotógrafo Richard Avedon, amigo de los padres de Anjelica, le tomó fotos por primera vez, le dijo a Enrica, su mamá, que sus hombros eran demasiado anchos para ser modelo. Más tarde, la fotografió para Vogue.

John Steinbeck, otro amigo de los Huston, los visitó alguna vez en Irlanda para una Navidad, y se disfrazó de Santa Claus para distraer a Anjelica y a su hermano Tony.

En una encendida muestra de amor, la actriz se cortó las venas una vez enfrente de uno de sus grandes amores, el fotógrafo de moda norteamericano Bob Richardson.

Anjelica toma como un elogio que le digan que es parecida a la cantante y actriz Cher.

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