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Buen vivir, buen dormir

Revista Fucsia

Buen vivir, buen dormir Buen vivir, buen dormir

Todo lo que perturba el alma, perturba el sueño. El ritmo acelerado de estos tiempos y los excesos inciden sobre el descanso y, por ende, sobre la salud. Dormir plácidamente debe ser, para todos, un principio esencial de vida sana.

 
Nada más cierto que esta premisa: “El sueño es el reflejo de la vida”, quien lo dice es el doctor Miguel Dávila, neurólogo, especialista en Medicina del Sueño. Según este médico, la gran solución a todos los trastornos del sueño está más allá de los medicamentos, pues son la felicidad, la tranquilidad y la actitud ante la vida las que definen el buen descanso. “No pretendo ser escatológico, ni religioso, pero pensemos en los pecados capitales. La gula, por ejemplo, lleva a la obesidad, ésta a la diabetes, a los ronquidos, a la hipertensión y al infarto. Todo esto perturba el sueño. La codicia no deja dormir. Yo tengo pacientes que me cuentan que se despiertan a las dos de la mañana para pensar en cómo hacer más plata, y no es que les falte, sino que quieren más”, afirma.

Pese a que este tema se ha tratado en muchas ocasiones, poca gente le brinda la importancia que merece y pueden pasar incluso muchos años para que una persona se vea obligada a ir al especialista. “La gente se demora bastante en consultar porque este es un problema que no duele y que no alarma como un dolor de cabeza recurrente”, opina Dávila.

El buen dormir es un hábito que se adquiere desde el hogar y desde que se nace. Según la siquiatra Ana Millán, el sueño diario en el recién nacido es de 16 a 17 horas, a los 6 meses duermen de 13 a 14 horas. A los 2 años de edad, 12 horas; a los 10 años, 10 horas, y el adulto sano duerme 8 horas diarias. Con el paso de la edad, el tiempo y la profundidad del sueño comienzan a disminuir y una persona de 50 años puede dormir 6 horas, sin que esté enfermo o deba consultar. A los 65 años entre 25 y 50 por ciento de las personas tienen alteraciones del sueño, por lo cual deben ser medicadas; y a los 80 años, 75 y 80 por ciento de las personas están medicadas con algún tipo de hipnótico o inductor del sueño. La profundidad y la continuidad del sueño también disminuye con los años, por eso vemos que las personas de 90 años pueden dormir muy corto en la noche, pero en el día tiene varios periodos de sueño o siesta.

Si usted vivió en medio de una familia trasnochadora, eso es lo que va a transmitir a sus hijos. Adquirir una correcta higiene del sueño es esencial para conservar la salud, pues proporciona el descanso que el cuerpo necesita para recuperar las energías físicas y mentales que se gastaron durante el día.

Los expertos en la salud siguen recomendando 8 horas diarias para dormir, eso no ha cambiado, pues se ha comprobado que el cuerpo requiere de un periodo en el que no se reciban estímulos externos. Cuando se duerme, el metabolismo del cuerpo es más lento, el ritmo cardiaco y la respiración se reducen, la temperatura corporal desciende y hay disminución del tono muscular; estas características son las que favorece el descanso.
Las necesidades de sueño son individuales y varían de una persona a otra, pero todos, sin distinción alguna, necesitamos dormir. El sueño es un comportamiento individual. Algunos, y en casos poco comunes, apenas requerirán de 2 a 3 horas de sueño, otros se sentirán bien con las 8 horas medicadas y otro porcentaje sentirá que con 10 horas está satisfecho.

“Si una persona duerme apenas 2 horas cada 24 y no tiene somnolencia en el día, produce lo que tiene que producir, anda de buen genio y tiene buen estado físico, está perfecto. Otro es el caso del que tiene síntomas: mal genio, irritabilidad, se duerme en cualquier lado, etc. Esa persona debe consultar”, dice el médico neurólogo.
No dormir correctamente afecta toda la actividad del día siguiente, la persona vive en permanente estado de embotamiento, tiene bajo rendimiento de su capacidad intelectual, de atención y de concentración, está irritable, impaciente, malhumorado y somnoliento.
Cada día parece aumentar el número de personas que sufre algún tipo de trastorno, y todo porque la calidad de vida también se deteriora. Se calcula que aproximadamente la cuarta parte de los trabajadores tiene horarios de trabajo inhabituales, turnos rotativos, duermen poco y una calidad de sueño deficiente.

Cuestión de calidad de vida

Dice el médico Dávila, que el sueño es una lupa con la cual se puede mirar la sociedad desde otro lente. De ahí que él mismo insista en que la mejor solución para un mal dormir es empezar a cambiar la vida, o al menos empezar a reflexionar sobre lo que está pasando.
Existen cerca de 88 clases de trastornos del sueño. Gran parte de ellos derivan de conductas que abusan de la salud o de estados sicológicos graves. Según la siquiatra Millán, la depresión, por ejemplo, puede ocurrir con aumento o disminución del sueño. Los casos de ansiedad o de sicosis generalmente cursan con insomnio. Allí, el tratamiento es distinto, porque hay que tratar la causa de la alteración del sueño.
No obstante, existen casos puros de trastorno del sueño, como el insomnio sicofisiológico primario, que ocurre sin causa alguna; o la narcolepsia, cuando la persona se duerme a toda hora y no tiene ninguna alteración médica o siquiátrica que justifique tal somnolencia.

Enfermedades como un tumor cerebral pueden producir somnolencia excesiva. El hipertiroidismo produce estados de vigilia permanente.

Durante la menopausia, las mujeres también pueden sufrir alguna alteración
natural del sueño, debido al cambio hormonal.

No es cierto que la falta de sueño enloquezca, todo lo contrario, una persona que delira, no duerme.

Los que abusan del alcohol terminan en serios trastornos de sueño. Dávila explica que cuando una persona se acuesta borracha, aparentemente se ve dormida, pero en realidad está en un estado de intoxicación, sin que se produzca descanso alguno, porque la persona casi se acuesta a morirse: la lengua se paraliza, hay ronquidos, pero además se está en riesgo de ahogarse.

Algunos medicamentos pueden quitar el sueño, como los antidepresivos tipo inhibidores de recaptación de serotonina, pero hay otros que aumentan el sueño, como la mirtazapina o el trazodone, que se pueden usar para tratar la depresión y como hipnótico–sedantes.

En cualquier caso, es mejor estar atento a cualquier alteración del buen dormir. “Un insomnio agudo, de menos de tres semanas, puede ser intervenido muy fácilmente, mientras que un insomnio crónico (mayor a tres semanas) se demora más y es complejo de tratar”.

De acuerdo con la experiencia de Dávila, son más las mujeres las que consultan
por trastornos del sueño. Se estima que 40 por ciento lo hacen por mal dormir. Sólo 10 por ciento consulta porque duerme demasiado.

Los adolescentes necesitan dormir más
Una reciente investigación de la Universidad Tecnológica de Swimburne, Australia, determinó que el reloj interno de los adolescentes y los cambios hormonales propios de esta etapa hacen que prácticamente a ellos les esté prohibido madrugar, pues por naturaleza su organismo está diseñado para acostarse y levantarse tarde.

Según la investigación, la mayoría de los adolescentes están obligados, para ir al colegio o la universidad, a despertarse hasta dos horas y media antes de lo que exige su ritmo natural.

Las consecuencias se reflejan en su rendimiento escolar. La falta de sueño provoca que sientan irritabilidad, tristeza y desánimo. Así como los ancianos tienden a ser más matutinos (o ‘alondras’), los adolescentes son típicos ‘búhos’, es decir, a la mañana están medio zombis, pero en la tarde están lúcidos y dispuestos a no dormir.=

Por una buena higiene del sueño

Estas son algunas reglas básicas que debería adoptar toda persona.
• Acostarse y levantarse a la misma hora.
• Hacer ejercicio de forma regular.
• Cenar por lo menos dos horas antes de acostarse.
• Evitar los ruidos externos al momento de dormir.
• Mantener en el cuarto una temperatura y ventilación adecuadas.
• Evitar el consumo de cafeína, tabaco y alcohol.
• Dormir tanto como se necesite.
• En lo posible usar la cama sólo para dormir. Evitar que ésta se vuelva el lugar donde se trabaja o se come, porque esto conduce a una inadecuada asociación de la cama como sitio de descanso.
• No desesperarse si una noche no duerme, es bueno hacer alguna actividad que relaje.
• No automedicarse. Se debe consumir los tranquilizantes o inductores de sueño prescritos por un médico responsable.

Mitos desmitificados
• Un niño que no duerme, es un caso serio, porque normalmente los niños duermen mucho y de manera profunda, pues no se despiertan ni con una orquesta al lado. “Un niño con sueño es hiperactivo en cualquier hora del día, es insoportable. A ese niño lo van a diagnosticar equivocadamente con déficit de atención y, simplemente, es que no duerme. Hay un abuso en los diagnósticos de hiperactividad. Los niños pueden no dormir por muchas razones: porque los papás no están, se van de viaje, son papás de chequera o se pelean todo el tiempo”, señala el médico neurólogo Miguel Dávila.

• No siempre las personas que no duermen lucen demacradas y con ojeras. No obstante, un signo delator es el cabello grasoso y el cambio de humor en mal genio o impaciencia.

• Tomar trago antes de acostarse es un mal negocio, porque lo que va a producir es dependencia al alcohol. La persona no se acuesta a dormir, sino a roncar. No hay descanso verdadero.

• Nadie se duerme por aburrimiento o por pereza en el lugar de trabajo o en una reunión importante. La gente se duerme porque tiene sueño.

• Cada caso es individual. No existen reglas generales para solucionar un problema de transtorno de sueño. A cada persona se le debe tener en cuenta su estilo de vida.
 
 

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