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Caja de sorpresas caja de sorpresas

Dos nietos de Max Factor encontraron en una vieja cámara fotográfica el origen de Smashbox, su marca de cosméticos que tiene doce años en el mercado. Por Lila Ochoa

 
David Factor, fotógrafo profesional, y Dean, su hermano, un hombre de negocios recién graduado de la universidad de Southern California, vieron en la compra de unos estudios de fotografía en Culver City una gran oportunidad de negocio. Y así fue. En poco tiempo se convirtieron en el estudio favorito de fotógrafos como Annie Liebovizt y Herb Ritts por cuyos lentes han pasado, sin temor a equívoco, todas las estrellas de Hollywood. Por los estudios Smashbox desfiló un sinfín de celebridades y de allí salieron portadas inolvidables para revistas como Vogue, In Style y Vanity Fair, así como trabajos publicitarios que les han dado mucho prestigio, dada la inigualable calidad de las instalaciones, que acogieron a Madonna, Giselle Bündchen, Drew Barrymore, Cameron Díaz, Kristen Dunst y Angelina Jolie, por mencionar sólo unas cuantas celebridades.
En la cima del éxito, los dos bisnietos de Max Factor tenían muy lejos de su mente seguir los pasos de su bisabuelo, pero aun así terminaron metidos de lleno en el mundo de la moda y la cosmética. Max Factor, la marca que nació y floreció en Hollywood en los años 20, era la favorita de las actrices de su tiempo y siempre se asoció con la época dorada del cine. Hoy, es un nombre legendario que cambió de rumbo y puede decirse que Smashbox vino a reemplazarlo.

El trabajo de fotografía hizo pensar a los Factor en una línea de cosméticos que resolviera los problemas asociados a la profesión, y que de alguna manera tienen en común todas las mujeres como piel brillante y sudorosa por cuenta de las luces, imperfecciones, líneas de expresión, arrugas y todas aquellas que la cámara no perdona. La búsqueda de esa solución derivó en una línea de productos de avanzada respaldada por un equipo de investigación y la experiencia del grupo de maquilladores profesionales que reinterpretaron el glamour y elegancia de Hollywood, y que hoy 12 años después de su creación vende cerca de 200 millones de dólares en el mundo.

Una charla con Dean y Davis Factor
Dean es serio, pero muy amable y bien parecido. No sólo heredó un nombre legendario, sino también un gran sentido de los negocios. Su hermano David es el creativo y así se viste. Chaqueta negra de cuero, jeans negros y botas; se nota que la moda la tiene en la sangre. Me recibieron en su oficina de los estudios Smashbox y no fue difícil entablar conversación, pues ellos están acostumbrados a conceder entrevistas, a vivir entre celebridades y, de alguna manera, crecieron siendo centro de atención. A pesar de todo eso, no sienten que su vida sea tan glamurosa como uno se imagina. Son personas normales que trabajan mucho y se dedican de lleno a su empresa.

¿Cuál es la diferencia entre Smashbox y Max Factor?
Max factor es un producto de mercado masivo que se vende en farmacias en Estados Unidos y en el resto del mundo. Es maravillosa, pero hoy no tiene ninguna relación con nosotros. Nuestro bisabuelo la fundó y luego la familia la vendió. Smashbox somos mi hermano y yo, los únicos en la familia dedicados al negocio de la cosmética. Crecer en la familia Max Factor fue definitivo para llegar a la concepción de nuestro negocio. El hecho de estar en Hollywood rodeados de un estilo de vida especial y exigente es un plus, pues aunque al principio no teníamos la experiencia, sí teníamos el instinto para saber por dónde enfocar el negocio

¿Cómo nació la idea de crear Smashbox?
Nuestra marca fue creada a partir de la fotografía: de las necesidades de los maquilladores, en el estudio y de la labor de David, quien ha trabajado con las celebridades y las modelos más famosas del mundo. De ahí salieron las ideas y se avanza mano a mano con los maquilladores.

¿Cómo trabajan las colecciones?
Trabajamos según las estaciones, como corresponde en el mundo de la moda.

¿Hay alguna edad en particular para sus productos?
Nuestros productos funcionan para todas los edades, pues están hechos para solucionar problemas. Nuestro público objetivo está alrededor de los 27, porque las jóvenes se quieren ver mayores, y las mujeres maduras quieren lucir más jóvenes. Con nuestros productos creamos un look que le sirve a cualquier mujer.

¿Quién se encarga de la creación de los nuevos productos?
Tenemos un gran equipo de mercadeo, pero también David y yo estamos pendientes de lo que está pasando en el mundo. Él viaja a todas las pasarelas importantes y tiene oportunidad de ver lo que presentan los diseñadores en Europa y Nueva York. David tiene muchos amigos en el medio que le dan un anticipo de lo que se va a ver en las siguientes temporadas y eso nos da las ideas. Creamos looks para los desfiles de las semanas de la moda en Miami, Nueva York y Los Ángeles y nosotros desarrollamos las tendencias para los desfiles.

¿Han pensado en preparar maquilladores?
Estamos creando una escuela para maquilladores aquí en nuestro estudio, que empezó a funcionar en noviembre. Fotógrafos, maquilladores y modelos se van a encargar de entrenar a los profesionales y de enseñarles a usar nuestros productos

¿Por qué el empaque negro?
Muchas líneas de maquillaje tiene empaque negro, desde el día uno lo usamos y nos quedamos con él. Pero en las diferentes temporadas creamos un empaque diferente y cada estación cambia de colores.

¿Cuál es la mujer ideal?
Cada mujer es bella, pero las que más nos gustan son las que tienen una personalidad arrolladora.

¿Han pensado en incursionar en los productos orgánicos?
Hicimos la colección ‘Green Room’ para la primavera, pero cada vez estamos incorporando más elementos orgánicos en nuestras colecciones. No hacemos pruebas con animales y tratamos de usar productos naturales.

¿Cuánto dura el maquillaje en buen estado?
Una base dura más o menos un año, así como las sombras y lápices de labios. La pestañita, por ejemplo, no debe durar más de tres meses, pues al estar en contacto con los ojos se puede contaminar. Somos muy rigurosos en los estudios para que nuestros productos no tengan bacterias. Sabemos que nuestro consumidor es consciente de que lo que se aplica en la piel influye directamente en la salud. En esta compañía nuestros empleados son 90 por ciento mujeres, y ellas ensayan todos los productos. Con ellas podemos medir el éxito o las deficiencias de un producto.

 
John LaBonty Vicepresidente Internacional de Smashbox
 
“Max Factor se vendió en 1997 a Procter & Gamble. Era mi antigua compañía. Una marca masiva, de supermercado y farmacias y que ya no es considerada como una marca de lujo. Davis y Dean Factor crecieron en Bell Air rodeados del glamour de Hollywood y se acostumbraron a tratar de tú a tú a actrices y modelos. David, al ser fotógrafo, vio de primera mano los problemas a los que estaba sometida la piel por cuenta de las luces y las largas sesiones que hacían ver la piel cansada y pastosa. Lo primero que se inventaron fue el Antishine, para quitar el brillo. Las cajitas se desaparecían cuando terminaban la sesión de fotos, y ellos viendo esto, decidieron iniciar su negocio. Empezaron con este tipo de productos con el feedback de los estudios. Los maquilladores de las top intercambiaban ideas y ellos desarrollaban productos para los estudios.

“Yo viajo alrededor del mundo, y en Latinoamérica es en donde menos nos conocen porque estábamos enfocados en nuestros puntos de venta, pero nos dimos cuenta de que teníamos que cambiar hacia una estrategia más a largo plazo: la de fortalecer la marca. A Fedco, nuestro distribuidor en Colombia, yo les digo que nuestro objetivo es hacer que las mujeres prueben nuestros productos, que son buenos por sí solos, y sabemos que la mujer que los ensaya se enamora de ellos porque ofrecemos tendencia y, aunque el color es importante, la razón de ser de la marca es ser un ‘solucionador’ de problemas. Estaremos en 57 países en los mercados más grandes de Europa. En Inglaterra vamos a estar en exclusiva en The House of Fraser. Acabamos de entrar en Italia y en Turquía. En Suráfrica somos los primeros. En el Medio Oriente estamos en Dubai y Omán, entre otros. Empezamos a incursionar en los países asiáticos enfocados en Japón. La meta es crecer en Corea donde acabamos de entrar. Tenemos cerca de 1.200 distribuidores en Estados Unidos y 600 más en otros 70 países. Latinoamérica es un mercado pequeño comparado con Europa y Asia, pero como yo trabajé durante muchos años allá, adoro la cultura latina y tengo muchos amigos. Yo quiero tener éxito en ese mercado, pues me importa mucho”.

 
 

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