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Clara Rojas Clara Rojas

Madre y abuela ejemplar

 
Revista Fucsia
 
Si alguna persona ha llamado a la cordura, a la esperanza, es doña Clara González de Rojas. La bella imagen de esta mujer es símbolo de vida y reconciliación que traspasa las fronteras. Durante los seis años del secuestro de su hija, Clara Rojas, compañera de fórmula presidencial de Íngrid Betancourt en el 2002, luchó incansablemente por su liberación y, una vez se enteró de que Clara había tenido un niño en cautiverio, redobló sus esfuerzos en la búsqueda de una salida y demostró que las fuerzas espirituales de una madre pueden ser inagotables. Doña Clara tuvo que esperar seis interminables años para que la ilusión de abrazar a su hija y a su nieto se hiciera realidad. Demostró, que la resistencia vale más que la desesperación y que la única manera de enfrentar a la adversidad es la fortaleza, connatural al ser humano y que ella, profundamente creyente, encontró en Dios.

En su lucha silenciosa, doña Clara convocó a todos los estamentos del país a repetir al unísono un “no al secuestro”, y con ello propició un despertar a la solidaridad en un ambiente de conflicto e intolerancia. En compañía de sus hijos y nietos, doña Clara pasó las festividades de fin de año del 2007 esperando, como lo hizo todo el país, la liberación de Clara, que finalmente se hizo efectiva tras la mediación del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, y de la senadora Piedad Córdoba, el 10 de enero de este año. Viajó a Caracas y allí recibió a su hija y a su nieto en un abrazo que se repitió en miles de imágenes ante las pantallas de televisión de todo el mundo.

Ahora, disfruta de la compañía de Clara y Emmanuel y los abriga con su sombra protectora. Doña Clara ha preferido la intimidad de su casa para dedicarse a su familia. Atrás quedaron los días más duros de su vida y, una vez más, con su silencio y prudencia, se erige como un ejemplo de humanidad.

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