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Coaching: El arte de acompañar

Revista FUCSIA

Coaching: El arte de acompañar Alejandra Náder

Tres expertas' en 'coaching', una práctica que cada vez toma más fuerza en un mundo lleno de necesidades emocionales, nos hablan de su experiencia.

Conseguir una meta profesional, cambiar de trabajo, nivelar el estado de ánimo, entender y aceptar el presente, tener hábitos alimenticios que generen bienestar en lugar de dependencia o ansiedad resultan muchas veces tareas que algunas personas no pueden resolver individualmente.

Para lograr estos objetivos sin perder el norte, enfocándose apasionadamente en conseguir una de estas metas, o todas, existen los coach, personas que se han capacitado para guiar y acompañar la búsqueda de los demás. Actualmente hay diferentes tipos de coach que trabajan de maneras distintas. No hablamos de padrinos mágicos o genios azules que salen de lámparas árabes dispuestos a conceder tres deseos; se trata más bien de expertos en motivar, alentar y potenciar las capacidades que todos tenemos pero hemos olvidado por la premura del día a día o simplemente por problemas de autoestima que nos nublan el horizonte.

Aquí traemos tres expertas en este ejercicio que cada vez toma más fuerza en un mundo lleno de necesidades emocionales. 

Clara Chica

"Ser coach es repartir el talento entre los demás"

Clara Chica, dedicada al coaching ejecutivo, de equipos y organizacional, descubrió desde muy joven que su propósito consistía en acompañar las búsquedas de aquellos que la rodeaban, a través del autoconocimiento. Ahora es una guía para los que quieren potenciar sus talentos y encontrar respuestas que mejoren sus vidas.

La manera como se expresa Clara Chica frente a sus coachees resulta tan atractiva como envolvente. Hace uso de analogías y refranes para describir qué es exactamente coaching: “Es tomar la decisión de recorrer un camino para conseguir un objetivo que se tiene en mente.

Yo, en mi papel de coach, acompaño a la persona, pero quien maneja el proceso es el otro. Mi función de copiloto está centrada en mantenerlo enfocado en llegar al destino que se ha planteado anteriormente. En este camino la atención plena (Mindfulness) es transversal y clave del éxito del proceso. No se puede lograr un cambio, mejorar algún aspecto de la vida, si no hay una observación atenta que genere conciencia de lo que estamos haciendo, del presente”, afirma Clara.

Mira también. ‘Mindfullness: Hábitos para vivir en el presente‘. 

Puede ser su alma antioqueña, lo que la ha llenado de refranes, o los casi 40 años de experiencia laboral, de los cuales lleva 10 certificada como Coach de esencia profesional, lo que la han convertido en una guía muy didáctica y verbalmente encantadora. Clara es la hija de un médico paisa que esperaba el diploma universitario que ella no tenía entre sus planes, “por rebelde”, como ella misma lo afirma.

Apenas se graduó del colegio decidió trabajar y seguir sus intereses. Entre estos estaba el servicio al cliente, quizá porque lo llevaba en la sangre. “Los paisas tenemos una necesidad de liderar, de repartir nuestro conocimiento o lo que nos hace gozar, pero a veces lo volvemos disfuncional y nos convertimos en controladores de las vidas de los otros, a mí me pasó”, comenta. Sin embargo, ella ha logrado canalizar esa característica de las mujeres de su tierra en una cualidad que la ha convertido en una coach capaz de acompañar a quienes se le acercan en busca de respuestas y moverse con éxito de un lugar a otro.

Su labor como coach, su práctica asidua de la meditación y su pasión por este oficio la han transformado en una guía que muchas personas buscan para obtener resultados extraordinarios en diferentes áreas de su vida, a través de procesos creativos que maximizan el potencial de sus coachees y los ayuda a encontrar equilibrio.

No todas las personas pueden acceder a este tipo de acompañamientos. El coach integral es apto para todos aquellos que sienten deseos genuinos de moverse del estado en el que están. También funciona para quienes quieren precisar cuál es su mayor talento y su pasión, conscientes de que cuentan con muchos. “Parto de que el otro es un ser completo, capaz, recursivo y creativo”, dice Clara.

Sus sesiones duran una hora y generalmente una persona puede conseguir su objetivo con entre 10 y 15 encuentros. Su trabajo se basa en escuchar, motivar la generación de respuestas y avivar en la otra persona lo que está oculto u olvidado que puede servirle para encontrar sus metas. El coaching no soluciona los problemas de los demás, sino que aviva el potencial para que cada uno lo haga de manera individual y se empodere.

¿Por qué una persona puede necesitar este tipo de acompañamiento y no darse a la tarea de encontrar respuestas de manera individual? La pregunta no se lanza con el objetivo de desvirtuar su labor sino de determinar por qué estamos desorientados en la búsqueda de las respuestas que nos hace falta. Y la resolución de Clara esboza perfectamente un problema tan latente como difícil de resolver: la baja autoestima.

“Si tú te aceptas como eres, con lo que tienes, con lo que haces, y te amas como has llegado a amar una pareja, todo sería posible para ti. Ojo, aceptar no quiere decir estar de acuerdo, porque si yo acepto mis fallas y mis virtudes, no voy a sabotear mi proceso de crecimiento. Y si soy consciente de la importancia del Mindfulness en mi vida (el camino para aquietar la mente, soltar, liberar y elegir otra manera de ver y vivir), todo será más armónico”, finaliza Clara Chica.

Lucía Dávila

"Nutrir el cuerpo para fortalecer el alma"

La misión de Lucía Dávila, coach nutricional, es mejorar los hábitos alimenticios de sus pacientes a través de preparaciones que, lejos de ser aburridas y poco apetitosas, son saludables y de muy buen sabor. Eso, complementado con excelentes relaciones interpersonales, puede generar cambios muy positivos en la vida de las personas.

Lucia Dávila recuerda, casi con terror, la época de su vida en que hacía dietas que la obligaban a dejar de comer. Se tilda de irresponsable y asume, sin autoindulgencia, que ese tipo de prácticas son lo más destructivo para la salud, la belleza y la mente de cualquier persona. Hace 10 años, debido a un problema en el corazón que tuvo su esposo, comenzó a interesarse por cambiar sus costumbres alimenticias y buscar alternativas que le permitieran nutrirse adecuadamente sin necesidad de privarse de los sabores tradicionales de la comida.

Pero el interés no sólo nació motivado por la salud de su familia; la estética, verse bien, tener una figura armoniosa sin necesidad de llevarla al extremo, impulsaron su estilo de vida saludable y, sobre todo, responsable con la alimentación. “Hay quienes niegan que uno come bien para verse bien y afirman que sólo lo hacen por salud, eso es falso, hay que llamar las cosas por su nombre, todos queremos tener una figura atractiva y eso no tiene nada de malo si se hace con conciencia”, afirma enfática Lucía.

Recuerda puntualmente la persona que le enseñó a cocinar sin usar alimentos procesados y a reconocer qué le hacía bien a su organismo: Jenny Soler. Después pasó al Instituto Gerson para aprender todo lo relacionado con la limpieza del organismo y cómo desintoxicar el cuerpo. Un proceso integral que no se simplifica en comer saludablemente, sino en el que intervienen también la manera de vestir, el color de la ropa y el estado de las relaciones con los demás.

Entre las primeras actividades que se realizan en el coaching con Lucía están las clases de cocina. Su misión es enseñarles a sus clientes recetas saludables y apetitosas, alejarlos de la idea que promulga que la comida saludable es sinónimo de waffles con sabor a cartón. “Hemos hecho mermeladas deliciosas, salsas napolitanas para pastas, postres de frutas; cocino tantas cosas ricas, que hasta mis hijos se roban mi almuerzo”, dice Lucía. Después se encarga de elaborar un programa alimenticio para cada persona que asesora, con las cinco comidas diarias claramente explicadas.

Una vez se ha abordado el tema nutricional, que es su fuerte, Lucía evalúa el estado de las relaciones que sus clientes tienen con su familia, sus compañeros de trabajo, su pareja, y trata de ubicar aquellos puntos donde las relaciones flaquean para repararlos. El objetivo de este tipo de coach es lograr que todo fluya de manera engranada, lo emocional y lo físico bajo un mismo ritmo.

Los coachees (personas que siguen su coaching) tienen diferentes perfiles. Están los que quieren bajar de peso, que pueden conseguirlo sin que ese sea el objetivo principal de su proceso: “Lo ideal es cambiar los hábitos para que los resultados perduren. Como decía una de mis clientas, hay que hacer un cambio de chip”. Están otros clientes que buscan, por ejemplo, aumentar masa muscular sin consumir químicos, más bien proteínas provenientes de la naturaleza. Quieren tener más energía para hacer sus rutinas, evitar cualquier producto que prometa resultados magníficos y que venga metido en un tarro. Lucía sabe qué tipo de alimentos son ideales para cada función que requiere el organismo.

La diferencia entre un coach nutricional y un nutricionista es que el primero hará un acompañamiento al paciente o coachee que va más allá de definir qué se puede o no comer o cuál es la dieta que debe seguir durante cierta temporada. Los coach acompañan a la persona incluso en los momentos en que pueden flaquear, “tenemos un grupo de Whatsapp donde nos damos apoyo. Si a alguno de mis chicos le da un antojo yo no le voy a decir que no se lo coma, sólo le pido que me llame o me escriba para tratar de tranquilizarlo. Le digo que respire con la lengua pegada al paladar, que espere 20 minutos y después analice si quiere hacerlo; esa es la diferencia sustancial con el nutricionista”, cuenta Lucía, quien no tiene reparos en responder las preguntas de sus clientes en horarios extralaborales, lo importante, para ella, es acompañarlos en la búsqueda de esas metas que parecen inalcanzables pero que con un poco de luz se pueden finalmente convertir en realidades luminosas.

Alejandra Náder

La disciplina de esta artista plástica y visual la llevó a estudiar, por su cuenta, todo lo relacionado con el desempeño físico y el cuerpo; bioquímica y alimentación sana mas no restrictiva, para después compartirlo con los que quieren mantener un estilo de vida saludable y activo, que equilibra cuerpo y mente.

El día de Alejandra Náder empieza sentada con una taza muy grande de café. Comienza temprano, entre las 5 y las 6 de la mañana. Lo primero que hace es leer y estudiar; en este momento se está capacitando en el Hippocrates health insitute. Después de dedicar un par de horas a sus lecturas diseña su rutina de ejercicio. Todo esto acompañado de mucha agua. El desayuno llega cuando siente hambre, al igual que todas las comidas del día. La cocina es otra de sus pasiones; sus redes sociales están llenas de preparaciones sencillas y deliciosas con las que se alimenta cada día y complementa sus rutinas.

Alejandra es una health coach que no cree en las restricciones, por eso se toma su tiempo para estudiar los hábitos de las personas que se acercan a ella, los alimentos que más funcionan en el organismo de cada uno y la sesión de ejercicios que reflejará mejores resultados en sus clientes. Trabaja con pocas mujeres, pues cada caso requiere un trabajo minucioso y estructurado.

Su coaching está basado en la nutrición y dentro de este concepto el ejercicio es un alimento más, por eso no puede desligar un tema del otro. “No creo en las dietas, creo en las necesidades particulares que tiene el organismo de cada persona. Por ejemplo, yo soy vegetariana por salud, pero no significa que todas las personas a las que yo acompaño deban serlo; lo mismo pasa con el entrenamiento, cada uno tiene unas necesidades específicas”. Por eso además de escribir rutinas diferentes para cada persona, Alejandra graba videos para sus clientas que viven fuera del país para motivar la pasión por el ejercicio, tal como ella lo ha experimentado durante más de 10 años.

Su amor por el ejercicio empezó apenas se graduó de la universidad. Descubrió que haciendo rutinas de entrenamiento cortas, por intervalos de tiempo, usando el peso de su propio cuerpo podía obtener excelentes resultados y no debía considerar la idea de trasladarse todos los días a un gimnasio que se tornaba aburrido para ella. Podía hacerlo en cualquier espacio de su casa, en el horario que mejor se adaptara a su día.

Las mujeres que la buscan llegan de todos lados. Desde modelos que cansadas de las rutinas convencionales buscan una alternativa para ejercitarse, hasta amigas que quieren mantener un estilo de vida saludable. Ella las acompaña, pero no les promete milagros: “Depende de la energía y la actitud que cada una le ponga, obtenemos resultados. A veces llegan con un objetivo más físico que integral, pero se dan cuenta de que hay un mundo más especial detrás de todo esto, y lo descubren en ese proceso de transformación”, cuenta Alejandra.

Su trayectoria le ha dado una idea de lo que las mujeres buscan actualmente cuando se acercan a un coach como ella: “Siento que la gente está súper cansada de pensar que tener un buen cuerpo es sinónimo de restricciones, y por eso están buscando ante todo la vida sana y real, algo que va más allá de parecerse a alguien y por eso tener una guía en ese camino es lo que mejor funciona”.

Volver a lo básico es su mantra. Aplicarlo en lo que comemos y en la forma como nos ejercitamos. Propiciar los espacios donde cada uno pueda sentir esta conexión con las raíces, con los alimentos naturales y con el equilibrio entre cuerpo y mente es la labor de la coach Alejandra Náder.

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