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Mi primera vez con la toxina botulínica

Revista FUCSIA

Mi primera vez con la toxina botulínica Foto: Paloma Villamil

Después de pensarlo, analizarlo y leer bastante sobre el tema, nuestra editora de belleza, Manuela Espinal, se arriesgó a experimentar de cerca la toxina botulínica. Aquí comparte su encuentro con ella.

Nunca les he tenido miedo a las agujas, es más, me gusta que me saquen sangre y me pongan inyecciones, entonces digamos que ya tenía un buen trecho del camino allanado.

Llegué al consultorio del doctor Camilo Peñaranda, dermatólogo especialista en cosmética y láser, a quien conocí hace un tiempo. Nos sentamos y conversamos acerca del procedimiento que me iba a realizar, que comienza con la aplicación de una anestesia en crema para prevenir el dolor en el área por tratar.

Según el doctor Peñaranda, yo arrugo mucho la frente, el entrecejo y la famosa 'pata de gallina'. Estas marcas, denominada líneas de expresión, son más marcadas en algunas personas que, como yo, hacemos muecas todo el día y hablamos mucho.

¿Cómo voy a quedar?, ¿será que la gente lo va a notar?, ¿quedaré como un maniquí?, fueron las primeras preguntas que hice, pues uno debe quedar tranquilo con las respuestas antes de someterse a cualquier procedimiento.

Resulta que cuando salió al mercado la Toxina Botulínica –este es el nombre genérico, los otros son marcas de los laboratorios que la producen–el modo de aplicar era tosco y utilizaban más cantidad de la necesaria, razón por la cual veíamos lo que los médicos llaman frozen face, o cara congelada, esas que quedan sin ningún tipo de movimiento.

Hoy la aplicación es distinta, se usa menos toxina en diferentes puntos de la zona por tratar. Se aplica usualmente en la zona superior de la cara, casi nunca en la inferior, por eso está mal decir, cuando vemos a alguien con los labios voluptuosos, que utilizaron toxina botulínica, en estos casos lo que se usa es rellenos o ácido hialurónico.

La aguja que se utiliza para aplicar la toxina es muy pequeña, por esto cada chuzón es mínimo –como cuando a uno le pica una abeja, pero sin el dolor posterior–. El doctor Peñaranda marcó los puntos donde aplicaría la toxina alrededor de mi cara y luego procedió. Después de la aplicación uno no siente nada y se ve igual. Pasados unos días sí se siente una leve parálisis en la frente, pero se pueden mover las cejas, así se tenga la impresión de que no.

La aplicación de la toxina botulínica puede ser complementada con una hidratación profunda con ácido hialurónico, así no solo la parte superior de la cara queda como nueva, sino que la inferior queda hidratada en profundidad.


El antes y el después de nuestra editora de Belleza, Manuela Espinal, con la toxina butolínica. Foto: Paloma Villamil

Este ácido se encuentra de manera natural en la piel y es el que ayuda a dar volumen y brillo, solo que después de los 30 años su producción disminuye. ¡Yo lo necesitaba hace rato! A diferencia de la toxina, el ácido hialurónico tarda en notarse casi 15 días. No podía sospechar, al cabo de esas dos semanas, cómo iba a quedar mi piel con más volumen, lisa y saludable.

Este fin de semana tuve una fiesta de solo mujeres con varias amigas y pasé la prueba. Ninguna de ellas se dio cuenta de nada, pero me preguntaban qué me había hecho que tenía la piel divina, y para que una amiga de uno –con el ojo de águila que tienen todas– no lo note, es porque…"“triunfé".

En resumen, mi encuentro con la toxina botulínica y el ácido hialurónico no solo fue un éxito, sino el comienzo de un amor eterno.

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