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El amor: ¿resultado de una fórmula de laboratorio?

El amor: ¿resultado de una fórmula de laboratorio? Foto: Ingimages

Dice un científico que este sentimiento puede crearse a partir de una técnica sencilla. Sin embargo, quizás en un laboratoriono puede surgir ese sentimiento de amistad, las acciones que llevan a dos personas a compartir un mundo y tomarse el trabajo de conocerse.

Por: Lila Ochoa, directora revista FUCSIA



Desde hace unos meses habíamos decidido dedicar esta primera edición del año al amor y desde luego tenía que escribir algo sobre el tema, pero después de leer los tres tomos de Cincuenta sombras de Grey, que por cierto me parecieron pésimamente escritos, llegué a la conclusión de que uno nunca acaba de aprender sobre las relaciones humanas.

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Leyendo libros y artículos me encontré con un estudio del psicólogo Arthur Aron, quien sostiene que el amor no es algo espontáneo, algo así como un rayo que le cae del cielo a alguien. Él afirma que dos personas se pueden enamorar en su laboratorio aplicando ciertas técnicas. No son pocos los estudios y los libros que se han escrito tratando de descifrar el misterio del amor. Según ese médico uno se puede enamorar de cualquiera. Yo crecí con la idea de que el amor verdadero rara vez se encuentra dos veces. La primera pregunta que me surgió fue: ¿Cómo escoge uno para no fallar? No me pareció muy sensato que uno se pueda levantar un día, abrir la puerta, encontrarse con el vecino y decidir que se va a enamorar de él. ¿Se imaginan cómo sería la vida si el amor estuviera siempre a la vuelta de la esquina? No habría tanto sufrimiento y tanta soledad en el mundo.

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Pues parece que no es tan difícil, según el doctor Aron. Todo se define con unas preguntas. En total son 36. Algunas suenan bastante bobas como “¿le gustaría ser famoso? ¿Por qué?”; “¿cuándo fue la última vez que cantó solo en la ducha? Y ¿para alguien?”. Otras como “nombre tres cosas que tenga en común con la otra persona”, me parecieron más sensatas. Siguen en la lista “¿cuándo fue la última vez que lloró y por qué?” y “¿qué relación tiene con su mamá?”. Aquí ya se puso seria la cosa, pues estas últimas ya entran en el terreno de la intimidad y requieren unas respuestas honestas.

Con el tiempo las personas tendemos a desarrollar un perfil de cada uno, acomodado como una pieza publicitaria que le vendemos a los demás
. Por lo visto la idea de este cuestionario es ir lentamente revelando el verdadero ser y no el que queremos que los demás vean. A medida que se avanza en las preguntas, el terreno se va volviendo más cenagoso. Hablar de uno mismo es fácil, emitir opiniones sobre los demás es otro cantar. Por ejemplo: “Diga cinco características positivas”. Suena fácil, pero requiere darse el tiempo necesario para conocer esa persona, eso no sucede de un momento a otro.

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Este ejercicio de poder captar sentimientos íntimos de otra persona requiere para mí un grado de inteligencia emocional alto y una capacidad de empatía. El último ejercicio consiste en quedarse mirando a la otra persona durante cuatro minutos sin hablar. Se supone que los ojos son la ventana del alma, pero lo interesante según el psicólogo es que cuando la gente lo practica llega a la conclusión de que no está viendo al otro, sino que se está mirando a sí mismo, está dejando ver su vulnerabilidad.

Para resumir, no sé si tanto experimento lleve a la fórmula perfecta para enamorarse. Lo que sí sé es que no se puede minimizar la química del amor, esa atracción que no se puede describir con palabras, y que es la que lleva a la intimidad que requiere una relación para durar. Eso lo valida la experiencia y la ciencia también. Sé que si no se construye una amistad compartiendo cosas en común, tampoco hay posibilidades de mantener el amor en el tiempo. El amor no es pasivo, es una acción en la que dos personas comparten un mundo y se toman el trabajo de conocerse el uno al otro y de aceptar el paquete completo.

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