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La desmitificación de la copa

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La desmitificación de la copa

En los últimos años la copa menstrual se ha convertido en una opción para quienes encuentran que los tampones y las toallas son muy incómodas. Sin embargo, alrededor de este dispositivo hay todavía muchos mitos y miedos. FUCSIA habló con algunas usuarias sobre su experiencia.

En 1937 la actriz Leona Chalmers llevó a la oficina de patentes de Estados Unidos un extraño artefacto. Del tamaño de la palma de una mano, hecha de caucho y látex, y con la forma de una campana; se trataba de la primera copa menstrual: un invento que buscaba que las mujeres tuvieran más comodidad durante sus periodos. Sin embargo, con la llegada de la II Guerra Mundial hubo escasez de caucho y látex, y la fábrica de Leona tuvo que cerrar, pues no contaba con las materias primas para seguir manufacturando las copas. Entre las décadas de 1950 y 1970 la compañía norteamericana Tassette intentó mercadearla de nuevo, pero se encontró con la dura competencia de un mercado gobernado por toallas higiénicas y tampones.

En la última década, la copa menstrual ha reaparecido como una alternativa económica y ecológica. Sin embargo, para algunas mujeres todavía es tabú la relación del periodo con su cuerpo o, sencillamente, no han tenido la oportunidad de consultar información referente a la copa y piensan que introducirse este artefacto equivale a un baño sangriento digno de película de terror. Lo cierto es que al hablar con las usuarias de la copa encontramos testimonios de comodidad y practicidad. Son mujeres que no volverían a usar tampones o toallas, y que han descubierto en este artefacto una forma de relacionarse de manera distinta con su cuerpo y su periodo. Se trata de una opción interesante que es necesario desmitificar, pues puede ajustarse al estilo de vida de quienes están aburridas de las toallas higiénicas y los tampones.

“Una alternativa económica, ecológica y saludable”

Una mujer, en promedio, tendrá el periodo durante 38 años, tiempo durante el cual producirá 62.415 libras de basura (según las cifras de la EPA), entre tampones y toallas higiénicas desechadas. Por otro lado, una copa menstrual está diseñada para durar de cinco a diez años, lo que reduce considerablemente la cantidad de basura que producimos. Este fue el argumento que convenció a Juana Hernández, quien estaba buscando alternativas para su periodo pues, debido a su estilo de vida, estaba interesada en una opción más amable con el medio ambiente. Además, las toallas higiénicas nunca le habían parecido cómodas y el síndrome de choque tóxico causado por los tampones la ponía nerviosa. Se encontró, entonces, con la copa menstrual y decidió probarla. Asegura que fue relativamente rápido el aprendizaje sobre cómo ponerla y sacarla: “Al comienzo era un tanto misterioso cómo lograr ponerla bien, pero en internet encontré la información que necesitaba para superar eso. Aparte de esto, después de varios años de usarla, no he tenido ninguna dificultad. La recomiendo por ser económica, ecológica y saludable. Una copa dura varios años, no hay peligro de choque tóxico, como con los tampones, y mantiene la lubricación natural de la vagina durante el periodo”.

La maravilla de ser mujer

María Laverde siempre ha tenido una buena relación con su periodo, pues, para ella, forma parte de “las maravillosas condiciones y sensaciones de ser mujer”. Esto hizo que se animara a probar la copa, después de escuchar varios testimonios de usuarias en su clase de yoga. Después de su primer periodo con la copa se convenció de que era la alternativa más práctica y, además, la conecta con su feminidad. “Siempre he tenido una muy buena relación con mi periodo, y con la copa es como profundizar en ese vínculo. Además, me sirve para observar mi cuerpo, mi sangre, mi organismo, y saber, por ejemplo, si esta tiene un color saludable en relación con la tasa de hemoglobina y glóbulos rojos”, cuenta. Su recomendación general es aprender a manejarla, sobre todo en días en los que se pasa mucho tiempo fuera de la casa, pues es necesario lavarla cada vez que se cambia, y esto puede resultar imposible en un baño público.

“Definitivamente, es más cómoda”

La primera vez que Pilar Cubillos escuchó hablar de la copa fue en una página Nueva Era, en donde las mujeres se referían a la menstruación como su luna. Este acercamiento le causó rechazo: “Para mí, la regla es un asunto más bien biológico, al que hay que buscarle soluciones cómodas y no ‘energéticas’ o espirituales. Después, este tema ya circulaba en otro tipo de páginas y en artículos de prensa, en un contexto más científico o más informado, y me empezó a interesar”, explica. En alguna de esas notas leyó que, como la copa está hecha de silicona, no corre el riesgo de causar coágulos de sangre como lo tampones y, por esta razón, puede durar hasta ocho horas dentro del organismo. Cuando tuvo la copa entre sus manos, su preocupación inicial fue cómo ponérsela, pues al verla pensó que era demasiado grande y que iba a ser muy incómoda. Sin embargo, después de ver varios tutoriales en internet encontró la mejor manera de introducirla y retirarla, y ahora da testimonio de su increíble practicidad. “Definitivamente, es mucho más cómoda; solo hay que cambiarla una vez cada ocho horas, es ecológica. Además, sí sentí que se establece una relación distinta con el cuerpo. Con la copa hay una especie de conciencia o de evidencia de qué está sucediendo dentro de uno”.

ALGUNAS RESPUESTAS

¿Cuáles son las bondades de la copa?

Si estoy acostumbrada a otros productos sanitarios, ¿por qué debería cambiarme a la copa?

Si quieres sentirte libre y tranquila deberías usarla. Todo cambio aterra, estás usando algo con lo que te sientes relativamente cómoda, es tu zona de confort. Sin embargo, ese tipo de productos no suple todas tus necesidades durante la menstruación. Sufres de accidentes, te sientes incómoda por el mal olor. O, ¿quién me puede decir que duerme tranquila cuando tiene el periodo, o se levanta en las mañanas sin aceleres? A mí me tocaba dar un brinco de la cama al sanitario, usando tampón y toalla al tiempo. (Sé que algunas deben estar pensando: “Yo también”). Con la Copa Menstrual, sencillamente dejas de sufrir; se acaban los accidentes, se acaba el mal olor, no te sientes sucia, duermes tranquila toda la noche, no te maltratas al extraerla (aquellas que han usado tampón, especialmente el súper, saben a qué me refiero) y ese dinero que gastabas mensualmente, lo vas a poder usar en algo más, pues su vida útil son 10 años. Y por último, pero no menos importante, dejas de producir desechos contaminantes. ¿Sabías que una mujer puede llegar a usar más de 10.000 toallas o tampones en su vida? ¿A dónde crees que van esos desechos? Entonces, ¿por qué no salir de esa zona de confort? ¿Por qué no probar algo que es mejor que lo que usas?

¿Es fácil usarla?

Es muy fácil; como todo, requiere de práctica. Hay quienes desde el primer momento lo hacen a la perfección, otras sin embargo, se toman su tiempo. Lo importante es no desesperarse, tener calma y leer bien las instrucciones, no tener miedo de preguntar, se lava con agua y se esteriliza antes y después del periodo. Yo ayudo a resolver todas las dudas al respecto, sin tabúes. No te dejes llevar por el estigma que la sociedad en muchas ocasiones impone ante este tema, sigue este artículo No al tabú contra la menstruación y date cuenta que puede llegar a ser divertida cuando te llegue.

¿Cómo combatir la prevención que pueda haber por parte de las mujeres a la hora de usar la copa? ¿Cuáles son los temores que quizá se oyen por parte de las usuarias y que luego ellas mismas dicen: “Menos mal me atreví a usarla”, porque no había razón para tener esos miedos?

La primera pregunta de la mayoría es: “¿Cómo me la meto?”, tal cual me lo dicen. ¡Y abren los ojos! Una vez les explico, respiran más tranquilas. Obviamente, algunas dicen “sí”, otras dicen “no, yo no podría”. Pero nunca sabrás lo bueno que es, si no te atreves a correr el riesgo; los límites están en tu mente. Piensan en la limpieza, pero una vez les explico todo, entienden que no hay por qué preocuparse. Por lo general, las que usan tampón, son las más dadas a usar la copa. Y siempre las que invitan son las amigas. Me ha sucedido que es la hija quien convence a la mamá. A mí me convenció mi cuñada hace tres años, la compre en EE. UU. y con el envío me salió por un ojo de la cara. En ese momento me enteré que la inventaron en 1935. Imagínate lo atrasados que estamos. Confieso que me costó romper la barrera mental, pero, ¡es lo mejor que me ha sucedido en la vida! ¡No la cambio por nada! Soy feliz y dejé de sufrir. Invito a todas las mujeres a romper sus cadenas mentales, a atreverse a ser felices y, realmente, a disfrutar de la vida en los días de la menstruación.

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