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Las crisis de muchas mujeres que sienten que, cuando se trata de la crianza de sus hijos, sus esfuerzos nunca son suficientes, es retratada en la nueva comedia Bad Moms. ¿Será que el anhelado balance entre vida personal, familiar y profesional es una utopía?

En el libro How to Be a Women (Cómo ser mujer), la periodista inglesa Caitlin Moran afirma que las mamás son, por naturaleza, “superhumanas productivas”: “Dale a una madre recién parida un bebé que duerma por una hora y hará diez veces más cosas que una persona sin hijos”. Sin embargo, muchas no sonríen ante esta palmadita en la espalda; las estadísticas aseguran que en la actualidad las mujeres son menos felices que en los años 1970.

Y aunque la verdad duele, hay que sacarle algo de humor. Por lo menos eso fue lo que pensaron los creadores de la comedia The Hangover, quienes se describen como “esposos devotos y padres agradecidos”, y que decidieron burlarse de las distintas caras de la maternidad en su nueva cinta Bad Moms (Malas madres). Su objetivo es hacer reír a las que en realidad sufren por no poseer los supuestos superpoderes que les permitan cumplir con todas las metas que la sociedad y ellas mismas se imponen. “Vivimos en una loca cultura hijo-centrista en la que se promueve una perfección inalcanzable”, comentó en una entrevista Kathryn Hahn, quien encarna a la mamá soltera, junto a Mila Kunis –la mamá trabajadora y hastiada–, y Kristen Bell –la madre dedicada al hogar–. Pese a las rivalidades que pueda haber entre las distintas categorías, las actrices plantean que se trata de un llamado a la solidaridad.

“Porque no importa en qué bando se clasifiquen, todas las mamás hemos hecho algún sacrificio: ya sea menos tiempo para la pareja, la crianza, el desarrollo profesional, o para uno mismo... hasta para dormir”, comentó a FUCSIA Ximena Peña, profesora asociada de la Facultad de Economía de la Universidad de los Andes, especialista en familia. “Cuando una mujer dice que va a salir temprano de la oficina para llevar a su hijo al pediatra, sus colegas voltean los ojos; en cambio, si un hombre pide permiso para asistir a la presentación de su niña, lo aplauden porque es algo que suena fuera de lo común. El mundo no parece diseñado para que seamos madres, pero a ellos tampoco se les deja ser los papás que quisieran”, señaló Ana Hanssen, bloguera de la página web Baby Center, quien decidió dedicarse al hogar.

Darse látigo

El resultado de tanta exigencia suele ser la sensación de remordimiento. “Uno se siente celoso de lo que no tiene. A mí me encantaría ser ama de casa pero también adoro lo que hago, de manera que conjugo las dos cosas”, agregó Dana Holmes, creadora del sitio Metro Mom Club, que sirve como grupo de apoyo a las de su especie. “Los bebés crecen dentro de nosotras, son físicamente una parte nuestra, incluso al nacer. Así que dejarlos en ese estado vulnerable genera mucha culpa. Siento culpa cuando mi hijo llora porque quiere que juegue con él y yo estoy ocupada; cuando está enfermo y me toca pagarle a alguien más para que lo cuide; cuando debo darle snacks porque no tuve tiempo de preparar algo mejor. Pero me gusta que me vea trabajar. Creo que es importante que entienda que debemos hacerlo y que, además, podemos divertirnos”. De hecho, una investigación de la Universidad de Harvard muestra que las hijas de madres profesionales son más exitosas y tienen relaciones de mayor equidad. Ante este hallazgo, no faltará la mamá entregada a los quehaceres domésticos que empezará a sentirse culpable al pensar que está echando a perder a su pequeña.

¿Tales temores son inherentes a la maternidad? Hoy día las mujeres invierten cuatro veces más tiempo de calidad con sus niños que en 1974. En los papás, la cifra es siete veces superior comparada con la de cuatro décadas atrás. Yendo más lejos, en la Inglaterra victoriana lo habitual era que los dejaran a cargo de niñeras hasta que tuvieran edad para quedarse en un internado. Así lo explica la autora y conferencista internacional, mamá de cuatro hijos, Margie Warrell, para quien en años recientes ha surgido una “policía parental”, que dicta las directrices de qué es ser buen o mal padre. Su principal estrategia para combatir la culpa es responder de manera clara a la pregunta “¿por el bien de quién voy a trabajar? Algunas lo hacen por supervivencia básica. Otras por su propia realización. Están las que lo hacen por la seguridad que les brinda un ingreso o por estimulación mental. Yo lo hice por todas las anteriores. Lo que sucede es que a veces nos afectan las creencias y estándares de las demás personas que han hecho diferentes elecciones y necesitan justificarse”.

Hace un par de años, Sheryl Sandberg, directora ejecutiva de Facebook, inspiró a sus congéneres a lograrlo todo a la vez: carrera, bebés, marido, salud y apariencia impecable. En su discurso ¿Por qué tenemos tan pocas dirigentes mujeres? y en su libro Vayamos adelante, se quejó de la falta de ambiciones que llevan a quienes planean ser madres a cambiar sus sueños, “a dejar de levantar la mano y dar un paso al costado”. Ella, en cambio, se las arreglaba para salir de la oficina a las 5:30 de la tarde, con el fin de comer con sus hijos, leerles un cuento al acostarlos, y luego completar su jornada en el trabajo hasta pasada la medianoche.

El debate se calentó cuando la analista de política exterior Anne-Marie Slaughter le respondió en un ensayo, insinuando que para ser una heroína a su estilo se necesita ser rica, tener nana, chofer, jet privado y ser jefe. Aseguró que no es mera cuestión de determinación personal, pues impera una dinámica empresarial machista en la que se exige viajar constantemente y en la que se valora a quien se ofrece a quedarse horas extra frente al escritorio. A esto se suma que las generaciones actuales retrasan la maternidad, de manera que esta llega cuando se está alcanzando la cima profesional. Y es entonces cuando hay que escoger: dedicarse a los primeros años de la infancia y perderse algo de la adolescencia o viceversa... y siempre existirá el riesgo de quedar por fuera del mercado laboral. Lo dice quien, en la era Obama, llegó a ser la primera mujer en ocupar el cargo de directora de Políticas de Planeación del Departamento de Estado y se dio cuenta de que “no podía ser ni la trabajadora ni la mamá que quería ser”. Su conclusión: “Si más mujeres consiguieran el deseado balance, un mayor número de ellas tendría posiciones de liderazgo, y así harían que fuera más fácil para las demás seguir en sus carreras”.

Para Peña, parte de la solución es que empiece a mostrarse una versión honesta de cómo es la vida real de las mujeres que están en el tope de la pirámide: “Que admitan cuál es la libra de carne que tuvieron que cortarse”. Reconoce que padecer una grave enfermedad la hizo entender que no tenía que apuntarle a la perfección en ningún aspecto sino al “suficientemente bien”, a la tranquilidad y a una vida sencilla. “Llevo mirándole la cara a la muerte hace seis años y sobre eso no tengo el control”.

Argumenta que se necesitan mejores políticas públicas que incluyan centros de cuidado infantil de buena calidad y colegios de jornadas únicas con una variada oferta de actividades extracurriculares. “Las agendas de las oficinas no coinciden con las escolares. Los puestos de trabajo están organizados a partir de una estructura familiar que existía en los años 50. Los hombres también deberían abogar por una mayor flexibilidad en sus puestos, porque somos equipo. Pero cuando acaban de convertirse en papás nadie les pregunta a ellos si van a regresar al trabajo o se dedicarán de lleno al bebé”.

Ecografía de la maternidad

40 horas a la semana invierten las mujeres en trabajo remunerado y 32 más al no pago. Las cifras de los hombres son 48 y 13, respectivamente, según el DANE.

60 horas semanales de trabajo durante 3 décadas triplica en las mujeres el riesgo de sufrir de diabetes, cáncer, artritis y problemas cardiacos.

81 por ciento de las mujeres se siente culpable por dejar a sus bebés al trabajar. El 39 por ciento de los padres siente lo mismo.

1 de cada 7 madres teme pedir flexibilidad laboral.29 por ciento de mujeres se dedica al hogar. La cifra ha ascendido en los últimos años.

34 minutos de actividades domésticas hacen los hombres por cada hora femenina. Y emplean 24 minutos de cuidado a los hijos por cada hora que dedica una mamá.

40 por ciento de los hogares con niños tiene una madre como principal proveedora.

51 por ciento de los participantes de un estudio de la Pew Foundation cree que los niños están mejor si la mamá se queda en casa. El 74 por ciento considera que el hecho de que ellas trabajen dificulta la crianza.

61 por ciento de las propietarias de negocios integra las responsabilidades laborales y familiares gracias a la tecnología. El 44 por ciento les permite a sus empleados flexibilidad.

30 por ciento de los hombres reconoció en una encuesta hacer mal las labores domésticas para que sus parejas no vuelvan a pedirles ayuda.

4 a 5 horas en promedio duermen las madres.

90 por ciento confiesa que la maternidad afectó su relación de pareja y el 70 por ciento, que su vida sexual es nula.

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