COMENTARIOS

De la esclavitud a la comodidad

De la esclavitud a la comodidad De la esclavitud a la comodidad

Esos arneses que parecían máquinas de tortura, le dieron paso a incómodos sistemas para achicar la cintura y realzar el busto, que son cosa del pasado. Hoy, moda y tecnología se unen en busca de la perfección.

 
Hasta principios del siglo XX, y desde centurias antes, las mujeres iban por el mundo comprimidas por corsés y debían adaptarse a una silueta mentirosa que realzaba el busto y las caderas, y estrechaba al máximo la cintura. El modisto Paul Poiret cambió esa historia. En 1906 revolucionó al mundo con el vestido sin corsé y cintura alta, cuando la silueta en forma de ‘S’ todavía aún era muy popular. Así empezaba a insinuarse el cambio de las voluptuosas formas artificiales del siglo XIX a un estilo de avanzada que exhibía la belleza natural del cuerpo. Aunque el corsé no desapareció de un día para otro. 

Algunas renegaron de esa nueva forma de vestir “poco femenina” y “demasiado oriental”, pero cuando la disfrutaron, cayeron en sus redes. Los años 20 y 30 vivieron el esplendor de la libertad y la fluidez, se encargaron de ocultar cualquier defecto de las féminas y las dejaron vivir tranquilas sin nada que las atara. Sólo las pantimedias seguían su dictadura, pero además de ser imperativo su uso, imprimían un aire de sensualidad y misterio. En 1947, con el nuevo estilo de cintura de avispa introducido por el new look de Chritian Dior, reapareció una prenda interior similar al corsé, de elásticos y tela, mucho más cómodo. Los años 50 convivieron con ese invento, pero llegó la rebeldía de los 60 y 70 que no soportaban ataduras. La libertad era religión.

Jean-Paul Gaultier se hizo famoso en el esplendor de los 80 con las prendas que lanzó a la fama Madonna. Amaba la parodia y cogió prendas de lencería y las sacó al exterior.
Hoy, para moldear el cuerpo o exhibirlo, el corsé ha vuelto. Con la diferencia de que los avances textiles y la unión de moda y tecnología los ponen en la esquina contraria de los que hace siglos marcaron la cintura, pero también sacaron sangre.
 
Control y soporte
Acercarse a la figura perfecta es posible sin grandes sacrificios gracias a adelantos que controlan y soportan esas imperfecciones que hacen que la ropa no horme bien y luzca sin gracia. Esto se logra con prendas que se pegan al cuerpo como una segunda piel sin dejar marcas de ningún tipo.


También le puede interesar

COMENTARIOS

Este es un espacio de participación de los usuarios. Las opiniones aquí registradas pertenecen a los internautas y no reflejan la opinión de Publicaciones Semana. Nos reservamos el derecho de eliminar discrecionalmente aquellos que se consideren no pertinentes.
Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.