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De prueba con Arturo Calle

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De prueba con Arturo Calle De prueba con Arturo Calle

José Gabriel Ortiz se le midió al reto de escudriñar en la vida y obra de uno de los empresarios más hábiles y exitosos de Colombia.

 
Este hombre que, a pesar de llevar varias décadas radicado en Bogotá, no ha perdido ni un ápice de su acento paisa, es un verdadero ejemplo de tenacidad, trabajo, visión y buen mercadeo. Su marca, Arturo Calle, es un referente de moda, economía y calidad. Recibió a FUCSIA en una charla en la que hizo gala de una de sus mejores cualidades: la de ser un excelente conversador.

Comencemos por el tema de moda. ¿A la industria textil y de confecciones en Colombia, ya la afectó la crisis económica mundial?
Sí. Indudablemente, no solamente en la industria textil y de las confecciones, sino en toda la industria colombiana, ya se siente el efecto de la recesión mundial, pero le cuento que yo presiento que afortunadamente no durará mucho tiempo y que muy pronto veremos la luz al final del túnel.

¿Cuáles serán las mayores falencias de nuestro país para la industria de la confección en general?
Dos muy concretas. La falta de una industria nacional textil (paños, telas, géneros) grande, de calidad y competitiva; y las altas tasas de intereses a la industria en general.

Vamos al origen de la empresa Arturo Calle. ¿Por qué un paisa tan raizal como usted, decide, siendo prácticamente un niño, venirse y radicarse aquí, en Bogotá?

Efectivamente, yo tenía 20 años, en mi casa éramos nueve hermanos, la situación no era muy boyante que dijéramos y, como buen paisa, me vine a buscar mejor suerte aquí en la capital. Y fíjese, José Gabriel, que el primer puesto que conseguí, fue en un pequeñísimo local de ropa masculina, que quedaba ubicado cerca de la Estación de la Sabana, me acuerdo que se llamaba La Camisita y, sin exagerarle, no creo que tuviera más de diez metros cuadrados de área.

¿Y cuando llegó a la independencia?
Como es la vida. El dueño de ese almacén, que ya me había nombrado administrador, tenía también una agencia distribuidora de confecciones, cuya bodega se incendió completamente un día, y lo poco que se salvó yo se lo negocié a la Compañía de Seguros. Y si hablamos en pesos de la época, yo lo compré por $10.000 y logré venderlo al muy poco tiempo por más o menos $100.000. Y como diría el chiste bobo, con ese 1 por ciento de utilidad, yo me comencé a bandear en la vida.

Pero, ¿cuando nació la firma Arturo Calle como tal?
Como le contaba, mi primer almacén se llamaba La Camisita, pero como no me gustan mucho los diminutivos, mi primer jefe a quien yo le compré ese almacén, me recomendó el nombre de Danté, que según sus propias palabras, era el nombre de un almacén de prendas masculinas muy “sofistiqué” que existía en Panamá. Y así le pusimos. Pero con el tiempo, un amigo me sugirió que para una mejor recordación de marca (técnicas de mercadeo, que yo para esa época desconocía totalmente) le pusiera mi nombre que era corto y muy llamativo. Me convenció, diseñamos el primer logotipo, y así nació, en pleno centro de Bogotá, el primer almacén Arturo Calle de esta empresa, que hoy debo reconocer con modestia, es orgullo de Colombia en el mundo.

¿Quién le confeccionaba la ropa?
En esa época el comercio no confeccionaba, sino simplemente comercializaba las prendas y marcas que fabricaban algunos centros de producción especializados, en Barranquilla, Medellín y Pereira. Como sería el caso de Puritan, Van Heusen, Bacarat, Jarcan. Uno no tenía marca propia.

Entonces, ¿cuándo se lanzó a producir usted mismo su línea Arturo Calle?
Cuando comenzamos a crecer, vimos que no era sano depender de esos proveedores, y que era paso obligado comenzar a producir una propia línea de ropa. Entonces fue ahí cuando me dediqué a buscar fábricas que por maquila me produjeran mi línea de ropa sport, mis trajes para caballero y, más tarde, mi propio calzado. Yo les entregaba las materias primas, mis marquillas, mis diseños y ellos me los confeccionaban.

¿Y después qué vino?
Ahí, ya en esa etapa, es cuando di el gran salto. Ya conociendo varios fabricantes que me hacían maquila, tomé la decisión de asociarme ‘50 y 50’ con tres de ellos. Una empresa en Pereira nos fabrica la ropa casual y de sport y otras dos en Bogotá: una, los vestidos, pantalones y chaquetas para hombre; y la otra, los artículos de cuero. Así yo termino, de alguna manera, produciéndome toda mi línea de productos.

Don Arturo, tengo entendido que Arturo Calle no es una sociedad ni limitada, ni anónima, ni en comandita por acciones, sino que es usted como persona natural, ¿por qué?
Hasta el momento, así es. Y le voy a explicar por qué. Porque cuando uno comienza es muy bueno ser el amo y señor de todas sus cosas (risas…), pero creo que ya me llegó el tiempo de convertir a Arturo Calle en una sociedad anónima, donde sus promotores, directores y dueños vayan a ser mis hijos, todos los cuales están vinculados anímica, profesional y laboralmente a esta pujante empresa. Uno algún día tiene que irse de este mundo, entregándole a sus hijos todo lo que tiene.

Entre Arturo Calle y sus tres empresas productoras, ¿cuánto empleo genera?
Para la temporada normal unos 4.500 y en temporada alta sube a unos 6.000, aproximadamente.

¿Es cierto que usted nunca entra a un almacén cuando está abierto al público?
Sí, esa es una maña que yo tengo. Resulta que para mí, cualquiera de mis almacenes es una obra de arte, y claro, cuando está abierto al público, pues hay camisas abiertas encima de los mostradores, vestidos sobre los muebles para ser probados por la clientela, en fin… y ese desorden, inevitable por supuesto, me produce mucho impacto. Así que sólo visito a mis almacenes cuando están cerrados, perfectos, en total orden y pulcritud, listos para recibir a nuestro público.

Yo sé que a usted le han hecho muchas ofertas para exportar su línea de ropa a los cinco continentes. ¿Por qué se ha resistido a hacerlo? ¿Por qué no ha dado ese paso?
Hasta el momento no lo hemos hecho, porque toda nuestra capacidad de producción la absorbe el mercado nacional. Y éste es a quien me debo. Pero, desde luego, a corto plazo tendré que dar ese paso, para exportar nuestra marca y nuestra línea. Pero cuando lo hagamos, trataremos de hacerlo de la mejor manera posible, como hasta el momento creemos haberlo hecho aquí en Colombia. Y lo haremos buscando grandes cadenas que nos distribuyan en forma exclusiva nuestra línea, diseños y productos, mediante el sistema de franquicia. Así que le tengo ‘la chiva’, José Gabriel, que en poco tiempo la marca Arturo Calle, estará en el mundo entero.

¿Por qué no producir la línea femenina?
Algún día habrá que hacerse. Se vende más la ropa femenina y es mucho más rentable. Pero yo creo que ese proyecto ya lo tendrán que llevar a cabo mis hijos. El único consejo que les daría, es que el día que lo hagan, inauguren el mismo día y a la misma hora, por lo menos 30 almacenes en todo el país. Eso de uno en uno no funciona, José Gabriel. Se lo digo por experiencia, acuérdese que yo en relativamente pocos años, pasé de un almacén de ocho metros cuadrados a manejar más de 120 mil.

¿Qué piensa de la llegada de Zara a Colombia?
Para mí no es competencia, sino una empresa colega. Siento gran orgullo de competir ‘de tú a tú’ en Colombia, con la empresa de confecciones más grande del mundo. Ellos están en lo suyo, yo estoy en lo mío. Nos respetamos mutuamente.

En el mundo de la moda, ¿a qué mujer admira en Colombia?
Sin dudarlo le contesto su pregunta: a Silvia Tcherassi, por su profesionalismo, por su talento, por su capacidad de innovación, por su sencillez.

Ya para terminar, en materia social, ¿qué está haciendo Arturo Calle?
¡Huy, José Gabriel!, en el tema social, si yo le contara lo que ésta compañía está haciendo en este aspecto y lo que todos los empresarios de este país tenemos la obligación de hacer en este campo, se nos irían por lo menos tres horas más de conversación. En este tema sí que hay “tela de dónde cortar”. Otro día le cuento las bellezas que estamos haciendo en esa materia de ayuda social.

Pero antes de irse, déjeme probarle un vestido nuestro, para ver si deja la “mañita” esa de mandarse a hacer la ropa sobre medidas. Es que hoy en día, si uno tiene a una persona y a una empresa como Arturo Calle, ¿para qué acudir a algunos sastres?
 

 

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