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Débora Arango

Débora Arango Débora Arango

Los desnudos que “se atrevió” a pintar y a exponer le valieron odios, críticas de la sociedad y hasta amenazas de excomunión.

Si algo deben agradecerle las nuevas generaciones a esta pintora antioqueña, es el camino que abrió con su forma de pensar y su no claudicación en una época en la que la mujer no tenía voz, su opinión no contaba y mucho menos podía expresarse. Débora fue la octava de los doce hijos de Cástor Arango y Elvira Pérez, y vivió su infancia en una casona del centro de Medellín, donde dio sus primeras muestras de interés por el dibujo y las artes, que comenzó a explorar de manera autónoma. En el Colegio María Auxiliadora de Medellín, la madre María Rabaccia la animó a dedicarse a la pintura. Su vida transcurrió entre el colegio, el caballete y muchas horas en la biblioteca de su tía Francisca Arango, donde forjó la férrea personalidad que la acompañó hasta su muerte en el 2005.

En el Instituto de Bellas Artes de Medellín fue discípula de Eladio Vélez y luego del maestro Pedro Nel López, con quien encontró en el desnudo una forma de expresión. En 1939 expuso algunas obras que escandalizaron a la sociedad antioqueña y fueron calificadas de “impúdicas que ni siquiera un hombre debía exhibir... dignos de figurar en la antesala de una casa de Venus”. No era ni sería nunca una mujer convencional. Sus obras suscitaron tal rechazo, que muchos pidieron su excomunión. Recorrió el mundo en busca de su propio sueño y plasmó en su obra temas sociales y políticos con mucha crudeza. “Son característicos sus personajes sórdidos o marginales, alejados de lo estético. Prostitutas, maternidades grotescas, monjas caricaturares, que la artista retrata más allá de lo físico, incluyendo sus ansiedades reprimidas, su marginalidad social, la sátira y lo más descarnado de la cotidianidad profana. “Yo concibo el arte como una interpretación de la realidad y eso me posibilita el llegar, a través de él, a la verdad de las cosas: sacar lo oculto, lo que no se puede manifestar abiertamente”, se lee en una crítica de entonces.

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