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Entre la dieta del ayuno y la cavernícola

Revista Fucsia

Entre la dieta del ayuno y la cavernícola El régimen Paleo invita a comer como en la Edad de Piedra, los alimentos previos al furor de la agricultura no solo para adelgazar sino para evitar enfermedades crónicas.

La una permite comer lo que se desee día de por medio y la otra invita a alimentarse como en la época de las cavernas. ¿Cuál de estos regímenes de moda funcionan? FUCSIA consultó a los expertos detrás de estas dos iniciativas.

Cuando se habla de peso, los números dicen mucho, y no solo los de la báscula. Desde los años setenta, el método nutricional Atkins ha demostrado ser uno de los más populares, pues su teoría de bajarle a los carbohidratos, sin importar cuánta grasa se consuma, es responsable de la venta de 45 millones de libros. (Lee: 'La dieta Atkins, el secreto de las famosas').

La industria de la pérdida de kilos es un negocio tan rentable que se estima mueve al año más de 50 mil millones de dólares globalmente, incluyendo los textos sobre dietas, las medicinas y cirugías. Considerando que, según el National Center for Health Statistics, cerca del 70 por ciento de personas mayores de 20 años sufre de sobrepeso en Estados Unidos, se entiende el eco que tiene cada nuevo régimen alimentario que promete buena salud y un físico envidiable en pocas semanas. (Lee también: 'Productos dietéticos: ¿verdad o fraude?').

La doctora Krista Varady, experta en nutrición de la Universidad de Illinois, Chicago, considera que no hay que tomar este tema a la ligera y por eso tardó 10 de sus 34 años en obtener una base científica para crear la dieta 4:3, o la 3:4, mejor conocida como la de “un día sí, el otro no”. Como su nombre lo indica, consiste en un proceso intermitente que alterna un día de ayuno, en el que solo se consumen 500 calorías (alrededor de 480 las mujeres, 520 los hombres) y un día de “fiesta”, en el que todo está permitido: “En verdad puedes comer lo que quieras, no hay restricciones en términos de grasas ni dulces”, explicó la especialista a FUCSIA. “He realizado una amplia investigación en la que hubo unos 600 participantes y pude concluir que las personas pierden entre 10 y 30 libras (hasta casi 14 kilos) en ocho semanas. Al mismo tiempo, presentan una consistente disminución en los niveles de colesterol, presión arterial y azúcar en la sangre. De esta manera la dieta puede proteger contra las enfermedades del corazón y la diabetes. Además mantiene la masa muscular”.

La clave está en consumir solo el 25 por ciento de las calorías habituales (unas 2000 o 2500) cuatro días una semana y tres la siguiente. Según Varady, el cuerpo se acostumbra a este patrón de alimentación de manera que cuando hay licencia para comer, no se alcanzan a reponer las calorías que dejaron de ingerirse, “pues los pacientes solo toman alrededor del 110 por ciento de sus necesidades calóricas normales”. Todo se debe a la reducción de la ansiedad porque saben que cada día de por medio podrán darse gusto. Por eso no teme aseverar que su método es el más eficaz: “Las personas pueden seguirlo a largo plazo, por lo sencillo que es y porque no restringe ningún tipo de alimento”. Cuando se alcance el peso deseado, para mantenerlo, en los días de ayuno la ración de calorías aumenta a 1000 (dividida en dos comidas).

Para la jornada de dieta la especialista recomienda no desayunar ni servirse varias miniporciones de comida, sino almorzar o cenar las 400 calorías y tener un snack de otras 100. También es importante tomar bebidas calientes sin azúcar, que producen sensación de saciedad, así como elegir proteína animal o vegetal, y hacer ejercicio en la mañana y no en la noche porque este despierta el apetito. “El número de menús que funcionan es sorprendente. Una hamburguesa con queso de McDonald’s tiene 295 calorías; seis McNuggets, 250, y una ensalada de pollo con tocineta (sin aderezo), 190”, anota en su libro The Every Other Day Diet. Pero resulta aún más asombroso que encontró que quienes incluían alimentos ricos en grasa perdieron más peso porque se sentían satisfechos rápidamente y no presentaron problemas de salud asociados. 

Sin embargo, para la nutricionista Carolina Camacho, bajo este régimen se podría incurrir en ingestas excesivas de comida chatarra. “Creo que funciona para los compulsivos que con dietas crónicas se sienten muy limitados y que suelen meterse en regímenes muy estrictos para romperlos después, porque el organismo les pasa la cuenta de cobro. Pero no trata la raíz del problema que es la adicción. Lo ideal es comer de la forma más natural posible, evitando los enlatados, colorantes, conservantes y paquetes. Mi regla es que si un producto tiene más de tres ingredientes en la etiqueta y algunos ni siquiera se pueden pronunciar es mejor no comprarlo”.

Justamente, el tema de volver a lo estrictamente natural es la obsesión de otra dieta de moda, la de Paleo, cuya consigna es comer al estilo de la Edad de Piedra, una iniciativa que cuenta con el fervor de celebridades como Miley Cyrus. “Se ha comprobado que el estilo de vida de las sociedades no occidentales les permitió en el pasado mantener una baja incidencia de enfermedades crónicas, obesidad, diabetes, problemas coronarios, cáncer, alergias, presión alta y colesterol, tan comunes en el mundo industrializado”, expresó a esta revista el doctor Loren Cordain, fundador del movimiento que avala esta teoría. “La composición genética humana es idéntica a la del paleolítico. Nuestros ancestros estaban adaptados óptimamente para los alimentos que podían recolectar o cazar. Nuestros genes se han mantenido estables, mas no así nuestra dieta”.

En su libro The Paleo Diet, el autor culpa a la revolución neolítica y su agricultura, a la llegada de nuevos alimentos como el pan y a la Revolución Industrial de este cambio radical y peligroso. El diario The Independent bromea con que la regla de oro de sus seguidores podría ser no comer “lo que no puedas coger de un árbol o no puedas atravesar por una lanza”. Lo suyo es la carne magra de animales alimentados con pasto, el pescado, las frutas y vegetales frescos, los huevos, las nueces y semillas. No se permiten los lácteos ni los cereales (nada de avena, cebada, arroz o trigo). El gluten es un enemigo y no son bien vistas las leguminosas (resultan inflamatorias), las papas (por su contenido de almidón), los aceites vegetales y los azúcares (aunque la miel se acepta). Sobra decir que los alimentos procesados están fuera de la dieta porque el cuerpo no está ancestralmente programado para consumirlos.

 “Los estudios han revelado que el menú Paleo genera una mayor saciedad y es más efectivo para adelgazar que el mediterráneo. Además, aunque elimina dos grupos enteros de alimentos (granos y lácteos) es más rico en nutrientes (vitaminas y minerales) que la dieta sugerida por el Departamento de Agricultura de Estados Unidos”, comentó el especialista.

Carolina Camacho considera que lo importante es aprender a oír al cuerpo: “El ser humano es el único animal que toma leche de otros mamíferos en su edad adulta. Si a una persona no le cae bien es que no puede metabolizarla y su organismo se lo está advirtiendo”. Aun así, señala que en asuntos de nutrición no es aconsejable caer en extremos. “Hay que buscar un balance, por ejemplo, que el 80 por ciento de la dieta sea saludable, abundante en frutas y verduras, principalmente a base de carnes blancas, y que permita un 20 por ciento de pequeños pecados como una bandeja paisa cada 15 días”. 

(Lee también: '10 consecuencias de las malas dietas').

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