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¿Es posible curar con el sonido?

Revista FUCSIA

¿Es posible curar con el sonido?

El estrés, la ansiedad y muchos malestares físicos se producen cuando algo en el cuerpo está “desafinado”. Para muchos, en las sesiones de terapias con instrumentos ancestrales se encuentran mejores medicinas que en las droguerías.

Anthar Kharana compara el cuerpo con una guitarra… y no precisamente por su silueta. Como sonido-terapeuta trabaja con los chakras o centros energéticos, cada uno de los cuales tiene una vibración que está alineada con una de las siete notas musicales. “Al corazón le corresponde ‘fa’, por ejemplo”, señala este colombiano que fundó en el Reino Unido la escuela Tribal Sound Healing. “Todo es vibración. Las partículas de nuestro organismo tienen su propia frecuencia, pero no las percibimos debido a nuestro limitado rango audible.

Un fuerte dolor de cabeza que un examen neurológico no es capaz de explicar puede ser producido por la frecuencia de una lámpara en la oficina: que no se oiga no quiere decir que no exista. Es necesario ‘afinarnos’, lo que se dificulta en medio de las interferencias a las que estamos sometidos en las ciudades”. No es casualidad que las personas busquen desconectarse en el campo, ni que se hayan puesto de moda los tanques de privación sensorial, que son como piscinas libres de luz y gravedad en las que impera el silencio.

Es cuestión de recuperar la sincronía: “Hay que recordarles a los órganos cómo suenan, devolverle al cuerpo su armonía natural. La clave está en la resonancia que ocurre cuando una vibración se activa y hace que algo más vibre de la misma manera”, comenta Alejandro Villalba, director del Sounds & Health Center de Bogotá, al exponer el principio de física detrás de esta práctica. “Por algo un precepto indio antiguo expresa que el sonido puede matar o curar”. La ansiedad, la depresión y el estrés son algunos de los padecimientos que se alivian con los estímulos sonoros apropiados.

“En el cerebro hay una vía auditivo-motora que significa que el sonido tiene la habilidad de movernos. Por eso nos resulta irresistible balancear nuestras cabezas y llevar el ritmo con los pies cuando escuchamos música. Las frecuencias de nuestras ondas cerebrales son arrastradas y envían un mensaje al sistema nervioso autónomo para reducir las palpitaciones y la presión arterial. El cortisol, la hormona del estrés, decrece, mientras la dopamina, el químico del placer, aumenta”, puntualiza Lyz Cooper. fundadora de The British Academy of Sound Therapy.

De acuerdo con una investigación del Journal of Advanced Nursing, oír música contribuye a reducir el dolor en 21%. Otro estudio determinó que al analizar la voz de un paciente se puede establecer qué frecuencias le hacen falta, las cuales estarían relacionadas con debilidad en ciertas partes y por ende, con enfermedades. Un documental titulado Alive Inside refleja cómo hay un impulso de regeneración cognitiva en quienes padecen demencia o alzhéimer al oír esas canciones especiales de su vida.

Moda ancestral

Incluso existen investigaciones que apuntan a que una frecuencia poderosa tendría la capacidad de destruir células cancerosas. Aun así, el doctor Juan José Lopera, especialista en medicinas alternativas y creador del coro terapéutico Crisálidas de sanación, comenta que, al respecto, no falta la mitología. Sin embargo, es un fiel creyente del poder del sonido: “Es algo que las culturas ancestrales conocían muy bien, pero hoy, gracias a las redes sociales, ha habido un nuevo auge. La función de la música sagrada, antes que la alabanza, fue lograr la transformación de la conciencia”.

“El yoga del sonido (o Naada, que usa los mantras como soporte de la meditación) tiene más de 4.000 años”, agrega la fonoaudióloga Catalina Soto, consultora del Método Tomatis, que está basado en la estimulación neurosensorial a partir de Mozart, los cantos gregorianos y la voz materna. “Ya se sabe que las frecuencias graves armónicas favorecen la serenidad porque regulan los ritmos cardíaco y respiratorio, y las agudas dan energía”.

Tanto la músico-terapia, que utiliza melodías y canciones, como la sonido-terapia, que se basa en las frecuencias, permiten que el paciente llegue a un estado de “trance”, en el que se facilita la incorporación de mensajes positivos, que hacen que se logre una transformación a nivel no sólo cognitivo, sino también emocional y fisiológico. “Es como quitar los cerrojos para acceder a un espacio del inconsciente donde se había cristalizado una creencia nociva que se manifiesta en el síntoma de una enfermedad”, concluye Lopera.

El sonido es inteligente y sabe a dónde tiene que llegar para hacer su trabajo. “En la terapia con cuencos de cristal, la vibración entra en el cuerpo y si tropieza con algo es porque hay un bloqueo, que es el que se debe demoler. Uno como practicante que ha desarrollado el oído, nota la desafinación. Así se sabe qué órgano hay que poner a resonar y se le entrega la frecuencia que necesita”, afirma Villalba, quien sostiene que gracias a que el cuerpo se regenera, una sesión de una hora equivaldría a ocho horas de sueño.

“Al inducir a la persona en un estado de ensoñación, se le ayuda a hacer conciencia de sus emociones. En esto no funcionan los genéricos como el acetaminofén para los dolores de cabeza”.

El botiquín de primeros auxilios de Anthar está compuesto por toda clase de instrumentos de culturas milenarias: cuencos tibetanos, gongs chinos, tambores chamánicos y el didyeridu australiano. “Pero antes de ponerlos a sonar, lo primero es conversar con el paciente, pues lo más sanador es hablar y ser oído. Con alguien que esté tensionado, prefiero usar los cuencos y cantos, mientras que a quien necesite dinamismo lo sacudo energéticamente con la ayuda de tambores”. Considera que en la actualidad hay una especie de epidemia de insomnio pues la mente vive agitada: “Para eso recomiendo la música de flautas nativo-americanas”.

El experto advierte que debido a la popularidad de estas prácticas, “abundan los aficionados que se dedican a ellas sin tener el entrenamiento, pues simplemente consiguen un cuenco en internet. No tienen ni idea de que hay frecuencias que pueden desencadenar ataques epilépticos”.

Anthar también realiza rituales para grupos, llamados ‘viajes de sonido’ y terapias de parejas: “A las que tienen conflictos les celebro una ceremonia en la que unen sus manos mientras sujetan cristales de cuarzo, para que la energía de ambos se condense en una sola”. Como dato curioso destaca que la frecuencia original de la tierra ronda los 8 Hertz (ciclos por segundo), la misma que el cerebro en estado de relajación. “Por eso, el sonido adecuado es la mejor medicina para entrar en contacto con nosotros mismos, el planeta y sanar”.

El poder de la voz

- “Nuestra voz es un instrumento vivo. Es a la vez música, medicina y meditación. Al cantar o entonar, comprometemos nuestra respiración, ritmo cardíaco y musculatura abdominal; estimulamos glándulas como la pituitaria y la hipófisis de una manera similar o más profunda que la acupuntura. Cada órgano resuena e inmediatamente se genera bienestar”, manifiesta la terapeuta de Reiki del sonido Daniela de Mari, cantante de la agrupación Breath of Life.

- El murmullo recuerda la sensación de estar en el vientre materno. Al inhalar y entonar un “MMM” prolongado con la boca cerrada (porque es la letra que suena hacia adentro), mientras se suelta el aire por la nariz, se realiza un masaje interno.

- Cantar en un tono bajo el sonido “AHH” durante cinco minutos relaja. “Hago este ejercicio después de un día pesado”, cuenta la experta Lyz Cooper. Y pronunciar en un tono alto un “EEE” estimula. “Uso esta ‘cafeína sónica’ en las mañanas o antes de una conferencia”. * Las vocales sirven para hacer un diagnóstico: “La manera como pronuncio la ‘a’ habla del espacio que merezco en el mundo. La ‘e’, de lo que trato de ocultar; la ‘i’, de la capacidad de enfoque; la ‘o’, de mi profundidad, y la u, de la manera de dar y recibir amor”, cuenta el músico Alejandro Villalba. * El mantra más poderoso es el nombre de cada persona.

“Si quiero darme confianza, lo canto ensayando diferentes ritmos, tonos y prolongaciones”, asegura la fonoaudióloga Catalina Soto. Se pueden crear también oraciones sobre lo que se quiere lograr y luego eliminar los artículos: “Atraigo amor”. Se recomienta incluir nueve palabras máximo, que serán acompañadas de melodía.

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