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El amor es cuestión de suerte

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El amor es cuestión de suerte

El encuentro del amor perfecto puede equipararse con la búsqueda de un tesoro sin saber dónde está enterrado.

Mucho se ha escrito y discutido sobre el amor. Todos quisiéramos un manual de instrucciones para no equivocarnos en cuestiones de amor, pero creo que estamos destinados a no entenderlo jamás.

Uno se pregunta por qué algunas parejas funcionan como un reloj suizo. Se conocen, se enamoran y pasan toda la vida juntos. No saben de desamor, ni recuerdan haber sufrido de mal de amores, y desarrollan una relación simbiótica con su pareja. También están aquellos que se conocen y se adoran a los cinco minutos, pero luego descubren que son como el agua y el aceite y de buenas a primeras uno ellos decide que se le acabó el amor y se va, dejando al otro destruido.

Acaba de publicarse un libro, Nosotros los norteamericanos hablamos del amor, de John Bowe, bastante ilustrativo al respecto. De 42 años, dedicado a investigar el tema de la esclavitud moderna, Bowe decidió un buen día que no tenía tiempo de enamorarse y se dedicó de lleno a su carrera. Hoy sufre porque no tiene una pareja y unos hijos. Hace tres años se enamoró profundamente de una mujer que vivía en otro país y tenía dos hijos, y no fue posible, aunque hicieron todo lo que estaba a su alcance, trasladarse a vivir juntos. El dolor que le causó este amor imposible lo decidió a investigar el tema, que basó en una serie de entrevistas.

Sorprende la forma como Bowe armó su obra, que no es un tratado filosófico ni un manual que enseña cómo atrapar a una pareja. Es simplemente una colección de relatos de personas del común, algunos de éxito, otros de fracaso. No desdeña ninguna de las facetas que constituyen el amor: el deseo, la obsesión, la ambición o la devoción; todas están presentes. Aparece, por ejemplo, la historia de una adolescente de 17 años que no logró sobreponerse al hecho de que su novio la hubiera abandonado por otra y entró en un estado de depresión. La del obsesionado que perseguía a la mujer de sus sueños y se pasaba horas enteras ante un computador espiándole su cuenta de Facebook.

No falta el viudo que se dedicó a salir con cuanta mujer encontrara a su paso, y que contabilizó más de 300 en esta búsqueda sin que lograra volverse a enamorar. Entre las historias con final feliz está la de la mujer que después de estar casada durante muchos años descubrió que era lesbiana, encontró a la mujer de su vida y, como en los cuentos de hadas, vivió dichosa.

Después de leer esas historias, mi conclusión es que el amor es cuestión de suerte. Uno encuentra a la persona que es en el momento indicado, sin una receta en la mano. La complejidad del alma humana no permite descifrar o condensar toda esa información en una fórmula mágica, pero es interesante leer estas experiencias y descubrir una infinita variedad de emociones. Esto me lleva a la pregunta de por qué es hoy en día tan difícil mantener una relación durante toda una vida.

Tal vez la historia tenga la respuesta. El tema del matrimonio por amor es una novedad en la humanidad. Hasta hace no mucho tiempo la gente se casaba por conveniencia. Las alianzas matrimoniales para evitar las guerras eran el pan de cada día. Por ejemplo, Napoleón Bonaparte repudió a Josefina, la mujer que amaba, por casarse con María Luisa de Austria. Y Luis VII se casó con Leonor de Aquitania para quedarse con el ducado, luego la repudió y ella se casó con Enrique II de Inglaterra, lo que le dio pie a Inglaterra para pretender el trono de Francia, el detonante de la Guerra de los Cien Años entre los dos países. A nadie se le ocurría cuestionar la conveniencia de esas uniones.

Pero a nosotros nos tocó la idealización del amor.
El cine, los libros y la televisión se han dedicado a contar historias de amor maravillosas que hemos terminado por creer y por lo tanto las expectativas son altas. Como todos están buscando a la pareja perfecta y no la encuentran, prefieren quedarse solos. Cómo estará de grave la cosa, que el 47% de las mujeres colombianas contestaron en una encuesta reciente que no quieren casarse. Me imagino que el número de hombres debe ser mayor, pero a ellos no les preguntaron. 

”¿No habrá llegado la hora de considerar que un marido bueno está bien, en lugar de estar buscando el perfecto que nunca llega?”, esta frase que leí en un periódico inglés, me parece que es la respuesta a estos interrogantes. Pues lo perfecto es enemigo de lo bueno o, como diría mi mamá: “Tanto miró el diablo a su hijo, que lo dejó tuerto”. 

El final de la historia de Bowe es que él hubiera dado la vida por no haber sido tan arrogante, por no creer que tenía todo el tiempo del mundo para construir una relación y que podía dedicarse a su carrera, que nunca iba a ser demasiado tarde para encontrar el amor.

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