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El clóset de los malos polvos

Odette Chahin

El clóset de los malos polvos Aparentemente, ella tenía un buen vibrador.

Este no es un lugar exclusivo para la ropita y para algunos gays temerosos.

Uno siempre tiene alguna pareja de amigos a los que idolatra, que se ven tan divinos juntos que uno hasta se imagina lo espectaculares que serán sus hijitos si heredan los ojazos de él y el súper cuerpo de ella. Uno los envidia en silencio, y todas las noches le reza a San Antonio para que le mande algo parecido.
 
Pues bien. Un día, para sorpresa de toda la humanidad y sus miles de seguidores, los ‘Angelina y Brad’ de mi círculo social decidieron divorciarse. Meses después mi amiga, ‘Angelina’, me confesó algo que jamás le había dicho a alguien: su ‘Brad’ era mal polvo, aunque esa no fue la razón del divorcio. ¿Cómo se había aguantado tantos años de mal sexo? Aparentemente, ella tenía un buen vibrador.

Hay secretos que uno guarda en el fondo del armario, y que son tan embarazosos que no se atreve a contárselos ni a un cura ni mucho menos al sicólogo, porque son demasiado ‘íntimos’ y, por eso, opta por llevar una doble vida en silencio. A mí me parece insólito que la gente sea fresca para admitir en público que se operó las ‘tetas’, que evade impuestos, que le mete cachos a su pareja, pero que sea un tabú admitir los problemas de cama con ésta.

Y bueno, es cierto que el sexo no es lo único importante en una relación, también está la plata. Pero, ya en serio, son risibles las contradicciones de las parejas modernas. No les da pena echarse flatos delante de su pareja, pero sí les da ‘oso’ hablar de sexo entre ellos. Tengan en cuenta que si hay mal sexo es porque también hay mala comunicación, y aunque la buena comunicación tampoco garantiza un ‘Polvo Premium’, si ayuda en algo.

Cuando las cosas no están funcionando bien en la cama, le toca a uno hacer una de tres cosas: fingir, abandonar al individuo en cuestión o enseñarle que el Punto G no queda en su axila derecha, ni en la izquierda. La mayoría de las mujeres, por temor a herir a su pareja, prefieren decidirse por la primera opción y fingen tan bien, que ellos creen que están haciendo un trabajo estupendo. Pero, oiga bien, la culpa al final de cuentas no es de él, sino suya, por hacerle creer que él es todo un Nacho Vidal en la cama.

Y luego está el caso del tipo perfecto, aquel con el que uno no tiene ni que hablar porque parece que estuvieran conectados telepáticamente, es inteligente, guapo y odia el fútbol, igual que usted. El único problema es que este príncipe azul no se la sabe comer. En estos casos, una no se puede hacer la loca y mirar hacia el otro lado. Eso hay que hablarlo. Si no se atreve a decírselo, cánteselo, como hizo Lily Allen, que le escribió a su novio la canción It’s not fair, que dice: “…sólo hay una cosa que se nos atraviesa en el camino/ cuando vamos a la cama/ tú no eres bueno/ ¡que lástima!”. Si esto no ayudó a que el tipo hiciera un mejor esfuerzo, por lo menos le dio chance a Lily de encontrarse uno que sí la hiciera gritar. La vida es muy corta para soportar malos polvos.

Aprovecho para criticar los ridículos tests de Facebook que resuelven grandes enigmas de personalidad como ‘¿qué personaje de Gossip Girl eres’, ‘qué villana de novela mexicana eres’ o ‘¿eres una papa?’. Sinceramente, ¿a quién carajos le importa? Pero el peor y más patético de todos, definitivamente, es el de ‘qué tan buen polvo eres’. Ese tipo de tests sólo lo toman los que no están teniendo sexo y desean darse buena publicidad, o los que son tan malos, que necesitan que un test les diga lo que nadie les ha dicho en la cama: que son un polvazo. El que de verdad es buen polvo no está haciendo tests, sino está haciendo a otro feliz.

Recuerda, que polvo eres y en polvo te convertirás, así que échate unos buenos antes de que sea demasiado tarde.

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