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El renacer de las tinturas vegetales

El renacer de las tinturas vegetales Tintura corporal de Achote.

Aunque no muy amplio, un proceso de utilización de tinturas vegetales se adhiere a la tradición textil del país.

El uso de tinturas vegetales para colorear el algodón, las cortezas de algunos árboles, el fique, y otras fibras naturales, partió de la necesidad de vestirse de nuestros indígenas y, con seguridad, del deseo de reproducir en su vestimenta los colores de la naturaleza.

Beatriz Granados, antropóloga, coordinadora del área cultural del Museo de Trajes Regionales de Colombia, ha seguido con interés el proceso de las tinturas vegetales en el país. Ella afirma que “desde que haya plantas que tengan propiedades tintóreas, es porque allí donde crecen ha habido necesidad de éstas, porque han sido cultivadas para tal fin”.

La experimentación con esta clase de tinturas es un proceso que muestra un renacimiento en algunas regiones del país: “Hay un interés de varias comunidades de trabajar con estas tinturas por su calidad. He trabajado con artesanas del algodón y, aunque las anilinas ofrecen cierta facilidad y su gama de color es ilimitada, nunca son lo mismo que las tinturas vegetales. Aunque no soy tejedora, sí tuve la experiencia de tejer en varias fibras y he mantenido una inquietud constante por el uso del color”.

Es justo, entonces, darle a las tinturas vegetales el lugar de privilegio que merecen por su calidad y durabilidad: “en 1985, trabajé con varios grupos de mujeres que hilaban la lana y tejían suéteres en La Calera, y comprobamos que la lana, por ejemplo, es muy agradecida cuando se tintura, lo que no sucede con el algodón, que es una de las fibras más difíciles, mientras que el fique se degrada, pero su tinturado se logra sin mayores dificultades. El adquirir un conocimiento paulatino de los tintes puede ayudar, además, a que el proceso de tinturado sea ecológico”.

¿Quiénes lo hacen?
Algunas comunidades colombianas tienen un buen nivel de experimentación en el uso de los tintes vegetales: “En 1995, tuve oportunidad de ver de cerca un proceso que llevó adelante Beatriz Devia, hoy doctora en química. Se trataba de un proyecto de investigación de textiles prehispánicos de algodón, los cuales fueron identificados junto con las plantas tintóreas que se adherían a su sustrato. Se experimentó con cortezas, hojas, raíces y maderas, entre otros. Lo importante de ver este proceso es que uno aprende a valorar y a darse cuenta de que conocer para qué sirve una planta puede ser la base de una actividad que privilegie el respeto por el medio natural”.

Beatriz Granados explica cómo este desarrollo ecológico se puede llevar a cabo involucrando a las personas que trabajan en tejeduría en el proceso de producción de las plantas que utilizan. En La Calera, por ejemplo, se hizo un vivero comunitario que le daba posibilidad a las personas que pertenecían a la asociación de tejedores de ampliar sus conocimientos sobre las plantas y sus propiedades.

Lo mismo sucede en Charalá, donde existe una relación muy estrecha de los tejedores con las plantas tintóreas, y en H. Páez, vereda de El Encino, un corregimiento boyacense que está situado en el límite con Santander, donde bajo el auspicio de la fundación Natura existen dos talleres de tintes. Los artesanos de allá querían diversificar la gama de colores y sembraron un verdadero edén de plantas tintóreas, un cultivo que, a la vez que fomenta la biodiversidad, contribuye a preservar el entorno. Igualmente, y tal vez como una herencia que viene de los ancestros, los artesanos de algunos pueblos de raigambre indígena como Monguí y Motavita hacen tapetes y gualdrapas utilizando tintes naturales.

Todo por la calidad
Los artesanos que trabajan con productos vegetales han tratado al máximo de operar con la menor cantidad posible de químicos que generen toxicidad. A la vez, buscan tintes que ayuden en el proceso de mordentado o fijación del color. En países como Guatemala y Perú están tratando de recuperar el uso de la cochinilla, un insecto de tamaño milimétrico que se cría en los tallos de las tunas, originario de México, Ecuador, Perú, Bolivia y Chile, cuya hembra da un tinte también conocido como carmín, cochinilla grana o nocheztli, que se usó para teñir los tejidos de la cultura Paracas, que habitó la costa de Perú hace unos dos mil años.

Otras plantas tintóreas son la arrabídea chica, más conocida como chica, que se difundió bastante en la zona ecuatorial y suramericana y que es la especie tintórea por excelencia, el achiote, el dividivi y la corteza del encino o encenillo, que dan colores oscuros y ayudan a fijar el tinte.=

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