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El rey de la moda de la calle

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El rey de la moda de la calle Fotos: Verónica Morales Angulo/12

Tommy Hilfiger, un diseñador auténticamente norteamericano que regresa a la escena de la moda con la fuerza de un titán. FUCSIA tuvo la oportunidad de entrevistarlo durante la Semana de la Moda de Nueva York.

Más conocido por los jeans baggy y las camisetas típicas de los universitarios del este de Estados Unidos, en los años 90 era considerado como el alma del estilo preppy. Diez años después, la gente perdió interés y la prensa estaba más interesada en su vida personal que en sus diseños. Pero todo esto cambió cuando la compañía Phillips-Van Heusen adquirió la marca y con una inyección fresca de capital se lanzó de nuevo a la conquista de los mercados tanto nacionales como internacionales.

Segundo entre nueve hijos, Tommy nació en Elmira, en el estado de Nueva York. Su padre fue joyero de profesión y su madre enfermera, una familia típica norteamericana. En los años 60, mientras cursaba el último año de bachillerato, se le ocurrió, junto con dos amigos, montar un negocio de ropa. Entre los tres juntaron 150 dólares y con ese capital de trabajo iniciaron lo que hoy es una de las marcas más importantes y mediáticas de la industria de la moda. Abrieron una pequeña tienda donde vendían jeans de bota campana, discos e incienso, y pagaban 50 dólares de arriendo mensual. A los 24 años tuvo que declararse en bancarrota, pero ya había aprendido lo suficiente como para tener éxito en su próxima aventura de negocios. Eso fue en la década de los 80, por cuenta de prestar su nombre para una cartelera que lo declaraba como uno de los cuatro más importantes diseñadores norteamericanos junto a Calvin Klein, Ralph Lauren y Perry Ellis. La valla la colocaron en Times Square en la ciudad de Nueva York. Hasta ese momento nadie sabía de él, pero ese truco lo lanzó a la fama de un día para otro. Su visión y la ropa que usaba la gente joven en la vida cotidiana le dio la clave. El éxito fue instantáneo. Era un Ralph Lauren, pero más moderno, más a tono con la juventud del momento. Empezó a crecer desmesuradamente, siguiendo lo que le imponían las grandes superficies y ahí empezaron a surgir las dificultades. La ropa perdió autenticidad y dejó de ser deseada. Lo extraño es que mientras tanto en Europa y Asia la marca se consolidaba. Hilfiger y su equipo trabajaron duro para recobrar su identidad, se volvieron más selectivos y recobraron el sentido original de cómo vestirse de los jóvenes norteamericanos aristocráticos de las universidades del este que habían sido su motivo de inspiración original.
Volvieron a los tweeds, a los abrigos, a los suéteres clásicos de la moda urbana.

Hoy es de nuevo el ídolo de un estilo. En el 2010 abrió la tienda más grande de Europa con su nombre. Se podría decir que la marca está viviendo de nuevo el sueño americano. Aunque no se puede decir que Tommy Hilfiger tenga la herencia de marcas como Lanvin o Gucci, en términos del nuevo mundo, 25 años es un recorrido respetable, lo que ha hecho que China sea uno de sus grandes mercados, pues el gigante asiático entiende de calidad y la aprecia. Una herencia que le ha permitido a la marca construir una identidad que es atractiva para un amplio rango de edades y culturas.

De tú a tú Lila Ochoa, directora de FUCSIA, en entrevista exclusiva con el diseñador.

¿Qué cambios hizo para darle la vuelta a la marca?
Mucho trabajo, bien balanceado. Un trabajo duro con las tiendas, en la colecciones, en la imagen de la marca. Cuando estábamos pensando cómo celebrar el vigésimo aniversario en el 2006, reflexionando acerca del pasado y mirando su historia llegamos a la conclusión de que Tommy Hilfiger era la historia del preppy americano y eso era lo que queríamos celebrar. Lo importante era hacerlo mejor y empezamos a insistir en eso. Usamos ese principio en la publicidad y en la imagen. Volver a las raíces fue lo que nos llevó de nuevo al éxito. Es muy difícil cuando uno está compitiendo con los mismos precios y calidad en un mundo globalizado. Pero entendimos que la esencia, la identidad, estaba precisamente en los detalles, había que involucrarlos, hacerlos novedosos y modernos. Ahí estaba la diferencia.

¿Cuántas colecciones hace al año y cómo trabaja para los otros continentes?
Hacemos dos grandes colecciones al año. Una para primavera-verano y otra para otoño-invierno, pero también unas más pequeñas todo el tiempo. De un continente a otro, claro que hay cambios, por ejemplo, en Alemania quieren una paleta de color diferente a la española, en China quieren telas más livianas que en Norteamérica. Es la misma línea, pero con pequeños ajustes. En Centro o Suramérica las telas que usamos tienen colores más brillantes y son más livianas. La investigación y los archivos nos permiten saber qué quieren los clientes. Escuchar al cliente es la forma de saber qué quiere.

¿Sigue siendo fiel a lo preppy?
Somos una marca norteamericana, Preppy. Diseñamos las colecciones pensando en una evolución del tema. La esencia permanece, pero sin cambiar la esencia, trayendo nuevas prendas, nuevos colores, telas, formas; nuevos detalles. Siempre evolucionando sin cambiar.

¿Cómo es su colaboración con los diseñadores jóvenes?
Siempre he trabajado con jóvenes. Ahora tengo un grupo, pero ellos tienen sus propias marcas, sus colecciones hacen parte de la industria. Invité a algunos a trabajar en las colecciones de mujer y a otros en las de hombre. El otro proyecto es con la CFDA, que está patrocinando nuevos diseñadores que van a París a mostrar sus colecciones. Es una oportunidad muy especial, pues ellos por su propia cuenta no lo podrían hacer, es otra manera de ayudarle al talento joven y lo aprecian verdaderamente. Cuando yo me lancé como diseñador, no había nadie que ayudara. Ahora es tan difícil competir, que es muy buena idea ayudar.

¿Qué vamos a ver en esta colección?
Vamos a ver preppy lujo, militar, ecuestre, ropa tanto para la ciudad como para el campo; pero preppy más sofisticado, más pulido, más lujoso y con un poco de rock and roll.

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