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El síndrome del violinista

Revista Fucsia

El síndrome del violinista El síndrome del violinista

De uña y mugre a champiñón, su vida puede cambiar cuando su mejor amiga/o consigue pareja.

 
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La familia no se escoge para mal de muchos. Pero los amigos sí. Por eso, nuestras mamás se preguntan qué fue lo que hicieron mal cuando presencian el Apocalipsis en su sala viendo a sus dos hijas mechoniarse porque una le cogió los tacones a la otra sin permiso. En cambio, si se tratara de prestárselos a la mejor amiga lo haría de mil amores y sin perder algunos preciosos cabellos; como dice el dicho: “Un amigo vale por cien parientes”.

Todos somos uña y mugre con alguien, aquella persona con quien uno anda de arriba para abajo y se cuenta todo, la coartada para cualquier tipo de crimen, la que sería capaz de donar uno de sus riñones si los suyos se vencen y la única persona que puede decirle que está gorda sin que usted le retire su amistad. La mayoría de sus minutos por celular se los gasta con esta persona, es su cita para ir a cine y cenar, sólo les falta fornicar para decir que son pareja. Y esta relación funciona bien hasta que una de las dos rompe su voto de soltería compartida y deja a la otra fuera de la película cuando estrena machuque.

Y aunque a todos nos da duro la vida de champiñón, uno se alegra por su amiga porque le interesa que ella sea feliz. Lo cierto es que la dinámica de dúo cambia radicalmente. Ahora, si no está con él, sólo habla de él. Y si se ven, siempre está él de por medio como si fuera un enorme quiste imposible de extirpar. A algunas las invade el sentimiento de culpa por haber abandonado a sus amigas por el novio, y se inventan planes de violinista o de teletón, donde la amiga soltera pasa a ser una obra de caridad a la que le presentan cuanto sobrado de tigre amigo del novio para rescatarla tanto de la soltería, como de pasar los viernes en la noche sola viendo alquileres de videotienda.
Otros amigos se desaparecen totalmente del mapa cuando consiguen pareja, uno se entera que aún siguen vivos gracias a Facebook. Muy de vez en cuando llaman para quejarse del novio, pedir un favor o planear verse. Tengo a una amiga que sólo se deja ver cuando está soltera, cuando consigue pareja es como si la hubieran secuestrado, tanto, que la última vez su mamá llamó a la Policía para reportarla como desaparecida y casi se muere de la vergüenza cuando descubrió que su hija estaba secuestrada por las otras ‘Farc’ (Fuerzas Arrechas Revolucionarias de Cama).

Uno entiende el fenómeno del encoñamiento de su amiga, pero no perdona el abandonamiento por ello, pasar a un segundo plano es tolerable, lo intolerable es descubrir que su amiga prefiera salir con la selección de mamertos amigos de su novio que con la que fue hasta apenas algunos meses su mejor amiga. Afrontar este tipo de pérdida puede ser tan dura, que uno hasta considera comprar mascota, aunque sufra de alergias, sólo para no estar solo y empieza a hablarle de sus problemas a las plantas.
Es horrible perder a un amigo en un accidente, pero es aun más horroroso ver que se está estrellando contra un novio petardo y no poder hacer nada. Y es que si está saliendo con un buen tipo, vaya y venga, que Dios los bendiga y no les salga barriga. Pero si su novio es el Chompiras, es un poco complicado decirle delicadamente a su amiga que está saliendo con un perdedor sin dañar la amistad o caer en el cliché de la amiga celosa o envidiosa. Pero para eso están los amigos, para abrirnos los ojos antes de que otros nos dejen tuertos, muchas veces uno se arrepiente más de lo que no dijo que de lo que dijo, y a veces hablar puede salvar a una amiga de casarse con Homero Simpson. Por lo visto Marge no tenía muy buenas amigas…

No debemos olvidarnos de nuestros amigos cuando estamos enamorados, sobre todo, porque cuando terminemos o tengamos problemas, ¿quién nos consolará? Así como cuando estamos emparejados encontramos tiempo para hacer mercado, comprar KY y depilarnos el arbusto, también debemos encontrar tiempo para estar con los amigos. Después de todo, un novio le puede durar a uno meses o hasta años, pero un buen amigo dura toda la vida y no le tiene que gastar uno en un anillo de compromiso.
 

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