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Escasez de hombres El problema no consiste solamente en dónde y cómo conocerlos, sino que además existe realmente una ‘escasez del producto’.

Hoy en día es más fácil encontrar las llaves de un carro último modelo en una ensalada que un buen hombre en la calle.

El otro día salimos con unas amigas a tomarnos unos drinks en un bar y me di cuenta de que a nuestro alrededor había exclusivamente mujeres, en grupitos o en parejas. Eso sería normal si hubiésemos estado en un bar de lesbianas, pero la triste realidad es que estábamos todas en una Ladies night involuntaria, debida a la escasez de machos. Como decía la canción, “Where have all the cowboys gone?”.

El problema no consiste solamente en dónde y cómo conocerlos, sino que además existe realmente una ‘escasez del producto’. Nuestro mundo está compuesto de 52 por ciento de féminas y 48 por ciento de machos, y ese 2 por ciento que nos falta para cubrir la diferencia, es el que nos tiene jodidas. Y para rematar la insuficiencia, los que hay disponibles o son casados, o son gays, o son, sencillamente, fatales. Ya entiendo por qué cuando uno habla demasiado en una fiesta con el novio perfecto de la amiga, ésta se pone como un Hulk con tetas, lo arrastra del brazo y lo mira a uno como diciendo “este es mío, ¡consíguete el tuyo, putarraca!”.

Y es que, ¿cómo diablos hace uno para conocer hombres? Eso me preguntan todas mis amigas que, desesperadas, recurren a mí como si yo fuera la ‘Donald Trump de las relaciones’, desde la recién divorciada, la que enviudó después de un noviazgo de diez años y la eternamente soltera, tan picky que prefiere estar sola que mal acompañada. La respuesta parece obvia, hombres hay en todas partes, los puede conocer uno en el trabajo, por Internet o a través de amigos. Pero la situación se complica cuando para ellas sus compañeros de trabajo se reducen a un computador, la señora de los tintos y varias mujeres en su misma situación.

A la Internet usted ya la despidió de su papel de Cupido después de la colección de excrementos con cédula a los que conoció. Y ni qué hablar de aquellos amigos que le barajan a uno sólo príncipes, pero de la inmundicia. Su soltería se puede perpetuar para toda la eternidad a menos que usted tome medidas. En mi humilde opinión, entre todas debemos darle un vuelco a la situación. Aquellas que nos creemos tan feministas, si exigimos que nos paguen igual que ellos, debemos también jugar con sus mismas reglas.

¿Quién dijo que siempre debe ser el tipo el que nos eche los perros? Aviéntese, eso no le resta a uno feminidad, sino que le pone a uno pelotas. Siento que muchas veces, algunas mujeres no se atreven a tomar la iniciativa por temor a que nuestra sociedad de doble moral las tilde de meretrices y ‘tragahombres’ ¿Y qué? Es mejor estar comiendo que estar padeciendo hambre. Pero, además de tomar el control de su propio destino, porque, seamos sinceras, el único príncipe azul que puede tocar la puerta de su casa es el tipo de la pizza que pidió, y a eso no le veo mucho futuro… a menos que tengan promociones 2 x 1 todos los días.

Hay que abrir la mente a nuevos sabores, colores y formas porque en ocasiones desechamos buenos candidatos por minucias (porque tiene bigote, es comunista, vive con su mamá, etc.) y no les damos la oportunidad de llegar a conocerlos. Una de mis mejores amigas odiaba el sushi porque le daba asco. Yo siempre le preguntaba, ¿cómo sabes que no te gusta si no lo has probado? Hasta que un día decidió probarlo y ahora parece un maki de tanto tragar sushi. Lo mismo pasa con los hombres, no hay que descartarlos sin haberlos probado primero, hay que darles una oportunidad. Después de todo, lo peor que le puede pasar es que le quede gustando.

Toda esta reflexión me ha llevado a pensar que no existe un marketing para ayudar al soltero a salir de esa soledad, casi todo está enfocado a las parejas… Y, ahora, tomen nota, empresarios: ¿qué tal crear un bar cuyo concepto sea Singles Only? Al que solamente puedan asistir hombres y mujeres solteras. ¿No haría eso las cosas más fáciles que irse de rumba con aquellos amigos emparejados que le restriegan a uno su felicidad, y que al final de la noche logran que uno termine más deprimido y solo, como si tuviera la fiebre porcina? 

Podríamos imitar aquel celebre episodio de Sex and the City donde las chicas hacen una fiesta para conocer hombres. Además del trago, cada invitada debe traer un amigo, ex, hermano o hasta papá sexy que pueda ser un buen partido para alguna de sus amigas, porque está visto que la basura de una puede ser el tesoro de otra. Así que, ¡manos a la obra!

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