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Gina Parody, la mujer de las mil batallas que le apuesta a la paz

Revista FUCSIA

Gina Parody, la mujer de las mil batallas que le apuesta a la paz Foto: Alejandra Quintero

La ministra de Educación, Gina Parody, nunca pasa desapercibida y no baja la guardia aunque esté en el ojo del huracán. Esta mujer de carácter, hermética y feroz, dice estar dispuesta a dejar todo por la paz a través de la enseñanza.

Tiene el pelo suelto y su rostro, libre de las gafas de marco grueso que la caracterizan, parece el de una mujer mucho menor. En el estudio de producción de FUCSIA al que fue citada, Gina Parody saluda al equipo tranquila, sonriente, y se sienta en un tocador blanco, con luces alrededor del espejo, a esperar a que la maquillen, y a que fotógrafos y editores le den las instrucciones de la jornada, que durará más de cuatro horas. En una primera impresión, parece una mujer sencilla.

Escucha con paciencia, como si no quisiera imponerse o como si deseara darle tregua a ese acerbo que puede describir a aquellos que tienen entre manos un poder indiscutible. Pero camuflándose en ese semblante descomplicado no tarda en emerger su carácter: hermético y feroz. (Lea también Gina Parody, la intransigente)

El mismo que reveló como ministra de Educación en el reciente paro de maestros, que tuvo una duración de quince días. Entonces, Parody fue duramente criticada por medios, expertos y académicos, pero nunca se mostró ansiosa o insegura. Ni siquiera cuando negociaba las condiciones laborales que marcarían el futuro de los profesores del país.


Parody fue elegida en el 2002, con apenas 28 años como representante a la Cámara. Foto: Alejandra Quintero

Gina Parody no es como aquellos que, para lograr su propósito, corren como caballos desbocados hacia la meta, sino que piensa, repiensa y medita. Luego toma sus decisiones y las lleva hasta las últimas consecuencias. 

Esta determinación quizá podría explicarse por su relación con el ballet. Lo estudió desde niña, hasta que cumplió los 18 años, cuando se dio cuenta de que no era lo suficientemente buena y que su camino tendría que ser otro. 

No significa, sin embargo, que no lo haya entregado todo, como lo ha estado haciendo en su recorrido político; ni que ese arte al que renunció no le haya alcanzado a otorgar sus mejores virtudes: la rigurosidad, la disciplina y un sentido inminente de equidad. 

"Estudié ballet en una escuela famosa donde entraban niños ricos y pobres, y en donde los segundos eran subsidiados por los primeros", dice a FUCSIA. "En esta escuela primaba el talento y no el dinero. Así, cuando dejé el ballet, después de graduarme de derecho en la Universidad Javeriana y de trabajar durante un tiempo en el sector privado, comencé a recordar esa equidad que veía en mis clases, y sentí que eso era lo que Colombia necesitaba. Fue cuando decidí ser política".

Ahora, y con apenas 41 años de edad, la bogotana de ascendencia caribeña dirige el Ministerio con mayor presupuesto dentro del Plan Nacional de Desarrollo. Este presupuesto supera por primera vez al de la guerra, y está alineado con los pilares del gobierno del presidente Juan Manuel Santos, que son educación, equidad y paz. 

Pero Gina no siempre había sido "santista" ni de talante liberal. Su primer maestro político, a la edad de 26 años, fue Álvaro Uribe Vélez. (Lea también 'Cuando Gina Parody adoraba a Uribe')

Parody fue elegida en 2002 como congresista por la Cámara de Representantes, con apenas 28 años; y en 2006 se convirtió en senadora por el Partido de la U. En su paso por el Congreso, hizo importantes avances, como ser la ponente de una ley que buscaba mayor protección a la hora de tratar la violencia contra la mujer; además de promover la Ley de Infancia y Adolescencia, que castiga la pornografía infantil y que creó el sistema de responsabilidad penal para adolescentes. 

Muy a pesar de su eficacia como parlamentaria con el partido del Gobierno, solo se necesitaron tres años más para que el encanto entre Uribe y Parody se deshiciera; y para que ella renunciara a su curul.

La primera diferencia con Uribe se dio en 2005, cuando los jefes de las Auc, Salvatore Mancuso, Ramón Isaza y Ernesto Báez visitaron el Congreso, siendo aplaudidos por los parlamentarios en el marco de la Ley de Justicia y Paz. Ese día, Parody tildó el acto de "vergonzoso", pero no se alejó del presidente; como sí lo hizo en diciembre de 2009, cuando este llamó a sesiones extraordinarias en el Congreso para que pudieran firmar su segunda reelección. 

"Estamos pasando líneas muy finas del amor a la patria al apego del poder", dijo entonces en declaraciones para W Radio. Pero su renuncia, aunque valiente, fue duramente criticada. A pesar de que se necesitaba coraje para darle la espalda a un presidente que entonces tenía el apoyo del 70% del Congreso, la cuestionaron incluso los miembros de la oposición. 


En 2009, Parody se separó de Uribe cuando él aspiraba a la segunda reelección.

Así, Rafael Pardo, Claudia Lozano, entre otros, argumentaron que la excongresista había dejado su silla vacía para que otro "uribista" la ocupara. También los medios de comunicación exigieron respuestas. Un ejemplo fue el fallecido periodista Ernesto McCausland, quien la enfrentó en una columna para El Tiempo: 

"A Gina Parody puedo dirigirme con franqueza, como a una costeña, así sus votos sean de otra parte. Pero ya sabemos de su afinidad sentimental con el Caribe. Su madre es barranquillera y aquí quedaron enterradas buenas y malas memorias (…). Con esa franqueza puedo decirle que no comparto el melodrama de los últimos días. A juzgar por la voz quebradiza con que se expresó en la W, y por su anuncio de que desde una cátedra universitaria en el Chocó puede hacer más por el país, lo suyo suena más a escape que a sacrificio".

Estos reclamos fueron parecidos a los que se escucharon en el reciente paro de maestros. Un hecho que le dio a Parody una fama de testaruda, que quizás el tiempo pruebe injusta. Entonces, el jefe editorial de la Revista Semana, Rodrigo Pardo, la calificó de intransigente, por asumir "una posición dura con ropaje blando", ya que dijo que no negociaría con Fecode a menos que se levantara el paro, aduciendo que lo más importante era que los niños estuvieran en clase. Sin embargo, nunca dio su brazo a torcer por la presión, como tampoco lo hizo en ese 2009 que marcó su dirección política.

¿Cuál ha sido su momento de mayor vulnerabilidad? La opinión pública podría situarlo entre su salida del Congreso en 2009 y el reciente paro nacional de 15 días de los maestros.

Todavía no he llegado a sentirme vulnerable. Como político, uno tiene que estar fuerte, sobre todo si está pensando en hacer cambios y transformar así la sociedad. Hay que estar abiertos para recibir las críticas, porque de eso se trata la democracia: de que la gente hable bien, mal, regular, de que la gente pueda verbalizar su desacuerdo. Estoy preparada para recibir todas las críticas, siempre y cuando estén dentro del plano de lo público.

¿Eso significa que no teme, que no ha temido?

No en el plano político. Sí, le tengo miedo a otras cosas, pero no al cambio. Por esto, procuro contar con un corazón siempre abierto para escuchar lo bueno y lo malo. Esta templanza requiere preparación, y así he acudido durante años a la meditación y al yoga. Dichas prácticas me han dejado asumir el presente con tranquilidad, aunque el panorama sea turbio; y me han hecho entender que no todos deben estar de acuerdo conmigo: la discrepancia es enriquecedora. Cuando escucho comentarios en mi contra, simplemente me pregunto qué puedo hacer mejor. No me resiento ni me siento a llorar.

Estas respuestas dan cuenta de una mujer que parece no tener, en materia pública, puntos débiles. De una mujer desafiante.

-La reacia llegada de la paz-

Los medios de comunicación no paran de replicar la reciente declaración del presidente Juan Manuel Santos, quien afirmó que estaría dispuesto a pagar con su "capital político" el respaldo a los diálogos de paz. 

Esto, después de que varios políticos, incluso congresistas de su partido como Armando Benedetti, le pidieran al mandatario que suspendiera los diálogos, sin levantarse aún de la mesa. ¿La razón? Los ataques que la primera semana de junio perpetraron las Farc contra la infraestructura eléctrica en el país y sus oleoductos, y el asesinato en Nariño del coronel del Ejército, Alfredo Ruiz Clavijo.

De hecho, aún siguen en la memoria del país los recientes tuits enviados por Parody en los que se metía en la pelea entre Santo y Uribe. Los mensajes recordaban los vínculos entre el paramilitarismo y Uribe; y recordaban los episodios de entradas de miembros de esa guerrilla a la Casa de Nariño. 


Y usted, ¿también está dispuesta a sacrificar su pellejo y su imagen por el proceso de paz, teniendo en cuenta que quizás este no llegue a firmarse?

Sí. De hecho, ya lo he arriesgado. Liderar la paz en medio del conflicto es más difícil que liderar la guerra. Requiere más capital político y yo estoy dispuesta a entregarlo todo, porque creo que el país necesita, desde hace décadas, la paz. 

En Colombia la guerra es particularmente injusta porque la asumen los más pobres de la sociedad. Ni el policía al que matan es rico, ni tampoco el guerrillero. Estamos ante una generación de hombres jóvenes que son pobres y que están siendo asesinados, lo que muestra lo desigual de nuestra sociedad. El presidente está proponiendo que acabemos esta matanza entre hermanos; que en vez de darles, otra vez, la oportunidad a las armas, se la demos a la educación. Si el proceso de paz se suspendiera, podríamos pasar seis décadas más en guerra, sin generaciones conociendo otra realidad diferente a esa.

Hablando de este proceso que ha sido difícil, y teniendo en cuenta que hoy la cartera de Educación recibe más dinero que la de guerra, ¿qué pasaría si se llegaran a suspender los diálogos? ¿Se reduciría, en el 2018, de nuevo el presupuesto del Ministerio de Educación para poder subsidiar la guerra?

Creo que ese presupuesto ya es irreversible. Su incremento representa un símbolo de paz, y eso nunca debemos olvidarlo. Con él estamos apostando por jóvenes educados, sensibles a su país. Estoy convencida de que la paz en Colombia terminará por construirse a través de la educación. Esa es la apuesta del presidente y la mía. Todo lo que tenga que ver con la guerra es insostenible a largo plazo.


Foto: Alejandra Quintero

¿Por qué cree que la sociedad y los medios colombianos hemos sido más reticentes al proceso de paz con las Farc que hacia la Ley de Justicia y Paz que en 2005 se firmó con los paramilitares? 

Aunque para mí los dos grupos resultan iguales, es verdad que ha habido unos vínculos de buena parte de la sociedad con las Auc, que quedaron demostrados a través de la parapolítica. Además, nunca la guerrilla ha tenido una bancada o un partido, como sí los han tenido aquellos que apoyaron a los paramilitares y que contaron con un sinnúmero de bancas en el Congreso.

Pero, ¿y la Unión Patriótica?

La UP no solo fue un partido que se dio ya hace mucho tiempo, sino que también era abierto y público. Así se entiende: los paramilitares en el Congreso estaban infiltrados. Las Auc sí lograron imbuirse mucho más en nuestra sociedad que la guerrilla, y creo que para mal.

Estando en la cartera de mayor presupuesto en el Plan Nacional de Desarrollo, ¿se siente una mujer poderosa?

Sí. Pero no de la manera tradicional. Cuando voy a los colegios y veo que puedo transformar la sociedad a través de la educación, entiendo que eso es poder.

Aunque así podría pensarse, Gina no es una mujer rebelde sino una mujer feroz. Pegada a sus convicciones, a pesar de que cambien; completamente segura de sí. Práctica. Pragmática. A veces demasiado cortante. 

Es cuidadosa en las respuestas y en la manera en que posa para tomarse las fotos. Su sonrisa, ante la cámara, se extiende, pero no de una manera exagerada que la deje caer en la jocosidad o en la indulgencia. Quizá por haber sido la menor en una familia trabajadora y pujante, que pasó de una clase media a una muy alta con una empresa de navíos, es astuta y ávida para conseguir empleos de altas responsabilidades cuando aún se piensa como una mujer joven. Tenía 38 cuando se lanzó a la Alcaldía de Bogotá en 2011, para la cual logró la tercera votación más alta; y 39 cuando la nombraron directora del Sena. Con esta trayectoria, no es difícil pensar que Parody tendrá una campaña presidencial antes de cumplir sus cincuenta.

¿Ha fantaseado con la Casa de Nariño?

No. Por ahora estoy concentrada en mi trabajo dentro del Ministerio de Educación.

Entonces, ¿qué es aquello que nace de una mujer feroz? Podría ser, como ella dice, un país sin brechas, educado, con menos violencia y más honor. 

En su mandato como ministra, varias batallas se han ganado, aún sin la venia de los sindicatos de maestros: el primero, la implementación de la jornada única y la futura construcción de treinta mil aulas de clase; el segundo, la aprobación de la Ley de Inspección y Vigilancia, que mantendrá en vilo a las universidades que, como la San Martín, estén jugando con el dinero de sus estudiantes; el tercero, programas como Ser Pilo Paga, en el cual los jóvenes podrán acceder al 100% de las matrículas de escuelas superiores acreditadas, sin preocuparse por devolver el dinero.

Pero, ¿puede ser la ferocidad infalible?

Esperemos que así sea.

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