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Seducir a una niña de 16 años es un crimen y pedir perdón no basta.

 
La semana pasada leí un artículo en la revista Semana que me dejó inquieta. Se llamaba ‘Padres por accidente’. Hablaba de cómo seis hombres y una mujer, todos presidentes latinoamericanos tuvieron hijos fuera del matrimonio. El articulista los pone a todos en la misma canasta sin caer en la cuenta de que Michelle Bachelet jamás renegó de su hija, ni la escondió, ni necesitó de pruebas de ADN para reconocerla. Ella simplemente aceptó su embarazo, se hizo cargo de ella y hoy es una madre orgullosa de los logros de su hija sin que nadie se atreva a reclamarle su conducta. Es una mujer valiente y con coraje, y el hecho de tener una hija sin casarse no le impidió asumir la presidencia de un país tan conservador como Chile. Yo no podría decir que eso pone a la Bachelet en igualdad de condiciones con los otros, pues tanto Fernando Lugo como Carlos Menem, Alan García y Alejandro Toledo reconocieron a esos hijos a la fuerza y solamente ante las denuncias y presiones públicas. Los otros dos, Luis Inazio Lula da Silva y Evo Morales, por lo menos tuvieron la valentía de aceptar que eran los padres y no hicieron el ridículo de desmentir a las respectivas madres.

Hombres poderosos que se sienten con derecho a todo y que llegan a pensar que sus actos no traen consecuencias, que no entienden que las responsabilidades son para asumirlas y no para salir corriendo.

Seducir a una niña de 16 años, como en el caso del obispo Lugo, es un crimen, y pedir perdón después de que lo demandan, no basta. ¿Dónde quedan sus votos de castidad, su ideario cristiano, su honestidad? ¿Cómo puede un país aceptar que su presidente trasgreda los límites y siga tan campante? El caso de Menem, quien tardó 26 años en reconocer a su hijo, y el de Toledo, que se enfrascó en una batalla judicial sin sentido, son igualmente aterradores. En ambos casos se les olvidó a los dos que en la era de las pruebas genéticas tenían la batalla perdida.

Sí, a los hombres se les acabó el reinado, pues ahora las mujeres tienen esta herramienta y pueden luchar por los derechos de sus hijos. Las trapisondas legales y el hecho de desacreditar a la madre de sus hijos ya no funciona ante las pruebas de sangre. Parecería que no hemos recorrido mucho camino desde la época de los señores feudales donde éstos exigían de sus súbditas el derecho a la pernada. El machismo de los hombres latinos todavía se impone y la seducción utilizando el engaño es su arma favorita de conquista. Ya que siguen siendo tan primarios, ¿no será más fácil usar un condón para evitarse todos esos dolores de cabeza? En lugar de sentirse hombres de conducta intachable, sería mejor que fueran más prácticos y tomaran precauciones. ¿Para qué arriesgarse a traer hijos a este mundo por un ‘gustico’ si no van a responder por ellos, si no los van a querer?

Es un hecho innegable, sólo una madre tiene un amor incondicional por sus hijos y no reniega de ellos. Entiendo perfectamente que hay mujeres que para obtener beneficios económicos tratan de engañar al hombre e intentan endosarle un hijo, pero eso ya tampoco es posible. La prueba de DNA funciona para ambos lados. Mujer que intente engañar a un hombre con esa historia, queda en evidencia en el momento en que se hace la prueba de sangre en el laboratorio.
 

 

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