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Inspiración en gris: el éxito en la madurez

revista FUCSIA

Inspiración en gris: el éxito en la madurez Hillary Clinton/Foto: www.cntraveler.com

A una edad en que la mayoría de las mujeres está pensando en el retiro, las que ocupan las más altas posiciones a nivel mundial demuestran que con las canas llega también la sabiduría, y que hay energía para rato.

"Fui criada para pensar que la peor cosa que podía hacer era llamar la atención y creerme inteligente”, confesó alguna vez la escritora canadiense Alice Munro. En ese ambiente de opresión, ella solía refugiarse en la lectura y en las historias que inventaba mientras se esperaba que estuviera tejiendo, como las demás. “Realmente crecí en el siglo XIX”. Así le parecía, por los valores que imperaban en su entorno para 1931, año en que nació.

De niña llegó a cambiarle el final al cuento La sirenita, de Hans Christian Andersen, porque le parecía injusto que la protagonista tuviera que elegir entre matar a su príncipe, si no ganaba su corazón, o volverse espuma de mar. De joven, ella misma tuvo que elegir entre quedarse cuidando a su mamá enferma o casarse. Sin más opciones, escogió la segunda. Y dejó sus estudios de periodismo para dedicarse al hogar. Tiempo después, cuando ganó por primera vez el Governor General’s Award, mayor reconocimiento literario de su país, fue descrita como “una tímida ama de casa”. Esa tímida ama de casa es considerada hoy como la mejor escritora de relatos cortos en inglés y recientemente, a sus 82 años, recibió el premio Nobel de literatura.

Su exitosa carrera es una prueba de que las mujeres en la madurez tienen más que un sosegado retiro en la invisibilidad por delante. Mientras las estadísticas estiman que en Norteamérica la edad de jubilación promedio frisa en los 61 años, destaca una figura como Hillary Rodham Clinton,  quien no solo fue secretaria de Estado de Barack Obama, sino que a sus 66 continúa sonando como su posible sucesora, pese a sus años. “Sería la segunda persona más vieja en convertirse en gobernante de la nación, solo menor que Ronald Reagan algunos meses”, comentó el analista político James Moore en CNN, incitándola a desistir de cualquier aspiración, con la hipótesis de que las presiones de la Casa Blanca se enfrentan con sabiduría y “remanentes de la energía de la juventud”. Sin embargo, no desconoce que la exsenadora cuenta con una de las hojas de vida más impresionantes que se pudieran haber presentado para el cargo.

A la lista se suman la canciller alemana Angela Merkel, que a sus 59 años es la política más poderosa de Europa, y la francesa Christine Lagarde, de 57, quien es la cabeza del Fondo Monetario Internacional. La nueva integrante del club de damas de gris es Janet Yellen, nominada por el presidente de Estados Unidos para ser la primera mujer al frente de la Reserva Federal, a los 67 años, y que ha sido llamada incluso “la más poderosa del mundo”, pues tendría en sus manos el banco central de la potencia, para muchos el trabajo más importante en el ámbito económico.

“Las que nacimos en la década del cuarenta hemos tenido la oportunidad de no estar ligadas exclusivamente a los roles familiares y planteamos propuestas para el mundo, pues crecimos en la época de la liberación. Antes, a los 60 años a una mujer no le esperaba más que envejecer en un mundo patriarcal”, reflexiona la psicoterapeuta y columnista María Antonieta Solórzano, quien pertenece a esa generación de cambio. “Ahora, con la llegada de los años, se dedica a cosechar lo que ha estado sembrando a lo largo de su vida y su carrera”. Son ellas quienes les han allanado el camino a sus descendientes que no necesariamente deben esperar a los 60 para brillar.

Aun así, la especialista considera que “a los 20 y 30 todavía tienen que probarle al mundo lo que son capaces de hacer”. De hecho, se dice que Yellen está más preparada que el actual presidente del Fed, Ben Bernanke. Ha sido su segunda al mando durante los últimos tres años gracias a una serie de méritos: fue la más destacada de su promoción en la Fort Hamilton High School, ubicada en un barrio de clase media de Brooklyn, tiene un doctorado de Yale, su mentor fue el nobel de economía James Tobin, y está casada con otro galardonado, el profesor George Akerlof. Dirigió el Consejo de Asesores Económicos de Bill Clinton y estuvo al mando del Fed en San Francisco. Además, tiene fama de hacer buenas predicciones, pues en 2007 anticipó la recesión financiera.

Aunque está casada con un peso pesado, no se conformó con ser un mero apéndice de su marido. Por el contrario, fue él quien por un tiempo asumió la mayor parte de las labores del hogar y la crianza de su hijo. Con Hillary Clinton ocurrió algo similar: “No es solo cuestión de oportunidad, pues Laura Bush también fue primera dama y ¿quién se acuerda de ella? Ahora el refrán ‘detrás de cada gran hombre hay una gran mujer’ podría cambiarse por ‘al lado de cada gran mujer hay un gran hombre’. Sin duda ellas han tenido que estudiar más que cualquiera del sexo opuesto para llegar adonde están”, considera Isabel Londoño, directora de la Fundación Mujeres por Colombia. Explica que aunque se piense lo contrario, a los 60 al género femenino le sobran ganas por una cuestión de biología: “Hay una orgía de libertad. Uno se libera del yugo de la belleza, del temor a quedar embarazada. Se acepta que está envejeciendo, que el busto se cayó ¿y qué? Como no hay que complacer a nadie, uno florece”.

Según un estudio realizado por la asociación Girls Guides, desde muy temprana edad las niñas empiezan a sentir las presiones de cómo deben lucir. Una de cada cuatro de las encuestadas entre los 11 y 14 admitió haber dejado de participar en clase por conflictos relacionados con su apariencia.

Pero no solo los análisis convencionales dan cuenta de este empoderamiento femenino. La abuela Margarita Núñez, una chamana mexicana descendiente de indígenas, defiende la teoría de que con la llegada de la vejez la energía reproductiva, que tiene que ver con sacar adelante a los hijos, se transforma en energía productiva y creativa, en una sabiduría acumulada que puede ser invertida en las grandes tareas de construcción de lo social y lo político, entre otros campos: “Nos abrimos a la maternidad universal. Somos polvo de oro para la humanidad”. Tanto así que Alice Munro ha contado que solo escribía historias cortas para aprovechar los ratos en que sus niños hacían la siesta. Pero luego decidió divorciarse, y empezó a mantenerse produciendo su obra.

“La menstruación lo marca todo. Cuando aparece a los 13 nos dicen que ya somos mujeres ¿qué éramos antes? Y entonces ¿qué pasa cuando se va? ¿Acaso dejamos de serlo?”, cuestiona Londoño. “Con la menopausia la vida da un campanazo que invita a reflexionar acerca de quién eres y, aparte de los síntomas físicos, se atraviesa por una serie de dilemas de identidad de los que solemos salir más cómodas en nuestra propia piel. Ganamos en capacidad de escucha, en empatía, nos volvemos atractivas e interesantes de nuevas formas gracias a nuestra experiencia. Somos más claras, frenteras y versátiles porque tenemos un sentido de la prioridad muy afinado y después de haber sido cabezas de hogar, sabemos administrar de manera eficiente y práctica cualquier cosa, tanto en la escasez como en la abundancia”.

Agrega que una investigación demostró que las instituciones financieras que tienen mujeres en cargos directivos “toman decisiones menos riesgosas y tienen menos líos. La cara del poder está cambiando. La mujer ha aprendido a construir el suyo desde una situación de debilidad, por eso nuestro liderazgo está dirigido hacia el servicio”.

A pesar de que sus libros exploran la naturaleza femenina, inclusive la sexualidad, Alice Munro todavía se sorprende de haber desafiado su destino: “Después de mi último libro, pensé que no volvería a escribir más porque tenía la idea de dedicarme, finalmente, a ser una mujer de verdad”, reconoció tiempo atrás. “Pero aquí estoy, a la deriva, en la creación de nuevas cosas, y preguntándome ¿esto es lo que debo hacer a mi edad?”.

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