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Israel, un país de moda

Lila Ochoa

Israel,  un país de moda VALDMANMASQUIT es una ciudad con una gran oferta cultural. Desde salas de conciertos, galerías de arte, museos de diseño, de pintura y escultura, el arte está en todas partes. En este parque frente a las salas de conciertos, se puede escuchar un maravilloso repertorio de música clásica cuando uno se sienta en las escaleras.

Por invitación de la Embajada de Israel en Colombia conocí la otra cara de un país que, como el nuestro, quiere cambiar su imagen ante el mundo: no más guerra ni violencia; sí a la cultura, a la moda y a la innovación.

Nunca imaginé que tuviera la oportunidad de conocer este país cuya fuerte identidad religiosa y cultural ha despertado siempre mi curiosidad. Uno tiende a olvidar que, aunque creado como tal en 1948, tiene cerca de 7500 años de historia y forma parte de una región considerada la cuna de la humanidad.

Tel Aviv refleja sutilmente ese bagaje histórico, en medio de un espíritu moderno. Fundada en 1909 por 66 familias sefardíes, la primera piedra de la naciente ciudad se enclavó entre el puerto de Haifa y la urbe de hoy, y un monumento conmemora este hecho al final del bulevar Rothschild, la calle más costosa y de mayor flujo de turistas.

Auténtica y única, la capital de Israel es una mezcla arquitectónica. Los edificios Bauhaus, situados en su mayoría a lado y lado del Rothschild, fueron declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Construidos entre 1930 y 1940, son un ejemplo existente de esta corriente artística, pues los de Alemania, cuna de este movimiento, fueron destruidos durante la Segunda Guerra Mundial.

Mira, nuestra guía, nos llevó en una caminata por los hitos de esta ciudad joven, ejemplo único de una planificación arquitectónica que se adapta a los requerimientos de una cultura y geografía específicas. Dentro de la urbe, una de las más innovadoras del mundo, muchos jóvenes apoyados por la municipalidad trabajan en diversos proyectos, tecnológicos en su mayoría, al punto de ser la ciudad con mayor concentración de emprendedores. El acceso a Internet es libre y permite conectarse en la calle, en un café o en un bus.

El sueño de sucesivos alcaldes es hacer de Tel Aviv una metrópolis sin autos. Para ello han habilitado cerca de 120 km de ciclovías y trabajan en un proyecto de bicicletas y vehículos eléctricos, así como en un tren liviano de transporte masivo. Considerada “La capital mediterránea de lo cool”, según The New York Times, su gastronomía es una deliciosa fusión árabe y europea.


Gindi Fashion Week

Un gigantesco mercado en la avenida Menachem Begin fue escenario de los 22 desfiles de la Semana de la Moda. La casa Missoni, invitada especial, abrió el certamen con su desfile primavera–verano 2014. El cierre fue un homenaje a Ruth Dayan, la viuda del general y político Moshe Dayan, quien fundó en 1954 Masquit, la primera marca de moda israelí de lujo, que después de 20 años vuelve al mercado. Un hilo conductor interesante unió las colecciones, diseñadas para mujeres de carne y hueso, y caracterizadas por un gran respeto por la cultura y la religión.

La diseñadora Sharon Tal, graduada de Shenkar, el instituto de diseño e ingeniería más importante del país, estuvo a cargo de los bordados del taller de Alexander McQueen, en Londres. Su desfile evocó la segunda etapa de la emblemática Masquit, reviviendo los oficios tradicionales aplicados a ropa contemporánea. Leah Pérez Recanati, directora del Departamento de Diseño de Shenkar, compara la labor de Sharon con el proyecto de Identidad Colombia, promovido por Lina Moreno de Uribe en torno al uso de oficios y técnicas artesanales en la moda colombiana. Los textiles, bordados y mano de obra de las piezas de Masquit, ilustran una mezcla de culturas y tradiciones orientales con algunas influencias de los inmigrantes europeos.

El desfile de Dorin Frankfurt mostró una fusión de texturas en diseños muy contemporáneos. Conversé con ella en el backstage, y me habló de su trabajo en París y Londres, lo que le da a sus diseños un toque glamuroso y sofisticado. Admira al belga Dries van Noten y su inspiración es Vivienne Westwood. Por otra parte, Raziela y Comme il Faut mostraron un equilibrio entre algunos signos religiosos como el pelo cubierto, en contraste con materiales de alta tecnología, cortes innovadores y el lenguaje contemporáneo de las nuevas generaciones.


Haifa

La historia de esta antiquísima ciudad-puerto está asociada a personajes de la Biblia como Salomón y san Pedro. Habitada desde hace cerca de 8000 años, su estuario natural se usa desde la Edad de Bronce. Tuvo importancia estratégica para persas y fenicios y el griego Alejandro el Grande acantonó sus tropas allí camino a Persia. Le siguieron los romanos, los árabes en el 636, y los cruzados en el 1100. En el siglo XIV, por temor a la incursión de otra cruzada, fue destruida por sus propios habitantes. Ocupada después por los turcos, formó parte del Imperio otomano hasta la Primera Guerra Mundial. En 1910 Haifa se unió a la recién fundada Tel Aviv.

Haifa conserva un estilo arquitectónico muy original donde el ladrillo rojo es protagonista y las calles empedradas, encantadores cafés, galerías de arte y boutiques de diseñadores jóvenes que marcan el espíritu bohemio de la zona del puerto, donde se vive el arte por doquier. No pudimos resistir la tentación de entrar en un café, pues allí todo es reflejo de un fenómeno cultural muy interesante. Siguiendo el hilo de la historia, caminamos hacia Tel Aviv. Muchos de los rascacielos, construidos en piedra blanca, en contraste con la milenaria ciudad del puerto, se unen en una sola imagen de ensueño, especialmente cuando empieza a caer la tarde y el sol se hunde lentamente en el horizonte.


Panorámica de Haifa. Foto: Facebook


La calle del diseño

Tal vez la experiencia más enriquecedora fue la visita a dos diseñadoras que tienen talleres en la ciudad vieja de Haifa, acompañadas por Galit, una israelí que más bien parece una modelo. En el segundo piso de una casa sencilla nos esperaba Tamar Primak, graduada con honores en Shenkar. Al terminar sus estudios se fue a trabajar a Londres en Mark & Spencer, y aprendió de los sastres de Savile Row los secretos de este oficio. Con solo entrar a su taller me bastó para entender su mundo: una mezcla de encajes muy victorianos, damascos hechos a mano y tejidos por mujeres mediante técnicas antiquísimas. Según me contó, “es una mezcla de influencias europeas y del Medio Oriente, de colores únicos, con la fuerza del sol, las piedras del desierto y el azul del mar”. Tamar posee una vasta colección de cenefas, encajes y botones antiguos que compra en bazares y anticuarios o que le regalan amigos que saben que los aprecia como tesoros. A pesar de que Israel es un país pequeño, la moda es muy relevante. Sin embargo, como en los países de Occidente, los diseñadores realmente únicos, originales e innovadores son muy pocos.

Continuamos hacia al estudio de Liora Taragan, graduada hace once años de Shenkar. Su taller, instalado en una antiquísima casa de columnas, evoca una cueva como las descritas en Las mil y una noches. Decorado con exquisitez, cada una de las prendas es un objeto de arte. Inspirada en los beduinos, Loira trabaja solo pequeñas cantidades, pues prácticamente toda la ropa es cosida a mano. Sus clientes foráneos aprecian y pagan el costo de sus diseños. Ella reúsa telas antiguas que encuentra en sus viajes, por ejemplo, una camisa hecha a partir de un chal con aplicaciones en plata. Taragan mezcla estas prendas con otras contemporáneas y logra un efecto fantástico. Sus materiales favoritos son el terciopelo, el cuero, las telas egipcias, las lentejuelas y piezas de metal, que trabaja con un preciosismo de joyera. Una mezcla entre joyas y prendas, algo único y original.


Shenkar

La visita a Tel Aviv me llevó a toparme con Leah Pérez Recanati, directora del Departamento de Diseño de Shenkar, quien fue agregada cultural en la Embajada de Israel en Colombia durante tres años. Había oído hablar de la maravilla de Shenkar, pues trabajé con Leah en el proyecto de Identidad Colombia, pero resultó extraordinario ver cómo funciona esta institución, cuyas instalaciones impresionan tanto como la forma en que está organizada. Cada verano, veinte estudiantes hacen pasantías en los talleres de diseñadores de la talla de Lanvin y Nina Ricci, en París; Kenneth Cole, en Nueva York, o Mark & Spencer y Jonathan Saunders, en Londres. Leah maneja contactos con escuelas de moda como el Royal College of Art, en Londres; FIT, en Nueva York, y ESMOD, en Berlín, lo que les permite a los estudiantes acceder a un programa tan intenso en la parte técnica como experimental en cuanto a diseño y arte. Shenkar es considerada la décimo tercera entre las cincuenta mejores universidades de diseño del mundo. Su alumno más famoso es Alber Elbaz, director artístico de la casa Lanvin. Leah dice haber aprendido de Elbaz “que no basta con ser talentoso, hay que ser atento, amable y querido para que la gente que trabaja para uno lo haga de buena gana. Todo es trabajo en equipo”.


Jerusalén

Desde que leí el libro de Thomas Friedmann, Jerusalén, soñaba con conocer esta mítica ciudad que, a pesar de las conquistas y reconquistas a manos de cristianos, árabes y turcos, es hoy el centro de la vida israelí, tal y como lo fue desde el momento en que el rey David la eligió como capital de su reino, hace 3000 años. A primera vista impactan su belleza, esculpida en piedra blanca, y un ambiente de espiritualidad que se respira apenas se franquean sus murallas. Finalmente, es el lugar sagrado de cristianos, judíos y musulmanes. Caminar por sus calles y parques es como releer un libro de historia. Me pareció ver a Leonor de Aquitania cruzando una calle y a Ricardo Corazón de León con su armadura, cerca de la muralla. El legado de los cruzados, las historias de poder y gloria de papas y reyes, de Saladino y los musulmanes, subyacen en cada monumento. La Basílica del Santo Sepulcro fue mandada a construir por la emperatriz Elena, madre de Constantino. Parte de las murallas fueron erigidas por Solimán el Magnífico. Hasta un complejo ruso se levanta alrededor de la Iglesia de la Trinidad, que marca el territorio de los cristianos ortodoxos.

El monumento más importante de Jerusalén es tal vez el Templo de David. El primero, construido por Salomón, fue destruido; el segundo, ampliado y embellecido por Herodes, fue derribado por los romanos y hoy solo quedan de ese magnífico edificio una maqueta y el muro de las lamentaciones, destino de peregrinación de multitud de judíos que lloraban el exilio. La Cúpula, o Domo de la Roca, solo se puede ver de lejos, pues no se permite la entrada a los cristianos. El cenáculo se encuentra bajo un edificio de columnas y cúpulas góticas que más parecen de la época de las cruzadas que de la de Jesucristo pero, según me explicaron, en ese recinto se llevó a cabo la última cena y dado que la ciudad está construida una capa sobre otra, no me pareció extraño. El Vía Crucis, o vía dolorosa, atraviesa la ciudad vieja.

El guía me explicó que es prácticamente imposible construir algo nuevo en Jerusalén, pues a cada centímetro surgen vestigios arqueológicos. La ciudad vieja, de exclusivo uso peatonal, está construida en una colina por la que ascienden miles de escaleras y terrazas. Durante esas caminatas en medio de la lluvia pensé que Jerusalén ha logrado el milagro de la convivencia entre pueblos y religiones distintas. Por lo menos así lo percibí, pero puede ser tan solo una ilusión.

No podía dejar de visitar el mercado, al otro extremo de la ciudad, el lugar justo para entender la gastronomía de un país, un enclave mágico que me atrajo como un imán debido a mi gusto por la cocina. Allí disfruté los colores de las frutas y verduras, los olores y sabores de las especias y de los dulces exóticos.


Jerusalem. Foto: Turismo Jerusalem


El museo de Israel


Impacta su arquitectura de líneas simples y volúmenes minimalistas rodeados de jardines de plantas nativas. Los manuscritos del mar Muerto, o rollos de Qumrán, están expuestos en un lugar especial para que los visitantes puedan admirar los 800 rollos escritos en hebreo que datan del 150 a.C. al 70 d.C., hallados en once grutas en los alrededores del mar Muerto.

Una exhibición especial dentro de este recinto me dio en la vena del gusto, La historia del vestido judío. Tanto el vestuario femenino como el masculino están determinados por la ley judía (Halakhah) y las costumbres. A través de los siglos, diferentes versiones reflejan las regiones que habitaban las comunidades judías en el Medio Oriente. Esta colección única muestra el lujo y la calidad de los textiles hechos con técnicas de más de 3000 años de antigüedad, en fibras naturales como lana, seda y lino. El paso de los siglos está impreso en vestidos de novia, chales y prendas rituales. El manto con que se cubren el pelo las casadas es símbolo de modestia, cualidad esencial para la mujer judía. Cada prenda tiene una razón de ser y una historia que contar dentro de esta exhibición, una valiosa clase de historia y religión a través del vestido que selló mi visita a Israel.

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