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John Galliano El revolucionario

John Galliano El revolucionario John Galliano El revolucionario

Por primera vez, el más influyente diseñador de nuestro tiempo le da una entrevista a una publicación colombiana antes de su despido. FUCSIA... fue la afortunada.

 
¿Un pirata, un revolucionario, un dandy o un marinero de los años 50? En cada una de sus colecciones para Dior, John Galliano adopta un nuevo look y se sumerge totalmente en un proceso creativo que lo lleva a buscar referencias en lugares exóticos, épocas emblemáticas de la historia y personajes míticos. No es por nada, que Galliano es considerado como uno de los diseñadores más influyentes de nuestro tiempo.

Nació como Juan Galliano Guillén, en Gibraltar, territorio británico desde 1713 bajo el Tratado de Utrech. De madre española, fue el primero en su familia en ir al colegio en España a donde llegó vía Tanger. En 1966, su familia se trasladó a Londres donde su padre trabajaba como plomero. Galliano, aunque es ciudadano del Reino Unido, aún conserva las imágenes con las que creció en su tierra natal. Los mercados, los souks, las telas tejidas en telar, los tapetes, los olores, los sabores de las hierbas aromáticas, el color del Mediterráneo son fuente permanente de inspiración en su trabajo. Aunque su paso por la escuela Wilson en Dulwich, Inglaterra, no fue relevante desde el punto de vista académico, su manera de vestirse era lo que llamaba la atención, pues su madre, siguiendo la tradición española, lo mandaba al colegio siempre inmaculado, con la ropa almidonada y planchada. Solamente a los 16 años, cuando empezó a estudiar Diseño y descubrió el arte y gente semejante a él, se sintió verdaderamente aceptado.

En 1984, a los 21 años, presentó su colección ‘Los increíbles’, inspirada en la Revolución Francesa, como tesis de grado de Central Saint Martin, la escuela de diseño y arte más importante del mundo. Las prendas que mostró eran una reacción al entrenamiento que recibió en su universidad y, como él dijo en su momento, “a la moda italiana”. A ese estilo andrógino de las pasarelas de Milán, al estilo minimalista de Armani y de otros de los diseñadores que le parecía “muy aburrido”. Para él, los colores, las telas, lo femenino y lo masculino se debería mezclar sin reglas fijas por seguir.

Ya en ese momento, Londres marcaba la diferencia en su primera Semana de la Moda, atreviéndose a desafiar los códigos tradicionales acerca de lo femenino y lo masculino. Galliano fue una de las estrellas de esas pasarelas que marcaron una época en la historia de la moda. Ese mismo año, lanzó al mercado su propia marca y fue elegido como el mejor diseñador británico de los años 1987, 1994 y 1997. Por razones financieras, aceptó el cargo de Director Creativo de Givenchy en París, en julio del 1995, cargo que le ofrecieron una hora después de que Hubert de Givenchy presentara su última colección de Alta Costura a los 34 años, cuando era considerado un diseñador irreverente. Un voto de confianza de Bernard Arnault, el presidente del grupo LVMH, dueño de la marca que pensaba que él era el hombre capaz de redefinir uno de los nombres más reverenciados de la moda. Era el primer inglés en estar a la cabeza de una de las emblemáticas Casas de Alta Costura en Francia, luego lo precedería Alexander McQueen. Dos personajes, Anna Wintour, la directora de Vogue, y Andre Leon Talley, en ese momento editor de Vanity Fair, contribuyeron a que él aceptara la dirección. De un día para otro, el taller de Givenchy cambió la música por el rock y de Audrey Hepburn se pasó a Amanda Harlech, la sofisticada y bohemia esposa de un barón inglés que se convirtió en su musa oficial. Un día se atrevió a llevar de copas, hasta el amanecer, a todo su equipo, a uno de los clubs nocturnos cerca de la Torre Eiffel, para darles una idea de su mundo. Pero, como él mismo dijo para tranquilizarlos: ”Yo no vine a cortar el árbol, vine a podarlo”. Con su talento, disciplina y devoción le devolvió la gloria a la Casa y con ello las utilidades.

En 1996, fue nombrado como Director de Christian Dior y desde entonces dirige los destinos de esta Casa. Arnault, que es un convencido del poder del mercadeo y del poder de la prensa, se arriesgó a hacer el cambio cuando en una comida Galliano le dijo que su sueño era diseñar algún día para Dior. Finalmente, no se trata de darle gusto a las venerables señoras, sino de hacerle ruido a la marca para que el negocio de las franquicias dé utilidades. Galliano logró inyectarle sangre nueva a una Casa que se había quedado dormida en su gloria, pero siempre manteniendo el espíritu. En el 2010, recibió la Condecoración de la Legión de Honor de manos del presidente Sarkozy por su aporte a la industria de la moda.

No importa si un día resuelve convertir a la Opera Garnier de París en una fiesta veneciana para presentar su colección, o a la estación de tren de Austerlitz en un souk marroquí, Galliano nunca deja de sorprender a su público. Ya sean los editores de los periódicos y revistas de más renombre, las celebridades del momento, los compradores de los grandes almacenes o los amantes de la moda quienes logran obtener una preciada invitación para asistir a sus desfiles, todos salen sorprendidos y emocionados.
Un virtuoso del corte y del detalle, siempre está buscando la perfección en cada prenda. Sus presentaciones tienen algo de teatral, pero, ante todo, son un homenaje al glamour.

Expresiones del maestro
¿Su amor por el teatro juega un papel importante en sus creaciones?
El teatro, la fantasía, contar historias… mi trabajo es hacer soñar a las mujeres.

¿En algún momento ha sentido que su vida y su oficio son frívolos?
Ninguna vida es trivial. Puede ser que la moda no cure el cáncer o no ayude a acabar con las guerras, pero es fuente de inspiración, de innovación y empodera a las personas. Yo creo lujo, estoy en el negocio de los sueños, de la belleza y la aventura. A lo mejor a algunos les parece frívolo, pero sin ese ingrediente el mundo sería un lugar gris y aburrido.

Profesionalmente, ¿siente que le falta algo por cumplir?
Siempre tengo objetivos por alcanzar, metas por cumplir, yo siempre me estoy forzando a mí mismo y a mi equipo para conquistar nuevos logros. Uno tiene que hacer de su trabajo un reto permanente y algo emocionante para mantener a la gente inspirada.

¿Conoce Latinoamérica?
Sí. He hecho viajes tanto de vacaciones como de trabajo para investigar. Amo la calidez de los colores, el clima caliente, las personalidades y la pasión de esta cultura rica y con tradición.

¿Lo inspiran los países exóticos?
Los viajes no dejan nunca de inspirarme. Cada vez voy a un país diferente y me sumerjo en su cultura, en sus colores, en sus musas. Para mí no hay nada más excitante que explorar un nuevo país, vivir experiencias en un lugar nuevo, conocer una manera de vivir distinta, de primera mano. Todo es hermoso, uno sólo tiene que ir y buscarlo.

Usted dice que ama a las mujeres.
¿Tiene una en particular que lo inspira, una musa?
Tengo muchas musas, muchas mujeres, muchas amigas que me inspiran, me motivan, me encantan y me divierten. Es ahí, en esas muchas contradicciones y caracteres, donde encuentro mi musa.

¿Cuál es su lugar favorito en el mundo?
Me encanta descubrir nuevos lugares, también sueño con tener tiempo para disfrutar. Como dice el dicho: “no hay un lugar como la casa de uno”.

¿Su herencia española influye en su trabajo?
Permanentemente. Es una parte muy importante de mi carácter. Las raíces, la familia y la cultura es lo que define quién es uno.

En pocas palabras, ¿qué significa Dior para usted?
Elegancia, lujo, innovación, belleza; el new look por excelencia.

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