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La tierra soñada de Andalucía

La tierra soñada de Andalucía La tierra soñada de Andalucía

Viajar por el sur de España es la posibilidad de emprender esa primera travesía en pareja por tierras misteriosas que hablan de otras culturas.

Viajar a Andalucía es como ir al pasado, es un encuentro inesperado con el mundo árabe y con esa convivencia peculiar que hubo entre cristianos y moriscos durante siglos en la península ibérica. Es toparse con ruinas de mezquitas, es ver verdaderos gitanos habitar las cuevas del Sacromonte, en Granada, es descubrir que se puede comer exquisito con solo pedir una copa. Eso sí, este viaje, más que aires románticos, invoca complicidad y curiosidad entre las parejas.
El sol arrecia en primavera y verano, pero es un calor seco, lo que hace más soportable esta aventura cultural. Lo ideal es hacer un viaje por esa sucesión de ciudades que cuentan la historia que habita en la sangre y el color de la piel morena de sus habitantes. Descolgarse desde Madrid hacia Córdoba, para pasear por el casco viejo, y descubrir callecitas diminutas, empedradas y rellenas de florecitas moradas, que separan una casa de otra solo unos cuantos pasos. La sensación al entrar a esta antigua parte de la ciudad es como meterse en las entrañas de un laberinto en el que no se sabe por dónde se oculta el sol. Luego, visitar Sevilla e ir al encuentro del Alcázar, uno de los palacios más antiguos del mundo que, entre sus azulejos y repujados en sus fuentes y jardines, cuenta la historia de varios reinados, deja ver los secretos de pugnas y amoríos. Pero esta ciudad no solo ofrece historia, es también un lugar con un hermoso río que lo atraviesa, una amplia zona comercial y una serie de construcciones que quedaron de la Expo de Sevilla en 1992.
Finalmente, hay que llegar a Granada. Esta debe ser la ciudad para el final del viaje, no solo por el encanto de la Alhambra, un complejo de fortalezas y palacios andaluces que habitan aún en sus montañas, sino por la belleza de sus calles peatonales llenas de faroles, abarrotadas de mercaditos de especias y tés, de lugares exóticos que insinúan en sus tierras altas un barriecito de casas blancas montadas unas sobre otras en el Albaicín, donde no es raro toparse con una guitarra flamenca que parece sacarle al lugar unos lamentos y a los novios un beso. =

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