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La vida puesta a prueba La vida puesta a prueba

Perder fuerzas para vivir, mostrar desinterés frente a todo y tener pensamientos negativos pueden ser señales de una depresión.

 
Paradójicamente, una de las enfermedades que menos se toma en serio, la depresión, es una de las más serias. La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala, por ejemplo, que este trastorno se convertirá en el año 2020 en la segunda causa de incapacidad en el mundo, detrás de enfermedades como infartos, insuficiencia coronaria o accidentes cerebrovasculares. El crecimiento de esta patología es acelerado y si en el año 2000 ocupaba el cuarto lugar, pronto se acerca a un nivel mucho más alto.

Considerada como uno de los males de los últimos tiempos, fruto de las condiciones de vida y de factores externos que rompen el equilibrio y afectan el bienestar, la depresión cada vez ataca a más personas sin importar edad, sexo o condición socioeconómica.
Desde niños a quienes nada los asombra y viven ensimismados, hasta hombres y mujeres adultos que en otro tiempo fueron exitosos y ahora no esperan nada bueno de la vida, son víctimas de esta enfermedad definida como un trastorno mental.

El doctor Edwin Erazo, director del Instituto de Investigación del Comportamiento Humano, afirma que desde la perspectiva médica, la depresión es un trastorno del estado de ánimo ocasionado por una deficiencia de serotonina, noradrenalina y/o dopamina en el sistema nervioso central.

Lo anterior hace que aparezcan síntomas como estado de ánimo deprimido o tristeza patológica, pérdida de interés o de capacidad de obtener placer, ansiedad, irritabilidad, apatía, ideas de minusvalía y de desesperanza, dificultad para concentrarse y somatizaciones.

Por su parte, la sicóloga Annie Acevedo agrega que hay causas externas e internas de la depresión, es decir, que algunas tienen que ver con factores del exterior que afectan a las personas, como pérdida de seres queridos, del trabajo o económicas; pero también hay depresiones que pueden ser síntoma de otras enfermedades que tal vez vengan en camino como Parkinson, por ejemplo.

“Hay que estar muy atentos a los estados anímicos y, una vez identificada una depresión, hay que aceptarla para moverse en la dirección de reconstruir el sentido de la vida”, agrega esta especialista.

Según Acevedo, ante situaciones como el actual momento de crisis económica mundial, es muy probable que la gente se sienta deprimida temporalmente porque está perdiendo bienestar, comodidades, seguridades, privilegios, es decir, se está enfrentando a estados de pérdida múltiples. Sin embargo, si esto se asume y se trabaja con la ayuda de seres queridos y especialistas de la salud quienes optarán por sicoterapia o medicación, o ambas, la situación se superará, de lo contrario, se perpetua y se puede volver un estilo de vida.

Tristeza no es igual a depresión

Para el siquiatra José Posada es importante enfatizar en que la depresión es un trastorno mental y, por lo tanto, es diferente a la tristeza. “Cuando se tiene una pérdida, bien sea económica, sentimental, de salud o de otro tipo, generalmente aparece el sentimiento de tristeza. Esto es completamente normal y generalmente dura unas horas o días. Pero cuando la persona lleva más de dos semanas con síntomas como tristeza profunda, llanto frecuente, sentimiento de minusvalía, pérdida de energía, aumento o disminución del apetito, aumento o disminución del sueño, lentitud motora, disminución del deseo sexual, ideas de muerte o ganas de suicidarse, se dice que sufre una depresión mayor”, ilustra este profesional.

Por lo anterior, recomienda que en momentos en los que se empieza a sentir el ánimo bajo, es clave recurrir a los familiares y amigos para combatir la soledad. También se ha comprobado que el ejercicio moderado combate la depresión, asimismo, otros aspectos que se deben enfatizar son la vinculación con actividades artísticas y culturales, los trabajos manuales o actividades sociales y filantrópicas, manteniendo además las rutinas cotidianas y la alimentación equilibrada.

“Ni aislarse ni tomar licor es recomendable”, agrega el siquiatra Posada, quien concluye que si alguien tiene seis o más de los síntomas enumerados anteriormente, es importante que busque ayuda profesional. “Seguramente, una sicoterapia, cuando la depresión es leve o moderada, o sicoterapia más un medicamento antidepresivo en los casos más graves, le será de mucha utilidad”.

Lo que está en juego


Generalmente, como muchos trastornos mentales, la depresión puede desaparecer de manera espontánea. El problema es que no se sabe cuánto tiempo puede durar, quizá meses o años, y en ese tiempo, explica el siquiatra José Posada, pueden pasar muchas cosas desagradables y hasta peligrosas: se pueden deteriorar las relaciones sentimentales y de amistad, se corre el riesgo de perder el empleo, se puede alejar de la familia o de la pareja, se puede pasar mucho tiempo sin disfrutar de paz interior y calidad de vida, puede retardar el inicio de un tratamiento que generalmente cuanto más rápido se inicie más rápidos y mejores serán los resultados.

Tenga en cuenta que una depresión produce mayor angustia y sufrimiento a las personas que lo quieren y lo estiman, además aumenta el riesgo de accidentes de tránsito y laborales, y el de consumo de sustancias sicoactivas pudiendo incluso llegar a desarrollar ideas de suicidio.

En este orden de ideas, Posada explica que también se sabe de la relación entre el trastorno depresivo y las enfermedades cardiacas u hormonales, la disminución de las defensas contra las infecciones y los dolores crónicos.

Crisis de mercados y crisis personal

Hoy, mientras el mundo habla de crisis de mercados y económica, ese tema que necesariamente afecta los bolsillos de todos, también incide en los estados anímicos. La sicóloga Rosa Guevara dice que hay una estrecha relación entre afecciones como estrés y depresión. Esta especialista cita informes de la OMS que han asociado a la pobreza con cuadros de estrés. “El desempleo, la exclusión social y contextos de violencia e inseguridad generan una gran olla a presión a punto de estallar”, ilustra esta profesional.
La Organización Mundial de la Salud conceptúa: “no nos debería sorprender ni deberíamos subestimar las consecuencias de la actual crisis financiera, porque ésta aumentará los desórdenes mentales ya existentes, lo que es preocupante”.
Guevara anota, por ejemplo, que el consumo de antidepresivos y ansiolíticos está aumentando, como el caso del Prozac con cifras que duplican las de hace sólo un año. Asimismo, las consultas de salud mental han visto incrementadas sus visitas en 30 ó 40 por ciento, según los países, y a medida que la crisis se va haciendo más patente en la economía real, estas cifras aumentarán de forma considerable.
 

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