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La violencia y las mujeres

Revista Fucsia.com

La violencia y las mujeres Lila Ochoa

Muchas mujeres callan acerca de la violencia que reciben en su propia casa.

 
Por: Lila Ochoa
Directora Revista FUCSIA
 
Hace unos días estaba leyendo una historia que saltó a las noticias de primera plana en Estados Unidos: la golpiza que le dio a la cantante Rihanna, de 21 años, su novio, de 19. Según los periódicos, lo que desató la pelea fue un mensaje de texto de otra mujer, que Rihanna se encontró en el celular de su novio. Como ella se lo leyó en voz alta, él reaccionó golpeándola y trató de ahorcarla. Ella lo demandó ante la Policía, pero a los pocos días lo perdonó y retiró la denuncia. En teoría, este episodio no parece nada extraordinario en este mundo de noticias sensacionalistas de la farándula. Lo que me asombró fue lo que leí enseguida.

Es un informe que trata sobre una encuesta que se hizo a raíz de este escándalo entre 200 adolescentes mujeres entre los 9 y los 14 años. 46 por ciento de ellas piensa que Rihanna se lo merecía, 52 por ciento considera que los dos son culpables, sin tener en cuenta que la cantante tuvo que ser hospitalizada a causa de los golpes. A pesar de haber visto la dimensión del maltrato en las fotos que circularon en Internet y que luego aparecieron en las primeras páginas de los periódicos, se negaban a creer en la culpabilidad del agresor. Con frases como “seguro ella hizo algo que lo puso furioso”, “sí, los hombres le pegan a las mujeres ¿y qué?”, lo disculpaban. Ella se lo había buscado y merecía la golpiza.
Me parece que esta reacción es verdaderamente preocupante. ¿Por qué será que las mujeres no hemos podido entender que la violencia doméstica es un crimen, que un hombre que golpea a una mujer es un enfermo y que el abuso continuado produce un síndrome, que acaba con la estima personal de la mujer y que en muchos casos desencadena una tragedia?

Creo que debemos hacer algo para que las niñas no sigan pensando que la violencia doméstica es algo normal, que es parte de las relaciones humanas y que sobreviene de la mano del amor. No hay excusas válidas para ese tipo de comportamiento. Ningún hombre puede pensar que puede cruzar estos límites y eso debería estar claro para cualquiera de ellos desde la infancia.

Hablo del tema con conocimiento de causa. Tengo una amiga que vivió durante nueve años una relación enfermiza donde la violencia era el pan de todos los días. La vi, como el avestruz, que esconde la cabeza bajo la arena, cómo se negaba a enfrentar su dramática realidad y poco a poco se iba retrayendo en su propio mundo. Siempre había una disculpa, la situación económica, los celos, los problemas con los hijos. El marido, por su parte, le reclamaba que ella ejercía sobre él una violencia sicológica que desde luego no existía, pues, como ella me contaba, no importaba cómo reaccionara, siempre terminaba golpeada. Un milagro salvó a mi amiga, y sucedió el día en que su marido golpeó a uno de sus hijos, y ese día ella, finalmente, reaccionó. Se le descorrió el velo de los ojos, buscó ayuda sicológica, se fue de la casa, se llevó a los niños y empezó una nueva vida.

Han pasado muchos años y mi amiga tiene hoy una vida plena y feliz. Ella hubiera querido contarle al mundo su tragedia, para que otras mujeres aprendieran de su experiencia, pero no lo hizo, pues ese tema produce vergüenza y ninguna mujer se atreve a confesar que su marido la golpea. Además, la sociedad no considera que este sea un problema grave, el machismo endémico de los colombianos no lo permite. Ella no quería acabar con la imagen del padre de sus hijos y por protegerlos nunca tomó medidas drásticas. Pero se equivocó, pues un hombre que golpea una vez sigue haciéndolo, a menos que se someta a un tratamiento sicológico para controlar la ira.

¿Cuándo será que se legisle de una vez por todas al respecto? Ahora que se debate la penalización de la droga en dosis personales, ¿cuándo se irá a penalizar la violencia doméstica que destruye no sólo familias enteras, sino la vida de muchas mujeres?
 

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