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Las 10 reglas de una buena madrastra

revista FUCSIA

Las 10 reglas de una buena madrastra Charlize Theron interpreta a la malvada madrastra en la cinta Blancanieves y el cazador.

En el mes de las madres, expertas en el tema de los hijastros le revelan a nuestras lectoras diez tips para aquellas que no quieren convertirse en las típicas villanas de cuentos de hadas.

Hace muchos, muchos años, una madrastra casi mata a Blancanieves mientras otra sometió a Cenicienta a hacer todos los trabajos pesados de la casa. Sin embargo, en la realidad de la vida actual hay familias en las que este cuento tiene otra versión: la antaño villana podría sufrir de depresión y ansiedad porque no sabe cuál es su papel en el nuevo hogar; quizá sus hijastros la castigan con la indiferencia y ella asume que debe cocinarles, arreglarles el cuarto y recoger su desorden sin protestar ante sus desplantes. O tal vez no le sea fácil asumir que aunque haya acabado de casarse no vivirá una luna de miel porque ella no es la prioridad de su esposo.

De acuerdo con la Stepfamily Foundation, en Estados Unidos cada año hay 1300 nuevas familias de este tipo y se estima que el 66 por ciento de las parejas que se unen en segundas nupcias se separan cuando hay hijos de por medio. Los especialistas coinciden en que a las mujeres les toca más duro que a los padrastros, pues viven una contradicción: por un lado, consideran que deben ser una figura materna y por otro les aconsejan mantener la distancia.

Para la psicóloga Lisa Doodson, las que tienen a su cargo los niños de su marido y los propios son las más afectadas emocionalmente. Pero en su libro How to Be a Happy Stepmum señala que también sufren “quienes no tienen hijos biológicos debido a su falta de práctica”. Además, según su experiencia, no solo como madrastra sino como investigadora, ha descubierto que la relación más difícil es aquella que se da con las hijastras, especialmente a partir de la preadolescencia: las jovencitas se sienten celosas del tiempo que su papá le dedica a una nueva mujer y, por un asunto de solidaridad de género, creen que si se acercan a ella estarán traicionando a su mamá. ¿Cómo lidiar con este papel sin perder la cabeza?

1. El tiempo, la mejor medicina.
La mala noticia es que los estudios han demostrado que las parejas con hijos de anteriores uniones pueden tardar entre cuatro y siete años en funcionar como una familia. El único antídoto contra la desesperación, como lo explicó Doodson a FUCSIA, “es tomar las cosas con mucha calma”; el vínculo podrá construirse cuando haya respeto y confianza de por medio.

2. Adiós al sentimiento de culpa. Un mito común es creer que el instinto maternal brota de manera espontánea y que hay que amar a los hijastros automáticamente. Para los psicólogos, el amor es una ganancia y no se debe apuntar directamente a este objetivo sino a una “civilidad básica”. Como en toda relación lo primero es conocer a las personas.

3. Papá está a cargo. La disciplina no es responsabilidad de la madrastra, puesto que exigir el cumplimiento de las normas de la casa directamente podrá generarle más resistencia. “Solo tiene que negociar con su pareja los límites y él se encargará de hacerlos respetar y mantener un seguimiento”, sugiere la psicóloga Patricia Papernow, creadora de la página web Stepfamilyrelationships.com. Agrega que si el papá se ausenta debe anunciar que su esposa queda al mando. Y por ejemplo, si la ley de la casa es que no se ve televisión antes de terminar las tareas y el niño desobedece, el discurso de ella podría ser: “conoces las reglas, sabes que tendré que informarle a tu papá, es tu elección”.

4. Dos casas, dos leyes. No está mal que los hijastros entiendan que en la casa de su mamá tienen ciertos derechos y deberes distintos a los del hogar de su padre y su esposa. Lo importante es ser consecuente con la exigencia de las normas del hogar. En este sentido, si la madrastra tiene hijos biológicos aplican las mismas restricciones, sin favoritismos. 

5. ¿Quién le da su lugar? “Para que la madrastra sea respetada, su esposo debe hacer muy bien la tarea”, asegura la terapeuta Evelyn Peckel. “El problema es que muchos hombres se dejan manipular porque no han resuelto su complejo de culpa por el fracaso de su anterior matrimonio”. Por eso a veces son más laxos de lo que su pareja esperaría y les cuesta poner límites. “No falta el que se va de vacaciones de Navidad con sus hijos y deja a la esposa botada para no incomodarlos. A ella no le toca reclamarles a gritos su lugar, si lo hace es porque su marido no se lo ha dado”.

6. No lo tome como algo personal. Ante el rechazo, la madrastra no debe imponerse a la fuerza. Los niños también se sienten temerosos de perder su posición. Aun así, ella no puede permitir que le falten al respeto y en caso de que reciba una ofensa por parte de ellos en ausencia de su esposo lo recomendable es usar frases como: “No acepto que las personas me hablen de esta manera”, y alejarse.

7. Usted no es la mamá. La especialista Rachelle Katz opina que la receta de la infelicidad es anhelar ser querida como una mamá cuando “lo mejor es convertirse en una especie de tía divertida”. ¿Cómo lograrlo? “No haciendo demasiado. Hay madrastras que con tal de ganarse la aprobación y el afecto de sus hijastros se convierten en esclavas de estos”. La cruda verdad es que por mucho que hagan, su trabajo suele ser desagradecido: el Día de la Madre no deben esperar de su parte una tarjeta.

8. Diplomacia ante todo. Para blindar la autoestima, la mejor fórmula es tener una buena comunicación con la pareja y desahogarse con aquellas amigas que pasan por una situación similar. Pero Papernow considera que es imperativo “monitorear el conflicto. Por ningún motivo hay que discutir delante de los hijastros, ni hablarle mal de ellos al esposo, ni entrar en comparaciones con la ex”.

9. Lo mío, lo tuyo, lo nuestro. Una conversación clave de cualquier matrimonio es cómo se manejarán las finanzas. Según los expertos, lo aconsejable es que la mujer mantenga cierta independencia económica, aunque lógicamente compartirá gastos con su esposo.

10. La tradición familiar. Así como la madrastra debe permitir que su marido tenga espacios a solas con sus hijos, debe proteger sus momentos de intimidad en pareja. Solo una relación fuerte permitirá que haya una promesa de comunión. Así mismo, es conveniente que se interese en conocer a sus hijastros para que en lo posible encuentre un pasatiempo en común. Que cada padre salga siempre por su lado con sus hijos biológicos solamente logra separar más. Es indispensable construir tradiciones como compartir una cena los fines de semana. Si no actúan como familia nunca lo serán.

No todas son como las pintan

“Eso lo tendrían que decir mis hijastros”, bromea Carmen Barvo, directora de Fundalectura, refiriéndose a los tres hijos varones de su esposo, Carlos Castillo. Cuando se casaron tenían 10, 11 y 15 años y ella está convencida de que su origen costeño tuvo que ver con su éxito como madrastra: “Las familias en Barranquilla son amplias, solidarias. Pero también me ayudó el hecho de tener una vida propia y no andar con la lengua afuera mendigando amor”.

Cuenta que la idea de “la bruja” surgió en la Edad Media, cuando muchas mujeres se morían en el parto y los viudos volvían a casarse, entonces los niños eran mano de obra barata explotada por la nueva ama de casa. Pero las familias ya han cambiado”. Ella aprendió que a los “hijos políticos” no hay que tratar de educarlos, que ese trabajo le corresponde al papá y la mamá: “Por eso mi rol me pareció delicioso, se quita uno muchas responsabilidades de encima, simplemente era una mujer que llegó a sus vidas por medio de su padre, aunque la experiencia me sirvió para anticipar muchas cosas de mi propia maternidad. La amistad llegó con los años. Siempre los traté como iguales y así se construyó el respeto. No es porque sean mis hijastros, pero siempre fueron muchachos muy bien educados”.

El caso de la columnista Cecilia Orozco fue muy diferente. “Mis hijas”, como llama a Sofía y a Paula, eran pequeñas cuando se casó con Darío Restrepo, su padre. “Aunque digan que el amor no es lo primordial, creo que es una condición para que de verdad exista una relación. Yo era joven y estaba asustada, pero tenía una buena disposición: me ganó el instinto maternal y a ellas el de hijas, porque su mamá biológica vivía lejos y luego falleció. Yo era la que les revisaba las tareas, les ponía orden y les alistaba la comida. Por eso, pese a que me separé de su papá seguimos siendo una familia”.

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