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Las lecciones de moda que nos dejó Alicia en el País de las Maravillas

Revista FUCSIA

Las lecciones de moda que nos dejó Alicia en el País de las Maravillas Foto: productora

La Alicia del libro de Lewis Carroll ha marcado tendencia en los 150 años que lleva de vida. Para festejar su aniversario, el Victoria & Albert Museum of Childhood abrió el pasado 2 de mayo la exposición The Alice Look. FUCSIA habló con su curadora, Kiera Vaclavik.

Alicia, la Alicia que todos conocemos en su país extraño, lleva ya un siglo y medio entre nosotros. Habiendo vivido más de lo que a cualquier ser humano le es permitido, sigue atravesando el tiempo y fascinando a las generaciones, quizá porque su esencia es difícil de descifrar. En el libro, por ejemplo, la pequeña niña le admite a la Oruga que no está segura de quién es, y le explica las transformaciones que está sufriendo: cada vez que se mete algo a la boca crece o empequeñece, como si su centro fuera el cambio y se debatiera constantemente entre la infancia y la adultez.

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Muy a pesar de esta naturaleza inescrutable, no es secreto que también ha perdurado por una condición opuesta: Alicia ha erigido, en el tiempo, una identidad resistente, tanto, que a veces se nos olvida que no se hizo sola, sino que tiene un único creador: el autor Lewis Carroll. Cuando pensamos en ella, inequívocamente evocamos su pelo rubio; su vestido azul con ecos de la época victoriana; sus medias blancas hasta las rodillas; sus ojos grandes y claros. Puede ser que estos detalles varíen en cada reinterpretación, pero, si lo hacen, es desde esa imagen simbólica, común, ya clásica. Para dar cuenta de su origen y de sus cambios —y por supuesto en honor a su aniversario—, el Victoria & Albert Museum of Childhood abrió el pasado 2 de mayo la exposición The Alice Look —‘El look de Alicia’–, que muestra cómo sus vestuarios han marcado tendencia en la historia de la moda y cómo estos han ayudado a descifrarla.

“Alicia es una creación enigmática”, le dijo a FUCSIA la curadora de la exposición, Kiera Vaclavik. “Lo que la hace tan atractiva es que es testaruda sin ser despiadada, es dinámica, es viva. Ella triunfa. Y hay que decir que en el cuento, a pesar de que no esté preocupada por su apariencia, siempre se ve bien. Muchas niñas y mujeres quisieran ser aguerridas sin perder la belleza”.

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 Esta afirmación es fácil de comprobar, si se ahonda un poco en la afamada historia: Alicia da a conocer sus puntos de vista cada que tiene ocasión, en frente de cualquier autoridad, sin medir las consecuencias, e incluso llega a defender al personaje de la Sota en el juicio ante los reyes, aunque previamente se le haya amenazado con la decapitación. Además, es verdad que en el texto nunca se hace referencia a su vanidad —no se arregla el pelo, no se mira en el espejo, no tiene miedo de adentrarse en la madriguera, de cambiar, de saborear, sin arrepentimientos, la aventura— y ni siquiera su vestuario es descrito. La imagen que tenemos de ella, el vestido manga corta, el delantal, su falda tipo crinolina, es consecuencia de una exitosa combinación entre lo que usaban las colegialas de la época victoriana y la visión que tuvo el artista John Tenniel, quien hizo noventa y dos ilustraciones basadas en el libro de Carroll, la mayoría de las cuales están en la exposición.


Down the rabbit Hole, oleo sobre lienzo. Trevor Brown

Más sorprendente aún es constatar que el traje de Alicia fue originalmente amarillo y que el azul con el que la relacionamos fue impuesto un largo siglo después. Esta historia la conocemos por Vaclavik, quien ha estado investigando el tema durante años, al lado de un grupo de especialistas de la Universidad Queen Mary de Londres, que tienen como única tarea develar la influencia del personaje literario en la moda a través del tiempo. “El traje azul se hizo famoso por la película de Disney que salió a la luz en 1951”, explicó Vaclavik. Sin embargo, la productora no vistió al personaje de azul por iniciativa propia, sino por influencia de la hija del presidente Roosevelt —también llamada Alicia—, quien en la posesión de su padre en 1904 llevó un traje de este color. Desde entonces, los estadounidenses ligaron nombre y tono —llamándolo “Azul Alicia”—, así que lo único que tuvo que hacer Disney fue indagar en los gustos de la sociedad. El vestido ni siquiera se modernizó en esa ocasión, ya que las siluetas de 1850 y 1950 eran bastante parecidas, lo cual hizo que en medio de la Guerra Fría niños y adultos compenetraran con una niña enigmática y atemporal, tradicional y desmedida.



Hubo intentos de hacerla encajar en el tiempo, como nos lo recuerdan algunas ilustraciones que forman parte de la exposición, pero con poco éxito en la cultura popular. Fue el caso del artista Arthur Rackham, quien, en una edición del libro publicada en 1907, retrató a Alicia con un traje suelto de flores, pelo oscuro y media cola, y una cara que la hacía lucir mucho mayor. En un caso parecido, el ilustrador Willy Pogany, en 1922, reinterpretó a Alicia en blanco y negro, con una minifalda y camiseta de cuello, pelo por debajo de las orejas —el famoso bobby hair—, cuerpo flaco y estilizado, dando a entender que la heroína puede ser hija de su tiempo, pero que, por su intelectualidad y astucia, también puede ubicarse en medio de la adolescencia y a un paso de la sexualidad. “Hay más ejemplos de artistas que han tratado de radicalizar a Alicia. Por ejemplo, Yayoi Kusama desnuda al personaje en medio de un performance, y Max Ernst la dibuja como si fuera una total adulta”. Y es que, por más que nos impresione, la lascivia que puede despertar esta niña ha sido motivo de discusión durante décadas. Esta querella tiene un origen simple: Carroll creó a su protagonista basado en una niña de 10 años a quien se sabe pidió en matrimonio. Los padres de la niña prohibieron a Carroll acercarse. Él hizo caso, y cuando la niña se volvió mayor de edad volvió a buscarla, sin nada de suerte.


Ilustración de Sir John Tenniel, 1886

La proyección de Alicia como posible Lolita también se materializó en 2003, cuando la revista Vogue hizo una editorial sobre el personaje. En estas páginas, bajo el lente de la famosa fotógrafa Annie Leibovitz, diseñadores de la talla de Karl Lagerfeld reinterpretaron escenas del libro, vistiendo con distintos atuendos a la modelo Natalia Vodianova, quien es reconocida por encarnar a una adulta con cara de niña, lo que la hace a todas luces perturbadora e inquietante. Sin embargo, esta proyección se deshizo o menguó con la película de Tim Burton, que en 2010 mostró al personaje como aguerrido y no sexual, instintivo y no erótico. El cambio de tamaño, entonces, no estuvo relacionado con el deseo, sino con las problemáticas que conlleva crecer. Sobre Burton, Vaclavik dice: “Este ha sido el único artista que ha mostrado las implicaciones de las transformaciones de Alicia a través del vestuario: cuando engrandece la viste con corsés, cuando empequeñece le pone ropa holgada, como si ambas, niña y mujer, estuvieran en búsqueda de una identidad”.


Juvenile Productions, 1950

Porque no podía ser de otro modo, porque, por alguna razón, siempre se está en deuda con este personaje, en The Alice Look también se exhibe una pieza bajo encargo, que busca ser resumen y tributo de cada una de las versiones de Alicia. Se trata de una pieza creada por el patronista Josie Smith, quien hizo un vestido con los capítulos de la historia estampados en la tela. Este diseño quizá funcione como una metonimia —el vestido será la novela, y la novela será el vestido—, como una repetición, una obviedad, una reiteración del por qué la exhibición y por qué el personaje, sin embargo, también funcionan como una sentencia de que Alicia no se va, de que ni la niña ni la adolescente se irán por ahora.

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