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3 razones por las que es más difícil ser lesbiana

Revista Fucsia

3 razones por las que es más difícil ser lesbiana

La sociedad le cobra más caro el hecho de “salir del clóset” a una mujer que a un hombre, en especial cuando se trata de una figura pública.

"Por ser lesbiana, he sido acusada de lo divino y lo humano”. Con esa afirmación la ministra de Educación, Gina Parody, se defendió en el debate de control político que se llevó a cabo en el Senado debido a la controversia que se armó por los manuales de convivencia que hablaban de la identidad de género. “Cuando otros Gobiernos sí definieron y sí utilizaron cartillas, no pasó nada. "Solo hoy, cuando cumplo con el fallo de la Corte, se arma todo esto. ¿Qué más puede explicarlo sino mi condición sexual?”, dijo.

Ya, durante las marchas que se habían llevado a cabo en todo el país para promulgar la defensa de los valores de la familia, el ataque imperante era, palabras más, palabras menos, que Parody quería que todos los niños “se volvieran así, como ella”... No se referían precisamente a que estudiaran derecho y resolución de conflicto o que lucharan por ocupar cargos públicos. Y es que una de las quejas recurrentes de las lesbianas es que la homofobia hacia las mujeres es más fuerte que incluso contra los gays, especialmente en la esfera del poder. ¿Qué hay detrás de tanta lesbofobia?

1. “Esas mujeres histéricas…”

“¿Cuál es el colmo de una mujer en el poder? Que sea lesbiana”, podría ser la respuesta de un mal chiste sexista. La española Sonia Soriano, doctora en psicología y autora del libro Cómo se vive la homosexualidad y el lesbianismo, advierte que la mujer lesbiana suele sufrir una doble discriminación: una por ser mujer y otra por ser lesbiana, “y por lo uno, o por lo otro, y por ambas cosas, se pone en cuestión su estilo de vida, sus ideas, sus conductas; en definitiva, todo lo que hace. Ciertamente, la sociedad percibe de forma diferente a un hombre homosexual que a una mujer; ese es el reflejo de las desigualdades sociales que han existido y que todavía existen entre hombres y mujeres, no solo en Colombia. Porque en una sociedad machista de por sí es más difícil ser mujer, y despierta muchas más críticas y rechazo el simple hecho de que sea una mujer la que en el desempeño de un cargo público haga propuestas que ponen en cuestión los valores tradicionalmente arraigados en la sociedad cuando estos planteamientos tienen que ver con la sexualidad y la homosexualidad”, reveló a FUCSIA.

En general, la esfera política ha sido dominada por los hombres, que siempre han tenido ese espacio a su favor. “Cristina Fernández de Kirchner fue atacada sistemáticamente por ser mujer. Al acusarla de corrupción, las denuncias se mezclaban con los estereotipos de género y le decían, por ejemplo, que usaba los micrófonos como símbolos fálicos”, señala el doctor en Ciencias Sociales Juan Pablo Aranguren, profesor de la Universidad de los Andes. “Ser mujer en un cargo público es muy difícil por la manera como se entiende lo femenino en ese ámbito: es un estorbo. Hay estereotipos históricos basados en que la razón femenina se ve opacada por los sentimientos y las pasiones. Se trata de una lógica heredada de la tradición medieval que nos llegó en la Colonia y que refleja que el cuerpo de la mujer es peligroso para la razón masculina, invita al pecado... es la figura de la Eva que tienta. Pero resulta que no hay nada más emocional que la política: la mejor manera que han encontrado los hombres de deslegitimar sus posturas en debates es acusar a las mujeres de histéricas, para referirse a que no se controlan. Lo cierto es que cuando un hombre es capaz de decir eso, no pudo contener sus pasiones más viscerales”, concluyó. En últimas las marginaciones se suman. No es casualidad que la senadora Claudia López alguna vez posteara en su cuenta de Twitter: “Tengo cuero para resistir agravios. Loca, gritona, falta de clase, desviada, etc.”.

Cuando en 2009 Johanna Sigurdardottir se convirtió en primera ministra de Islandia, hubo revuelo mundial, pues ella hizo historia: fue la primera persona abiertamente gay en llegar a ser jefe de Estado. Su país es considerado uno de los más liberales, pero eso no la libró de desplantes como cuando el líder del Partido de Centro Cristiano de las Islas Feroe, de Dinamarca, se negó a asistir a una cena con motivo de su visita oficial, debido a que la mandataria llevaría a su esposa, la escritora Jonina Leosdottir.

2. “Amigas, simplemente amigas”

Los estudiosos del tema lo llaman la “invisibilidad lesbiana”. Se trataría de una de las consecuencias de que lo que ocurre entre las mujeres o en su mundo tiene menos importancia frente a lo que sucede en el de los hombres. “En consecuencia, el lesbianismo ha carecido del reconocimiento que ha tenido la homosexualidad masculina (…) y es menos estudiado" sugiere un texto de Aldarte, Centro de Estudios y Documentación por las Libertades Sexuales. Está claro que las demostraciones de cariño se dan con mayor facilidad y abiertamente entre mujeres y podría pensarse entonces que la situación para ellas es simple. “Sin embargo, lo que sucede es que la realidad del sexo entre ellas es más negado; se tiende a pensar que sus muestras de afecto tienen más que ver con la amistad o el amor familiar que con una relación de pareja”, opina Óscar Bendicho, especialista de la página web Psicoterapia para gays. Puede ser el caso de esas dos tías a las que llaman así, pues siempre se les ha visto vivir juntas.

“A los hombres les resulta más complicado mantener su homosexualidad oculta al entorno y, con frecuencia, cuando lo dicen, ya esto se intuía y se recibe mejor. La homosexualidad masculina tiene un largo recorrido de lucha por la visibilidad y la aceptación social, mientras que la femenina, precisamente por cuanto puede pasar inadvertida, ha sido más invisible socialmente, y esto si bien tiene de positivo que históricamente las lesbianas han sufrido menos discriminación social, sencillamente porque no existían, una vez ‘salen del clóset’ la intolerancia y el rechazo son mayores”, agrega Soriano. Hay cifras que sostienen que de cuatro parejas gays que se casan, solo una está conformada por mujeres.

Basta hacer el ejercicio de revisar las telenovelas y los programas del prime time colombiano para notar que no hay referentes con los que las lesbianas puedan identificarse. En Hollywood abundan las series y películas con parejas cómicas de hombres, mientras que cuando se toca la relación entre mujeres el tono suele ser más dramático: “Se sigue jugando con los estereotipos del ‘marica gracioso’ y la ‘mujer forzuda’, aunque cada vez más películas, series y espacios en internet ofrecen nuevos modelos”, cuenta Bendicho. Por su parte, Soriano tiene la percepción de que esto se debe a que “persiste una imagen más simple y desenfadada de las parejas de hombres, mientras que en el caso de las mujeres, a todas en general, se les presupone más complicadas en el manejo de los sentimientos”.

3. “El pene es el que manda”

Otro estereotipo popular es el de las dos mujeres sensuales inmersas en un juego erótico... “ese y el fetiche de las peleas en el lodo. Sí hay una disposición social a las relaciones homosexuales femeninas, pero son construidas desde una mirada heterosexual masculina. No es gratuito que los hombres disfruten la pornografía con lesbianas, porque ellos creen que pueden ‘penetrar’ esa relación, algo así como: ‘aquí llegué yo y esto va a cambiar’. Se imaginan que van a salvar a esas dos mujeres despampanantes con su falo”, concluye el profesor Aranguren. Eso no implica que no haya lesbofobia, por el contrario, es tal que evita que las lesbianas tengan referentes positivos y reales, y solo exista un “lesbianismo imaginario”, como analiza un texto titulado De la invisibilidad a la irreverencia.

Detrás de todo se encuentra una cultura androcentrista, heteropatriarcal en la que el hombre domina cualquier espacio, incluso los del placer... su placer. “Las diferentes iglesias se refieren a un dios varón y omnipotente que rige el mundo. Esta es una forma de afianzar el poder de los valores machistas”, afirma el psicólogo Bendicho. Desde esta visión el rol de la mujer era el de esposa y madre que educaba a sus hijos y el fin de la sexualidad femenina, satisfacer el deseo de un “macho” y la procreación. Las que se salían de los cánones y se gobernaban a sí mismas, como las viudas, las que no se casaban pero tampoco se iban de monjas, eran un problema para el control masculino y de la Iglesia, y podían ser tildadas de locas. Por eso, Aranguren sospecha que muchas lesbianas terminaron siendo torturadas en manicomios.

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