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Llave maestra José Ignacio Casas y Marea Morange.

FUCSIA invitó a José Ignacio ‘El Mono’ Casas y Marea Morange, dos expertos en moda, a ser los editores de la historia que conmemora el Bicentenario. Por Laura Samper Blanco

Desde niños ambos estuvieron ligados al mundo del arte y de la moda. Él creció en una familia donde siempre se respetó la estética y lo visual. “Viví en entornos lindísimos. También me llevaban mucho a museos y exposiciones. Desde chiquito me sensibilizaron el ojo”, afirma Casas, quien en la actualidad se desempeña como editor de moda de la revista Don Juan, sin desamparar a Monosac, el negocio de carteras y accesorios que ha tenido por años. Cuenta que, aunque cerró el local, la marca sigue más fuerte que nunca. Es más, no sólo acaba de lanzar una línea con carteras de piel de cocodrilo y con piezas únicas, sino que su mayor mercado se encuentra en Estados Unidos.

Ella es hija de una pintora canadiense y su padre fue por mucho tiempo el encargado de hacer los patrones de la revista Vogue en París. “A los 3 años fui una de las damitas en un editorial de Vogue Novias”, recuerda Marea, una francesa que llegó a Colombia hace 15 años para aprender español, y decidió quedarse.

Ya se conocían desde antes. Fue precisamente ‘El Mono’ quien la inscribió en las clases de español para extranjeros que dicta la Javeriana y le arrendó un apartamento. Desde entonces, Marea se casó con su amigo ‘El Mono’, escribió para Cromos, fue dueña junto con Carlos Cubillos del conocido almacén de ropa Cha Cha Chá, tuvo un negocio de telas francesas y creó, junto con su marido, Bbook, una oficina de producción que se especializa en prestar servicios creativos en varios campos. Uno de ellos es la fotografía de moda.

Este editorial
En esta ocasión, cuando FUCSIA los invitó a ser editores, ya se había definido el tema de las fotos. “Desde el comienzo nos llegó una tarea específica. El tema del Bicentenario se convirtió en un reto para mí”, dice Marea, en su condición de extranjera. Para ‘El Mono’, en cambio, la cosa fue “como ponerle nombre y apellido a un sueño”. Así, con el tema de las fotos tan bien especificado, lo primero fue buscar una locación para hacerlas. El lugar debía evocar historia. “¡Nos íbamos enloqueciendo! Pensamos en la Casa de Nariño, en viajar a Santa Marta a la Quinta de San Pedro Alejandrino, pero de pronto surgió la idea del Museo del Chicó, un lugar que tenemos al lado y que servía perfectamente para nuestros propósitos”, dice Casas.

Ya con el sitio establecido, la tarea por seguir fue ir con el fotógrafo Sergio Bartelsman a buscar los lugares que podrían ser buenos para transmitir la esencia requerida. En este caso, el ambiente es retro, de nostalgia y de tradición. Para los que no están familiarizados con el tema, cada editorial de moda debe contar una historia. La razón de cada modelo y cada pose en ese lugar responde a una narración que debe atravesar todas las fotos. El éxito de esa historia es responsabilidad de los productores y del fotógrafo.
Una vez se decidieron los ocho rincones donde se harían las fotos, el siguiente paso fue buscar la ropa. Para esto, los dos siempre tuvieron claro que no se trataba de disfrazar a las modelos. “La ropa es contemporánea. Esto no es Halloween”, anota Marea, y luego añade que lo que ellos hicieron fue tomar elementos de la moda de hace doscientos años y se imaginaron cómo sería usada hoy. Con estos detalles claros, vino la parte que ‘El Mono’ llamó “jugar a las muñecas”, y que consiste en vestir a las modelos con los looks previamente definidos.

Además de su gusto por el arte, los dos también coinciden en que el secreto para hacer una producción es digerir bien la información y trabajar con los elementos que se tienen a mano. Tan sencillo como eso. ¿No nos cree? Lo invitamos a ver las fotos.

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