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Los accesorios en 1810 Los accesorios en 1810

La elegancia, la buena postura, el glamour y la coquetería echaban mano, tal cual sucede hoy, de finos complementos; todos elaborados a mano.

Los zapatos
Las zapatillas de telas finas fueron las preferidas entre las mujeres distinguidas de América. Estas piezas continuaban las directrices de la moda europea. Los zapatos se hacían empleando la carnaza más gruesa para las suelas, mientras que el empeine se elaboraba con una porción más delgada de este mismo material, que iba formando un cono puntiagudo o ‘abarquillado’. En Europa, el estilo Imperio recobró las sandalias pompeyanas e impuso el uso de la chinela. Por su parte, en la Nueva Granada la exposición desnuda de los pies fue una expresión bastante popular que hablaba de la escasez generalizada de este tipo de prendas.

El Museo Nacional de Colombia conserva un par de zapatos que pertenecieron a María Villanova, la virreina que fue expulsada de la Nueva Granada junto a su esposo, el virrey Antonio Amar y Borbón. Estos zapatos representan la moda del antiguo régimen de influencia francesa en España, son de tacón alto y el cierre incluye detalles de tipo ornamental. Además, el Museo de la Independencia conserva una selecta colección de zapatos que corresponde al inicio del siglo XIX, en el que la zapatilla de tacón bajo o sin tacón marcaba notablemente la diferencia en las tendencias del momento.

La alpargata o alpargate fue el zapato nacional por excelencia. Su elaboración artesanal se hace a partir de una espiral de cabuya de fique que va adoptando la forma del pie. Es un calzado abierto, con una capellada de algodón que favorece la ventilación. Sin embargo, es una pieza que sólo funciona bien en climas cálidos y secos, pues la lluvia no es su mejor aliada. En algunas ocasiones la alpargata se hacía de esparto y generalmente iba atada al tobillo.

Mantillas y sombreros
“La cabeza y las espaldas están cubiertas con un manto negro o azul sin ningún adorno y algunas veces se dobla bajo el mentón, pero deja la cara descubierta y un pequeño sombrero de copa acabado en forma cónica, puede decirse literalmente que estaba colocado sobre el moño de la cabeza; se ponía a un lado, pero como ninguna cabeza cabía dentro de él, a menudo me sorprendí de que no se les cayera. Son sus batas de seda negra bien ajustadas y muy adornadas con abalorios del mismo color. Con este atuendo las damas van siempre a la iglesia.
“El furor del sombrerito de copa y del manto, creo que pasará pronto de moda, pues algunas de las damas, antes de salir de Bogotá, paseaban con enormes sombreros franceses adornados con muchas flores artificiales y vestidas con batas de seda de vivos colores y chales sobre sus espaldas, ante el asombro y mortificación de algunos de los sacerdotes que consideraban como pecado recitar sus oraciones con ropa tan llamativa”.

“El vestido (femenino) apropiado para pasear por la tarde es un sombrero bonito de paja con flores artificiales colocado en la misma forma que el negro, un chal de abrigo de Norwich y batas de algodón o zaraza fabricadas en Inglaterra. En sus tertulias y bailes las damas visten a la moda francesa, con mucho gusto, y van adornadas con profusión de perlas, esmeraldas y otras piedras preciosas, para cuya compra ellas hacen grandes sacrificios”.

Vestidas de seda

“Para mirar el mundo de la moda debe estar uno un poco antes de la doce en la Calle Real, situarse en el balcón opuesto a la puerta de la iglesia de Santo Domingo y tendrá una vista completa del alegre mundo que se desarrolla allí abajo, donde los jóvenes oficiales forman filas por entre las cuales se pasean las damas en sus elaborados trajes para asistir a misa. Estos vestidos son confeccionados de seda negra, con una mantilla del mismo material con la que se cubren la cabeza; llevan además, medias blancas de seda y zapatos de variados colores. En contraste, el vestido dominical de las clases bajas es bastante sencillo y no usan ni medias ni zapatos”.

Charles Stuart Cochrane, Viajes por Colombia, 1823-1824. Bogotá, Presidencia de la República, 1994, pp. 183-184.

Vestidas de seda
Las zapatillas de telas finas fueron las preferidas entre las mujeres distinguidas de América. Estas piezas continuaban las directrices de la moda europea. Los zapatos se hacían empleando la carnaza más gruesa para las suelas, mientras que el empeine se elaboraba con una porción más delgada de este mismo material, que iba formando un cono puntiagudo o ‘abarquillado’. En Europa, el estilo Imperio recobró las sandalias pompeyanas e impuso el uso de la chinela. Por su parte, en la Nueva Granada la exposición desnuda de los pies fue una expresión bastante popular que hablaba de la escasez generalizada de este tipo de prendas.

El Museo Nacional de Colombia conserva un par de zapatos que pertenecieron a María Villanova, la virreina que fue expulsada de la Nueva Granada junto a su esposo, el virrey Antonio Amar y Borbón. Estos zapatos representan la moda del antiguo régimen de influencia francesa en España, son de tacón alto y el cierre incluye detalles de tipo ornamental. Además, el Museo de la Independencia conserva una selecta colección de zapatos que corresponde al inicio del siglo XIX, en el que la zapatilla de tacón bajo o sin tacón marcaba notablemente la diferencia en las tendencias del momento.
La alpargata o alpargate fue el zapato nacional por excelencia. Su elaboración artesanal se hace a partir de una espiral de cabuya de fique que va adoptando la forma del pie. Es un calzado abierto, con una capellada de algodón que favorece la ventilación. Sin embargo, es una pieza que sólo funciona bien en climas cálidos y secos, pues la lluvia no es su mejor aliada. En algunas ocasiones la alpargata se hacía de esparto y generalmente iba atada al tobillo.

Mantillas y sombreros
“La cabeza y las espaldas están cubiertas con un manto negro o azul sin ningún adorno y algunas veces se dobla bajo el mentón, pero deja la cara descubierta y un pequeño sombrero de copa acabado en forma cónica, puede decirse literalmente que estaba colocado sobre el moño de la cabeza; se ponía a un lado, pero como ninguna cabeza cabía dentro de él, a menudo me sorprendí de que no se les cayera. Son sus batas de seda negra bien ajustadas y muy adornadas con abalorios del mismo color. Con este atuendo las damas van siempre a la iglesia.
“El furor del sombrerito de copa y del manto, creo que pasará pronto de moda, pues algunas de las damas, antes de salir de Bogotá, paseaban con enormes sombreros franceses adornados con muchas flores artificiales y vestidas con batas de seda de vivos colores y chales sobre sus espaldas, ante el asombro y mortificación de algunos de los sacerdotes que consideraban como pecado recitar sus oraciones con ropa tan llamativa”.

“El vestido (femenino) apropiado para pasear por la tarde es un sombrero bonito de paja con flores artificiales colocado en la misma forma que el negro, un chal de abrigo de Norwich y batas de algodón o zaraza fabricadas en Inglaterra. En sus tertulias y bailes las damas visten a la moda francesa, con mucho gusto, y van adornadas con profusión de perlas, esmeraldas y otras piedras preciosas, para cuya compra ellas hacen grandes sacrificios”.


Vestidas de seda
“Para mirar el mundo de la moda debe estar uno un poco antes de la doce en la Calle Real, situarse en el balcón opuesto a la puerta de la iglesia de Santo Domingo y tendrá una vista completa del alegre mundo que se desarrolla allí abajo, donde los jóvenes oficiales forman filas por entre las cuales se pasean las damas en sus elaborados trajes para asistir a misa. Estos vestidos son confeccionados de seda negra, con una mantilla del mismo material con la que se cubren la cabeza; llevan además, medias blancas de seda y zapatos de variados colores. En contraste, el vestido dominical de las clases bajas es bastante sencillo y no usan ni medias ni zapatos”.
Charles Stuart Cochrane, Viajes por Colombia, 1823-1824. Bogotá, Presidencia de la República, 1994, pp. 183-184.

 
Los accesorios en el 2010
 En la variedad de estos accesorios se advierte la interpretación que los diseñadores le dan a la moda.

Después de varias décadas, el zapato volvió a ganar protagonismo y hoy es considerado ‘el accesorio’. Tan costosos como una joya o una cartera, los zapatos están a punto de convertirse en obras de arte. Los tacones que parecen esculturas, de más de 15 centímetros de altura,requieren de un buen equilibrio. Para esta temporada vuelven los zuecos, los botines decorados con plumas y las plataformas siguen en el curubito.

En cuanto a las carteras, no hay mujer que se respete que al menos no tenga una de marca. Dejaron de ser un objeto utilitario para convertirse en uno decorativo. Los sombreros son un capricho. Como las plumas para el pavo real, así es hoy en día un sombrero, un accesorio para lucirse.

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