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Lost in Traslation (Perdidos en Bogotá) Lost in Traslation (Perdidos en Bogotá)

La periodista y crítica de moda, Catherine Villota, fue nuestra enviada especial al Bogotá Fashion Week que tuvo lugar en la última semana de octubre. Aquí sus impresiones y las colecciones más importantes de este evento.

Eran las cuatro de la tarde y en el primer piso de las salidas nacionales del Aeropuerto El Dorado había una pasarela organizada por la Secretaría de Turismo de México con la presentación de un nuevo diseñador que mostró cuatro salidas, tres masculinas y una femenina. Con estas se pretendía impactar a los visitantes del terminal que se encontraban sentados en una fila de asientos, mientras la prensa internacional invitada, el fotógrafo oficial y yo mirábamos de pie la presentación. Una hora y media después, en el puente internacional frente al establecimiento del café Juan Valdéz, unas sillas y unas catenarias enmarcaban el escenario de la siguiente presentación: LeNerd, de Felipe Santamaría y Sebastián Jaramillo, los encargados de abrir oficialmente el Bogotá Fashion Week.

Nadie en el aeropuerto sabía qué estaba pasando, muchos caminaban rápidamente a tomar sus vuelos esquivando modelos, mientras otros miraban con curiosidad y tomaban fotos, fue entonces cuando me pregunté, ¿son los transeúntes del Aeropuerto El Dorado el público para mostrar moda colombiana en formato desfile? Tomarse un lugar para crear un ‘momento guerrilla’ (como se le conoce en la moda a esas acciones que irrumpen la cotidianidad de un lugar) resulta efectivo siempre y cuando logre impactar certeramente un target, y la verdad, escuchar a las personas cargadas de maletas decir que no entendían lo que estaba pasando, o sentenciar: “¿Pero quién se pone eso?”, es alejar, cada vez más, el mundo de la moda de la gente y relegarlo a un performance sin sentido.

Ahora bien, argumentar que una chilena que estaba en el baño le dijo a uno de los organizadores que le gustaría uno de esos accesorios que vio hace unos segundos, pero que ya iba de regreso a Santiago, no es prueba para decir que se logró el objetivo. O, ¿de qué objetivo estamos hablando? Yo opté por concentrarme en las propuestas de estos jóvenes diseñadores quienes hacen un esfuerzo enorme para crear colecciones que puedan ser presentadas y reseñadas.

Felipe Santamaría, y su marca LeNerd, mostró una colección de piezas tejidas en hilos acrílicos y lurex en siluetas simples que representan la cestería popular de una plaza de mercado. Por su parte, el joyero Sebastián Jaramillo mostró sus emblemáticos collares de cristales y piezas de Lego, una propuesta irreverente y lúdica que hace homenaje a las joyas de la corona y al universo pop que las rodea. En la noche los desfiles cambiaron de locación y tuvieron lugar en unas carpas montadas junto al aeropuerto, una de ellas albergaba a los invitados y la pasarela mientras otra servía de backstage. Ahí, los diseñadores Faride Ramos, Lina Cantillo, Julia de Rodríguez, Juan Pablo Socarras, MCMA London, Isabel Henao y Hernán Zajar presentaron sus colecciones en el marco de un evento que tuvo problemas de logística y conceptualización: juntar cerveza de lujo con violines al son de un bambuco, bajo unos reflectores de luz azul, lo describe perfectamente.

Faride Ramos, con una propuesta de sastrería utilitaria para una mujer citadina y contemporánea, junto a Lina Cantillo con su afilada confección e impecable estilismo inspirado en el fantástico personaje de Tintín, lograron emocionar a los expertos en moda. La historia ancestral del diseñador Juan Pablo Socarrás en la que las artesanías se unieron a piezas sartoriales, también le robó aplausos a los asistentes y, finalmente, Isabel Henao ratificó el romanticismo y delicadeza de su identidad de marca con estampados y troqueles florales en atuendos que aludían a la tendencia 2016 de los looks pijama.

Es cierto que Bogotá necesita eventos de moda que la posicionen como la ciudad contemporánea y cosmopolita que es, que funcione en engranaje con esa vasta oferta gastronómica, hotelera, de diseño, entretenimiento y cultura, pero el Bogotá Fashion Week precisa reformularse desde su conceptualización, porque la moda colombiana ha empezado a consolidarse desde el diseño y necesita verdaderos eventos que la representen.

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