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Lupita Nyong’o, el color del sueño americano

Lupita Nyong’o, el color del sueño americano La actriz nació en México pero se crio en Kenia. En su adolescencia volvió a tierras aztecas para aprender español.

Esta actriz conquistó a Hollywood con su debut en '12 años de esclavitud'. Aún así, la actriz ganadora del Óscar asegura que todavía en Estados Unidos hay que aprender cómo ser negro.

Oprah Winfrey ha dejado saber que la sola mención de la cinta 12 años de esclavitud la pone al borde del llanto. Como “demasiado devastadora” la calificó la reina de la televisión estadounidense. Así mismo, algunos críticos han dicho que si bien es un filme brillante, no es fácil de ver. Y es apenas natural que así sea, tratándose de la historia real de Solomon Northup, un hombre negro libre, de Nueva York, violinista, casado y con hijos, que años antes de la Guerra Civil fue engañado para ser vendido como esclavo de las plantaciones de algodón en Louisiana. 

Luego de ser rescatado, en 1853, publicó su conmovedora autobiografía en la que describe con crudeza los horrores a los que eran sometidos los humanos de su color, desgarrados por perros, golpeados y apuñaleados. Pero en sus páginas advierte que los azotes más crueles que se vio obligado a presenciar “fueron los infligidos a la desventurada Patsey”, una de las figuras centrales de su relato. Northup cuenta que pese a su dolor, en los movimientos de aquella joven “había un aire de altivez que ni el trabajo, ni el cansancio, ni el castigo podían destruir”.

Para Steve McQueen, director de la versión cinematográfica, el reto consistía en encontrar una actriz capaz de transmitir desde la pantalla grande los sufrimientos de esa mujer torturada, y la elegida fue Lupita Nyong’o, una estudiante de la escuela de drama de la Universidad de Yale que apenas iba a graduarse. “Cuando la conocí supe que había encontrado a Patsey. Ella tiene cierta vulnerabilidad pero al mismo tiempo exuda una tremenda fuerza”, ha manifestado el cineasta. 

Su elección mostró ser tan acertada que la novata de Hollywood, a sus 31 años, se ha convertido en la estrella del momento. Su actuación recibió una de las nueve nominaciones a los premios Óscar con que cuenta el filme y se convirtió en la ganadora de la estatuilla. “Pero además obtuvo el galardón a la mejor actriz de reparto del Sindicato de Actores, que debe considerarse como un trofeo válido en un ciento por ciento, porque es otorgado por los propios colegas de la industria y no depende de la popularidad de una película para atraer la atención de los votantes, como es el caso de los miembros de la Academia”, comentó a FUCSIA Leila Macor, corresponsal en Los Ángeles de la AFP.

Lupita cuenta que la avalancha de afecto que ha recibido aún la tiene sorprendida y que le causa gracia que los periodistas hayan tenido que aprender a pronunciar su apellido. La misma Oprah forma parte de los cientos de personas que se le han acercado para darle un abrazo. “Estuviste increíble”, le dijo. La fotógrafa nigeriana Oroma Elewa expresó al periódico The Times que “si todo el mundo la adora es porque ella habla en un lenguaje con el que muchos pueden identificarse”. Quizá no solo se refiera a la empatía que genera su personaje sino a lo que significan los logros de una mujer negra.

Lupita con Pharrel Williams durante el show de entrega de los premios Óscar

Y es que además de los elogios a su talento dramático, Lupita está en la mira de los grandes diseñadores y de las más prestigiosas revistas de moda, pese a que, como explicó a esta publicación Elaine O’Connor, directora de la Wigs and Gowns School of Fashion, “para nadie es un secreto que la industria favorece a las mujeres blancas y delgadas”. Ha lucido su elegancia en las portadas de Dazed & Confused y Dujour, ha posado para Vogue y hasta se desató una polémica cuando se rumoró que Vanity Fair había aclarado su tono de piel en las fotos. Es la imagen de la nueva campaña de la marca Miu Miu y su estilo ha sido catalogado de “impecable” en las alfombras rojas, al punto de que con su Ralph Lauren rojo en los Golden Globes, encabezó las listas de las mejores vestidas de la gala. El toque de gracia se lo da su corte de pelo, que lleva diminuto desde los 19 años porque lo considera “liberador”.



Lupita durante la gala de los Golden Globes

En varios medios la han llamado “la nueva muñeca negra” con la intención de halagarla, y responsabilizan a sus “rasgos exóticos” de la sensación que está causando. Con sencillez ha insinuado que para ella su apariencia poco tiene de “exótica”, y no precisamente por falsa modestia, sino porque durante mucho tiempo desconoció la versión imperante del color de la belleza: “No crecí pensando que fuera negra, simplemente era una niña de clase media, de la etnia luo, bajita y oscura. Pero la palabra ‘negra’ no aparecía tan recurrentemente como aquí”, expresó la intérprete de origen keniano en una reciente entrevista. “En América, mucho más que en África, la raza determina la percepción de la gente de una manera muy profunda en una forma que uno no consideraría. Tienes que aprender a ser negra, aprender lo que viene con el color de tu piel”. La autora afroamericana Enuma Okoro escribió una columna en la que reflexiona acerca de que la joven “está brillando porque es un regalo para la vista. Es refrescante que el mundo reconozca sus atributos físicos como mujer y punto”.

Sin embargo, Lupita Nyong’o  advierte que un asunto de raza determinó desde niña su deseo de ser actriz. Cuando tenía alrededor de 9 años vio por primera vez el filme El color púrpura: “Whoopi Goldberg lucía como yo, tenía el pelo como yo, era oscura como yo. Había estado anhelando imágenes de mí misma porque crecí viendo pura televisión estadounidense. Teníamos muy poco material nacional en Kenia, debido a que había un gobierno autocrático que ahogaba nuestra expresión creativa”. 

Desde 1978 hasta 2002, su país estuvo regido por un solo mandatario, Daniel arap Moi. En los años ochenta, su papá, Peter Anyang’ Nyong’o, que ha sido un destacado profesor de ciencias políticas, ministro y senador, tuvo que abandonar Nairobi por la persecución que le implicó organizar un movimiento estudiantil en favor de la democracia. Él cuenta que tomó la decisión de exilarse cuando un hermano suyo desapareció luego de que en el ferri en el que viajaba fueron encontrados su carro y los zapatos que llevaba. Entonces escogió a México como su destino y allí nació la segunda de sus seis hijos. De ahí viene el nombre de Lupita. Dos años después, la familia regresó a África donde Peter fue detenido por algún tiempo. Y aunque se ha hablado de las torturas de la época, él afirma, a raíz de la película, que lo que le sucedió “fue como una fiesta en comparación a lo que vivieron los esclavos”.

Dorothy, la madre de Lupita, quien trabaja como directora de la Africa Cancer Foundation, asegura que fue consciente del talento de su hija desde que a los tres años representaba historias inventadas. A los 14 protagonizó en teatro la obra Romeo y Julieta, pero a pesar de su vocación prefirió realizar estudios cinematográficos en Estados Unidos, con la idea de que tendría un mejor futuro detrás de las cámaras. De regreso a su país obtuvo un trabajo como asistente de producción en el rodaje de El jardinero fiel. Ralph Fiennes, su figura central, se encargó de darle un consejo decisivo: “Solo actúa si sientes que no puedes vivir sin ello. Si hay algo más que te llame la atención, hazlo, porque este camino es muy difícil”. Ella se imaginó a los 60 años llena de arrepentimiento por no haberlo intentado.

En 2009 Lupita interpretó a una mujer de muchos romances en Shuga, una aclamada serie de televisión keniana producida por MTV, que retrataba los riesgos de una vida juvenil desenfrenada, como el sida. Finalmente estudió en Yale, donde realizó un impactante documental sobre la marginalización de la población albina de su país. En esas estaba cuando se animó a ir a la audición para 12 años de esclavitud. “Lo tomé como un ensayo, como la oportunidad de encarnar al personaje por diez minutos, porque sabía que era un proyecto demasiado grande, dirigido por Steve McQueen y producido por Brad Pitt”, admitió. Recuerda que la prueba fue escalofriante, pues la directora de casting le exigió que se arrodillara mientras le gritaba órdenes.

La actriz se preparó leyendo la biografía que inspiró la producción y así supo que el papá de Patsey era un esclavo de Guinea, que ella fue vendida a la familia Epps de niña, que inicialmente tuvo el privilegio de vivir en la casa de los amos, y fue enviada a los cultivos cuando su dueño se interesó sexualmente en ella. Además visitó a descendientes de Northup y fue a un museo temático en Baltimore donde quedó impresionada al conocer el tamaño de los sacos de 500 libras de algodón, que era lo que su personaje recogía a diario. También se conmovió al saber que existían accesorios hechos con la piel de los que morían en cautiverio. Una noche quiso ir a la cama con las prótesis de las heridas en su espalda. “Tuve que permanecer bocabajo y me di cuenta de que mi incomodidad era temporal, la de ella era permanente y lo único que deseaba era ser liberada mediante la muerte… Ni siquiera consiguió eso”.  Así, Lupita logró imprimirle un realismo extremo a la escena en la que a Patsey la azotan hasta dejarla inconsciente, solo porque quería un jabón para oler bien, de manera que verla es casi insoportable.

Lupita reconoce que nunca fue buena para la historia. “Agradezco haber sido parte de esto porque fue una manera de aprender. En el colegio me enseñaron más sobre el Holocausto que acerca de la esclavitud”. Para la comentarista mexicana Fernanda Solórzano esta temática es en parte responsable de tal éxito: “Varias veces se ha dado el caso de que la nominación a un premio es la plataforma desde la cual se da a conocer un actor. No estoy desestimando su talento, pero fue determinante que apareciera en una película como 12 años de esclavitud, destinada a llamar la atención de la crítica y la Academia por su peso social y político”. Su colega Leila Macor agrega que “las heridas no han sanado, el sentimiento de culpa permanece y premiar a una artista que proviene de Kenia y encarna la tragedia de sus antepasados parece una reparación insuficiente pero adecuada”.

La película ha probado dejar estrujados los corazones de los norteamericanos debido a que las tensiones raciales en esa sociedad parecen no haber sido resueltas aún. En ese sentido, el profesor Bryan Stevenson, fundador de la Equal Justice Initiative, ha alertado acerca de que en Estados Unidos, un afroamericano tiene más probabilidades de recibir la pena de muerte, especialmente si la víctima es blanca. También señaló a FUCSIA que los jóvenes y niños de su raza “cargan con una presunción de culpabilidad que los hace vulnerables a detenciones arbitrarias. El Departamento de Justicia reporta que se espera que uno de cada tres negros nacidos en ese país en 2001 vaya a prisión”. El experto considera hipócrita medir el avance en materia racial por la forma como son tratadas las celebridades negras y no los menos favorecidos.

Lo cierto es que Lupita Nyong’o ya tiene la suerte de su lado pues este mes estrena otra película sobre un avión amenazado en la que actúa con Liam Neeson y Julianne Moore. Pero es consciente de que su buena fortuna comenzó con una esclava a quien agradece recuperando su historia del olvido.

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