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Las pasarelas internacionales se rinden a lo diferente

Revista FUCSIA

Las pasarelas internacionales se rinden a lo diferente Foto: Facebook oficial

Andrej Pejic conquistó las pasarelas y a los diseñadores como modelo masculino andrógino. Ahora convertida en mujer, gracias a su reciente cambio de sexo, se pregunta si logrará alcanzar el mismo éxito como modelo transgénero.

Siendo hombre, Andrej Pejic se acostumbró a provocar y encantar al público con su larga melena rubia y su figura juvenil, esbelta y delicada. Los sacos le sentaban tan bien como los tacones. En su primera temporada en París desfiló las colecciones masculinas de creadores como John Galliano, Raf Simons y Jean Paul Gaultier, y enseguida este último le ofreció el privilegio de lucir en la pasarela la prenda más codiciada por cualquier maniquí femenino: el traje de novia.

Por si fuera poco, lo convirtió en imagen de una de sus campañas en la que aparecía besando a la reconocida Karolina Kurková, con lo que consiguió el impacto de la ambigüedad. Para la marca Hema modeló un brasier push-up y protagonizó una serie de editoriales incluido uno para la publicación artística Dossier Journal en el que se mostraba sin camisa, y que fue vetado por la librería Barnes & Noble por miedo a que sus clientes pensaran que se estaba exhibiendo la carátula de una mujer desnuda. El estilo andrógino no era desconocido cuando Pejic irrumpió en la escena, pero con él como uno de sus nuevos exponentes, esa fluidez entre géneros en la alta costura adquirió mayor vitalidad. Tanto es así que en 2011, al poco tiempo de haber iniciado su carrera, New York Magazine le dio en su portada el título de “El chico más lindo del mundo”.

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La socióloga Laura Zambrini, especialista en el tema, comentó a FUCSIA que si Pejic logró destacarse en un ámbito tan competitivo fue por “encarnar lo femenino y lo masculino sin dejar de transmitir belleza y armonía. Su cuerpo y su estética no son exuberantes ni grotescos, y su presencia generó polémica, no rechazo. Actualmente cada vez es más la publicidad que juega con lo no clasificable o encasillable”.

Por eso, cuando a sus 23 años anunció que se había sometido a una operación de cambio de sexo, y que le agregaría una “a” a su nombre para convertirse definitivamente en Andreja, algunos agentes le anticiparon “que lo perdería todo”, refiriéndose a la versatilidad que lo había hecho codiciado. “No fue una decisión estética, era una necesidad, un deseo de sentirme completa… Desde mis primeros años mi mayor sueño era ser una niña”. Aunque aclara que se identifica principalmente como mujer, está orgullosa de ser trans.



Otras modelos transgénero, como la brasileña Lea T, consentida de Givenchy, ya habían conocido el éxito, pero lo cierto es que Pejic es la primera en transformarse públicamente luego de haber conquistado la fama. “Mi primer gran reto consistió en lograr que la androginia fuera viable comercialmente, porque cuando empecé se decía: ‘Esta es solo una tendencia pasajera’. No fue así, y creo que se debió a que esta representa a una porción de la sociedad que no se conforma con las formas tradicionales de género porque las considera anacrónicas. Esa misma base ha alimentado la exploración en la moda”, explicó a la revista Style.


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Ahora, después de haber disfrutado de esa etapa, siente que es el momento de “ser chic”. Su agencia actual Society Managment solo representa mujeres y de su mano, Pejic quiere recibir el guiño de firmas prestigiosas como Donna Karan, Chanel, Céline y Prada. De esa manera dejará atrás la sombra de una infancia tormentosa en los campos de refugiados de Serbia, durante la guerra en Bosnia, cuando tuvo que suprimir su naturaleza para encajar entre los demás niños. En la adolescencia descubrió que médicamente tenía opciones y empezó a tomar hormonas. Y pese a que a los 17 años descubrieron sus atributos mientras trabajaba en un McDonald’s en Australia, donde se había radicado, admite que al inicio fue frustrante que la rechazaran en los castings masculinos “porque no pertenecía ahí”, y cuando iba a los femeninos, la enviaban de vuelta por ser varón. Entonces encontró su gran oportunidad en lo andrógino: “Una manera de expresar mi identidad sin tener que rendir cuentas”.

Pejic ha estado trabajando en un documental que relate su historia, con el objetivo de darle un rostro humano a una batalla que se libra en estos días: “Vivimos en un mundo que no respeta a las personas trans”. Espera además responder a un gran interrogante: ¿Cómo reaccionará el establecimiento de la moda a su transición? Si lo que la hizo especial fue ese carácter unisex, ¿habrá perdido el encanto que disparó su carrera? ¿Tendrá que empezar de nuevo? “Creo que la industria la aceptará más fácil como modelo transgénero que como cualquier otro tipo de belleza; de hecho ya estaba labrando su camino para llegar a ese punto por lo que sus más recientes apariciones fueron en su mayoría vestido de mujer que con un estilo andrógino”, opina Mauricio Sabogal, director creativo de La Agencia, Model Management.

“Hay que destacar que el transgenerismo nada tiene que ver con la androginia como la mostrada por Twiggy, Karen Elson, Agyness Deyn, o hasta la misma Cindy Crawford que en sus inicios fue rechazada por ciertos rasgos masculinos. En últimas Andreja es ahora lo que deseaba ser y le exigía su trabajo: una mujer hermosa”. Ella misma le comentó al diario The New York Times por qué, pese a su “liberación”, está cediendo de alguna manera al estereotipo femenino: “Quiero ir tras algo más clásico, mostrarle al mundo que puedo ser accesible, y que no se piense en mí como un extraterrestre. A lo largo de mi carrera he sido cotizada, me han adorado, pero siempre fui una criatura extraña. Voy a mostrar que como trans tengo la habilidad de cualquier otra modelo mujer, en lugar de ser considerada un bicho”.




La socióloga Zambrini cree que la moda es un gran espacio para analizar las cuestiones de identidad, en tanto expresa y promueve el ambiente social y logra influir en las conciencias: “Muchos diseñadores están visibilizando esta crisis del esquema binario. El nuevo milenio ha traído otras maneras de entender las corporalidades y esto obviamente también revoluciona la industria. La vestimenta como tal imprime significados culturales sobre el cuerpo que hacen referencia no solo a lo estético, sino también al orden de los géneros. Entonces es un área interesante para pensar cómo la mirada de la sociedad va cambiando en relación a qué entendemos por femenino y masculino, que no son categorías naturales sino que son construidas socialmente y por lo tanto se van transformando a lo largo del tiempo”.

Para la experta, la proliferación en la escena mediática de comunidades que manifiestan otras concepciones, como la trasgenérica, es prueba de la artificialidad del “paradigma heteronormativo”. Agrega que antes del siglo XIX la manera de vestir de varones y mujeres no era tan diferente: “El adorno y el ornamento no eran exclusividad de ellas. Sin embargo, después de la Revolución francesa, con la consolidación de la modernidad industrial, este patrón comenzó a modificarse y el traje burgués (saco, corbata y pantalón) surgió en ese contexto. Pero las nuevas generaciones entienden la sexualidad de una manera menos rígida. El foco para entender la identidad ya no está en la biología. Hay tanta diversidad que la moda no puede tomar una postura conservadora, por el contrario tiene que acompañar el cambio”.

Aun así, hay quienes apuestan a que todo lo relacionado con la neutralidad de género no pasará de ser una estética marginal, que no alcanzará del todo la sostenibilidad económica. Después de todo dudan de que las grandes compañías estén dispuestas a invertir en una figura trans para que sea la imagen de sus prestigiosas marcas, y que esta pueda inspirar a sus consumidoras. Mauricio Sabogal no apoya esta teoría: “Pejic es una belleza de nuestros tiempos. Las empresas no pueden darse el lujo de perder el gran mercado emergente del grupo LGTBI”. La modelo reconoce que el sector cosmético y de perfumes es el que ofrece mayores retos, por ser menos lanzado: “Debes probar que le gustas a la gente y que tienes la capacidad de vender un producto. Esto es casi como lo que ocurría con las modelos afroamericanas en los noventa a las que les decían ‘pueden estar en las pasarelas pero no en los impresos’. Necesitamos que ya no sea así”. Está convencida además, de que el ámbito norteamericano es “menos progresista” que el europeo, pues allí, siendo solo Andrej por lo general figuraba únicamente en el portafolio masculino de las agencias.

La antropóloga Itana Lalovic tampoco cree que las transformaciones sean tan automáticas, a pesar del “lobby gay en la moda” y de las presiones que han ejercido los diseñadores. “La industria está influenciada por la cultura, la política, y la sociedad occidental todavía no reconoce el transgenerismo en las administraciones, en la vida cotidiana. En India, en cambio, sí hablan del tercer género”. Lo que no se discute es que los movimientos de equidad de los años sesenta, la estética de David Bowie, la cinta Annie Hall, que presentaba una protagonista de estilo varonil, empezaron a pavimentar la ruta para que en la moda se eliminaran las barreras del cuerpo generizado.

El año pasado la marca JW Anderson envió a las pasarelas a hombres con tops y tacones, y Hood By Air demostró con sus colecciones de streetwear que no siempre hay ropa para un género determinado sino para el público en general, porque es lo cool. Lalovic llama la atención sobre el mensaje detrás del desfile de Pejic, vestido de novia por Gaultier: “Fue la anulación de los atributos femeninos del cuerpo”. Y como el mismo diseñador expresó sobre su modelo: “Es el chico/chica de hoy… y es el futuro”.

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